LA SUBTERRÁNEA: AUNQUE EL RÍO SE VISTA DE CALLE, RÍO SE QUEDA
Cuenta una leyenda urbana que el muralista Diego Rivera declaró que no regresaría a su natal ciudad de Guanajuato porque “huele a caño”, supuestamente por los olores emanados por el río que la cruza. No hay documento que lo certifique, pero la frase es parte del imaginario capitalino.
Jorge Ibargüengoitia, otro guanajuatense que también fue alejado en su niñez de la ciudad, en su novela Estas ruinas que ves describe en su trasunto literario de “Cuévano” al “canal de la Hedionda” y al “río de la Marranilla”; se presume que este último es la referencia al río Guanajuato.
Ahora el río está convertido en una afamada Calle Subterránea, pero mantiene parte de los malos olores que históricamente le han caracterizado. En el fondo, debajo de su adoquín, está el lecho sobre el que siguen pasando los desechos orgánicos de una ciudad que no por culta, universitaria y turística, deja de producirlos.

El río
A la luz de los descubrimientos y explotación de las primeras vetas mineras, lo que hoy es Guanajuato se comenzó a poblar en 1541 a los lados de un río que llevaría el nombre del asentamiento que atravesaba. Esta tierra fue fundada legalmente como pueblo en 1570 con el nombre de Santa Fe de Guanajuato. Alcanzó el rango de Villa en 1679 y fue nombrada ciudad en 1741.
Fue en el siglo XVIII cuando el cauce del río en sus tiempos de crecientes afectaron un terreno ya convertido en deslumbrante urbe virreinal minera. A lo largo de la etapa virreinal se fueron construyendo puentes en diferentes cruces.
El 5 de julio de 1760 se registró la más desastrosa inundación hasta ese momento. Hubo otras en 1772 y 1778. Como medida precautoria, se delimitó el cauce del río con muros de calicanto y se le otorgó una anchura de 12 varas (10.05 metros) y con los años se construyeron sobre ambas paredes bóvedas y paredes. Este proceso continuó en el siglo XIX.
En su cauce urbano, el río baja desde la Presa de la Olla y a finales de ese siglo se le entubó hasta el Jardín de Las Embajadoras. En 1883 comenzó a construirse el Túnel del Cuajín, que desviaría las aguas del río Guanajuato de Embajadoras hacia la zona de Pozuelos. La obra estaba en proceso cuando la ciudad vivió nuevamente una tragedia ocasionada por las lluvias: el 1 de julio de 1905 se registró otra gran y desastrosa inundación.
El Cuajín fue inaugurado en 1908 en una ciudad que se reconstruía, pero el río Guanajuato en su paso por el centro de la ciudad seguía funcionando como drenaje. Sobre él fueron construyendo volados de las casas que lo circundaban; en otros casos extendieron bóvedas y sobre ellas construyeron más casas. El río se cubrió parcialmente, pero la mayor parte de él estaba al aire libre y su mal olor era parte ya del paisaje urbano.

