Mientras algunas personas ignoran sus talentos y pasan la vida ajenos a ellos, otras, como la maestra Graciela Margarita Zúñiga Sánchez, han hecho de su don un camino de vida. Originaria de Cuautla, Morelos, nació con tres pasiones inquebrantables: la danza, la enseñanza y la escritura, a las que, lejos de darles la espalda, ha abrazado como parte esencial de su ser.
“Considero que mi pasión por la danza ha sido desde toda mi vida. Mi mamá me comparte que, desde antes de caminar, siempre que escuchaba música me ponía a bailar. Cuando tenía 7 años me inscribieron en el Instituto Regional de Bellas Artes de Cuautla, en ese momento me sentí la niña más feliz del mundo. Sin embargo, hubo un periodo en que mis padres me mandaban al catecismo en lugar de mis clases de danza, pero mi pasión por ella era tan grande que, en lugar de ir a las clases de catecismo, me iba a escondidas a las clases de danza. Ahí aprendí el ballet clásico, danza y bailes de nuestro país. Ya no platico lo que pasó cuando me descubrieron.”
Aunque se graduó como licenciada en Administración en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, su tenacidad la llevó a convertirse en bailarina profesional del Ballet Concierto de México y del prestigioso Ballet Folclórico de Amalia Hernández. “Mi experiencia en las grandes compañías fue un desafío significativo, una vivencia extraordinaria, un logro invaluable y profundamente enriquecedor. También me brindó una gran satisfacción, aunque el camino no fue sencillo. Ingresar a estas compañías requiere cumplir con requisitos estrictos: habilidades excepcionales, disciplina, constancia, fortaleza física y mental, y, sobre todo, una pasión inquebrantable por el arte de la danza”.

Y sucedió que, mientras sus pies recorrían escenarios, su corazón encontró otro rumbo: la docencia. “Como bailarina profesional de ballet clásico, desarrollé disciplina, técnica y una profunda conexión con la expresión artística. Posteriormente, cuando incursioné en el folclor mexicano, encontré en sus danzas y bailes una manera vibrante de transmitir identidad y tradición. Con el tiempo, apareció el deseo de compartir mis conocimientos y experiencias, el cual se cumplió cuando me invitaron a participar como docente, primero en la danza y, más adelante, en mi otra profesión como licenciada en Administración de Empresas. Ambas experiencias me permitieron formar y guiar a nuevas generaciones, combinando la pasión por el arte con la enseñanza y el desarrollo profesional”.
A lo largo de más de tres décadas ha formado generaciones de estudiantes en la Escuela Femenina de Montefalco y el CBTis 76 de Cuautla, Morelos. “Creo que mi camino hacia la docencia fue una evolución natural de mi formación y experiencia. Trabajar con jóvenes ha sido desafiante, pero muy enriquecedor a la vez. Me han agradado varios aspectos de ellos como su creatividad, energía, entrega, disposición, su alegría, sus cuestionamientos y su capacidad de asombro. Me ha gustado mucho poder guiarlos, ayudarlos en su aprendizaje y su crecimiento. Es muy gratificante ver su evolución no solo como estudiantes, sino también ver su crecimiento como personas. Me motiva su entusiasmo, su manera de ver el mundo y la oportunidad de ayudarlos a desarrollar su potencial y creer en sí mismos”.
Un concurso de danza la llevó a investigar sobre la leyenda de “El Reto del Tepozteco”, y así descubrió su tercer don: la escritura. “Para preparar esta danza realicé una investigación sobre una leyenda del pueblo de Tepoztlán, Morelos, que se conoce como El Reto del Tepozteco, que se representa cada año. La leyenda se basa en una bonita e interesante historia de la época prehispánica que relata el origen del pueblo de Tepoztlán. Me atrajo la idea de dejar un legado más allá de los escenarios. Así que no pasó mucho tiempo en que el anhelo de escribir un libro se convirtiera en una realidad.”
Durante la pandemia, aprovechó el tiempo para desarrollar su obra. “Cuando obtuve mucha información, me enfrenté a mi primer obstáculo, ya que me costó mucho trabajo y tiempo decidirme en la selección de los temas que incluiría en el libro. Otro obstáculo fue el hecho de no tener experiencia en la escritura de un libro, sobre todo al principio, pues pensaba que no podría lograrlo, así que tuve que concentrarme, calmarme y realizar investigaciones de la secuencia de su elaboración. Quiero resaltar que me ayudaron mucho las motivaciones y porras de familiares y amigos”.
“El siguiente tropiezo fue la duda acerca de si el libro sería aceptado y tendría el impacto deseado por el tema abordado. Sin embargo, cada desafío me impulsó a salir adelante y cuidar el proceso que se requiere para escribir un libro. Estoy consciente de que la evolución y la difusión del libro han sido un gran reto”.
Con esa voluntad de acero que la ha ayudado a lo largo de su vida, el libro finalmente nació, y con él, la escritora Graciela Zúñiga, que de la mano del Teponaztli camina llevando el ritmo del mundo, como él le enseñó.
“Escribir un libro sobre un tema de nuestros antepasados, especialmente de mi región, ha sido un viaje que me ha transformado a nivel personal y como profesional, ya que me ha permitido profundizar en la riqueza cultural de nuestras raíces, tenemos como ejemplo los mitos, relatos, pero también la cosmovisión y la gran sabiduría de nuestros antepasados. Cada investigación, cada palabra, los retos, los vestigios existentes, nos llevan a reflexionar y a aprender a ver la historia no sólo como datos, sino como una fuente viva de inspiración y aprendizajes, que despierten la curiosidad, emoción, admiración, respeto y orgullo por nuestros antepasados. Que sea un medio para difundir nuestra riqueza cultural.”
El ritmo de la historia es un relato que además de mostrarnos en su esencia más pura el alma de los seres humanos que eran aquellos primeros mexicanos, es también lo que yo llamo “un laboratorio de milagros” porque línea a línea el lector descubre el asombro de cada palabra aprendida, apropiada y surgida para nombrarlo todo, en náhuatl, lo que realza la belleza del texto.
El libro ha sido presentado en diversos foros, el último de ellos, la Casa Museo Gene Byron, aquí, en Guanajuato, y ha generado un impacto positivo. “Durante mi primera presentación, en Cuautla, tuvimos una asistencia de 120 personas, convivimos en un ambiente muy fraternal. Al día siguiente me hicieron llamadas telefónicas para felicitarme, pues habían leído el libro y les gustó mucho. A los dos días se presentaron tres jovencitas y un joven en mi casa para comentarme que la realización del libro fue una gran idea, un tema muy interesante. Me conmovieron al destacar la inclusión en la obra de nuestro hermoso idioma náhuatl, y que están dispuestos a aprenderlo y a investigar más sobre nuestros ancestros. Estas palabras me hicieron sentir que todo el esfuerzo había valido la pena, pues confirmé que el libro no sólo cuenta una historia, sino que también inspira a otras personas a reconectarse con su identidad y su cultura.”

Motivada por el impacto de su obra, Graciela ya contempla escribir un nuevo libro, con el firme propósito de seguir difundiendo la riqueza cultural de México. Así, su historia es el testimonio de una vida guiada por la pasión, la disciplina y el deseo inquebrantable de compartir con el mundo el arte, la enseñanza y el legado de nuestros ancestros.
Su historia es un recordatorio de que la pasión y la determinación pueden transformar vidas. Desde la danza hasta la docencia y la escritura, Graciela Margarita Zúñiga Sánchez nos muestra que el arte no sólo embellece el mundo, sino que también lo une, lo educa y lo inspira. Su compromiso con la cultura y la historia de México nos invita a reconocer y valorar nuestras raíces, a mantener vivo el legado de nuestros antepasados y a seguir danzando al ritmo de la historia.
Si deseas comunicarte con ella para adquirir su libro, puedes escribirle al correo: [email protected] o acudir a la tienda de la Casa Museo Gene Byron en donde hay ejemplares disponibles a la venta.