La revolución mexicana hizo que la minería dejara de producir y la ciudad entró en crisis: se despobló y sus casas y calles quedaron en el descuido. La imagen de ruinas que le definía comenzó a ser superada durante en el gobierno de Lázaro Cárdenas con la creación de la cooperativa minera.
La ciudad comenzó a mejorar y a mostrar un nuevo esplendor. En la década de 1940 comenzó a repoblarse y a superar los 20 mil habitantes que había tenido en su esplendor en 1910. El municipio tenía unos 45 mil pobladores, de acuerdo con el censo oficial.
En 1945 El Colegio del Estado se Convirtió en Universidad de Guanajuato y la cantidad de autos y personas, así como la modernización urbana tenían un punto crítico: la insalubridad del río. Urgía hacer algo con él y comenzaron con su entubamiento parcial:
El 16 de septiembre de 1951, el presidente Miguel Alemán Valdés y el gobernador del estado, José Aguilar y Maya, inauguraron la Calle Padre Belaunzarán, construida sobre el antiguo cauce del Río Guanajuato, al que entubaron. Esto ayudó a evitar inundaciones y disminuyó malos olores en la ciudad. También ayudó a mejorar el tráfico de coches y personas. La nueva flamante calle, flanqueada por muros de piedra, se convirtió en atractivo turístico e ideal para que en ella rodaran varias películas.
Rumbo a ser calle
En 1959 fue inaugurada la primera parte de la Carretera Panorámica, pero la función de esa vialidad era esencialmente de mirador para la ciudad, no para atacar el problema de la movilidad: la circulación matutina de vehículos iba del Mercado Hidalgo hacia Embajadoras y por la tarde era de regreso. La solución estaba en entubar la parte del río que cruzaba el centro de la ciudad. Paseo de la Presa y Belaunzarán mostraban que era posible y útil.
En 1960, el gobierno municipal se apoyó en la Universidad de Guanajuato para desazolvar el río. La obra fue dirigida por Tiburcio Álvarez. Como el cauce original está varios metros abajo, los ingenieros guanajuatenses vieron la gran oportunidad: entubar el río y aprovechar su bóveda para que se convirtiera en vialidad.

En 1961 se realizó el anteproyecto y el entubamiento del río Guanajuato comenzó el 9 de septiembre de 1963. La obra conmocionó a los pobladores de la ciudad, pues competía con otra que también era emblemática en la ciudad: la construcción del Eje Avenida en la vecina León, lo que luego sería el boulevard Adolfo López Mateos.
Periódicos como el semanario Estado de Guanajuato y Guanajuato. Diario del Bajío y El Sol de Guanajuato publicaban los avances de la obra y lo presumían como futuro “viaducto” que permitiría una mejor vialidad. Las obras de entubamiento y pavimentación para convertir el río en calle.
Los trabajos duraron un año. La nueva flamante calle construida sobre el entubado río fue inaugurada oficialmente el 28 de septiembre de 1964. La inversión fue de 11 millones de pesos de ese tiempo y fue inaugurada por el entonces presidente de México, Adolfo López Mateos, y el gobernador, Juan José Torres Landa.
Los accesos de la Subterránea hacia el exterior se construyeron en el siguiente orden: primero, el ubicado frente a la Plaza Allende; el segundo, junto a lo que fue el Bar El Incendio; tercero, el que está junto al Templo de San Diego; continuó el que está abajo de la Plazuela de Los Ángeles; luego, enseguida el ubicado sobre Avenida Juárez y Jardín Reforma; el sexto fue la rampa que baja a un costado del Mercado Hidalgo; el séptimo, el del puente abajo de la Cruz Roja y al mover al sur la Central de Autobuses e instalarse la Comercial Mexicana, se construyó el otro acceso, con sus dos sentidos de circulación.

El río siendo río
Pese a la magna obra de urbanización del río Guanajuato, por diversas razones cuando hay lluvias abundantes muestra su espíritu de origen y se inunda. Un año de especial abundancia de lluvias en el estado fue el de 1973. Irapuato fue la ciudad más afectada y el meteoro alcanzó a la capital. En el mes de septiembre su Calle Subterránea fue rebasada por el flujo de agua y la ciudad vivió otra inundación.
Desde entonces, sea porque llueve demasiado, sea porque las coladeras están tapadas con basura o por ambas cosas, la Calle Subterránea presenta inundaciones continuas. El 1 de septiembre de 2024 arrastró varios coches y más recientemente, el pasado 5 de julio, las aguas arrastraron mercancías y mobiliario de comerciantes que participaban en un “fan fest” con motivo del partido de fútbol entre la selección mexicana y la de Inglaterra.
Si ya saben cómo es cuando llueve, ¿para qué se meten a la Calle Subterránea que es, en realidad, un río?

