JOSEFA ORTIZ DE DOMÍNGUEZ EN SU SILLA

Doña Josefa Ortiz de Domínguez, ampliamente conocida “La Corregidora” gracias a los libros de texto gratuitos, permanece sentadita, desde 1890, en el centro de la Plaza de Santo Domingo en la Ciudad de México. Desde esa época porfiriana mantiene su chal, su chongo y un importante documento de la Independencia de México en la mano derecha.

Es una obra del escultor italiano Enrique Alciati que honra la imagen de esa ilustre dama por lo que, consecuentemente, a ese espacio se le impuso oficialmente el título de “Jardín de la Corregidora”. Sin embargo, la voz popular hizo caso omiso de esa disposición y se sigue refiriendo a él como Plaza de Santo Domingo, o simplemente, Santo Domingo.

Historiadores, investigadores, académicos, profesores, y estudiantes han dado por llamar a esa escultura “hermana gemela” de la Victoria Alada (“Ángel”) colocada en lo alto de la Columna de la Independencia, sobre el Paseo de la Reforma en la capital del país, porque Alciati, también la diseñó como parte del conjunto escultórico de ese simbólico poste.

Rodeada de edificios cargados de historia, arte y tradición, “La Corregidora”, ha permanecido allí más de un siglo. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

Llama la atención de los turistas nacionales y extranjeros que visitan y recorren la plaza para conocer los inmuebles que la custodian, como el Portal de Evangelistas, el Templo de Santo Domingo, el Palacio del Antiguo Tribunal de la Santa Inquisición, el Edificio de la Antigua Aduana, y las casonas de Diego Pedraza, y Juan Jaramillo… y las palomas.

Esas pequeñas aves llegan en las primeras horas del día hasta la cabeza de Doña Josefa, y en conjunto aterrizan en ella. Desde allí observan en su derredor porque saben que nunca falta quien les ofrezca algo de comer. Entonces, en picada, descienden, comen y se regresan a la testa de la heroína nacional. Consecuencia lógica, defecan sobre la señora.

Aunque las autoridades realizan con frecuencia limpieza del entorno y de la misma efigie, las palomas tienen una especial predilección por recrear diariamente su rutina. Eso se debe principalmente a la nobleza de las personas que acuden con pequeñas cantidades de pan o alimento especial para esas aves. Verlas comer granjea paz y tranquilidad infinita.

El pedestal sobre el que descansa la escultura está en el centro de una fuente que cuando está encendida ofrece un espectáculo alegre, chorros de agua saltarines contentan el paso de los transeúntes y no faltan niño, y ocasionalmente adultos, que se meten para aliviar el calor o por mera diversión. Cuando está apagada, los niños juegan horas dentro de ella.

Tanto la Plaza de Santo Domingo como los edificios que la rodean, y la inmensa fuente de forma circular donde reposa La Corregidora, se localizan a escasos cien metros del Zócalo, en el Centro Histórico, dentro del perímetro de la Alcaldía Cuauhtémoc. Se trata de uno de los espacios públicos más antiguos, depositario de historias, leyendas y mitos.

Para no restar importancia y protagonismo a María Josefa Crescencia Ortiz Téllez-Girón de Domínguez, nombre completo de Josefa Ortiz de Domínguez, conviene advertir que las fuentes históricas difieren al citar su lugar de nacimiento. Unas señalan a la ciudad de Valladolid (hoy Morelia) y otras a la capital del país, ambas el 8 de septiembre de 1768.

Coinciden en su lugar y fecha de fallecimiento: Ciudad de México, 2 de marzo de 1829. Lo cierto es que ella fue pieza clave durante la planeación de la Independencia de México. A ella se le considera pionera de la conspiración de Querétaro y elemento fundamental para el inicio de la lucha que comenzó el cura Miguel Hidalgo y Costilla en Dolores, Guanajuato.

De acuerdo con la línea de tiempo, el 24 de enero de 1791 se casó con Miguel Domínguez, quien fue nombrado Corregidor de Querétaro en 1802, de ahí que se le conozca como “La Corregidora”. El 13 de septiembre de 1810 advirtió a los rebeldes sobre una traición, por eso se adelantó el inicio de la sublevación que culminó con la Independencia de México.

Al ser criolla, ella parecía sufrir en carne propia los abusos, vejaciones y humillaciones que sufrían los de su casta por parte de los “gachupines”, como llamaban a los españoles nacidos en España. Para las autoridades coloniales, lo mismo que para los españoles que llegaron a este país, los criollos eran considerados peor que ciudadanos de segunda.

De acuerdo con los planes originales, los rebeldes se levantarían en armas el 1 de octubre de 1810, pero al ser descubiertos el 13 de septiembre debido a un espía, se precipitaron los acontecimientos insurgentes. El corregidor Miguel Domínguez fue obligado a hacer un cateo en cada casa de la ciudad, con el objetivo de detener a los principales cabecillas.

La escultura es obra del escultor italiano Enrique Alciati y desde 1890 permanece en el centro de la Plaza de Santo Domingo en la CdMx. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

Aunque su esposo la encerró bajo llave para protegerla, Josefa Ortiz de Domínguez pudo avisar a Hidalgo, cura de Dolores, que habían sido descubiertos. Así, el cura convocó al pueblo a levantarse en armas durante la misa patronal del pueblo, en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, con lo que dio inicio la guerra por la Independencia de México.

Aunque al principio Josefa fue apresada, fue puesta en libertad y siguió mandando dinero e información a los insurgentes, y convenciendo a otros para unirse al movimiento. Murió por pleuresía, el 2 de marzo de 1829 en la Ciudad de México. Sus restos mortales están en el Panteón de los Queretanos Ilustres, en la ciudad de Querétaro, junto con su esposo.

Es, con toda justicia, Benemérita de la Patria, Fundadora de México y Heroína Nacional Mexicana. Su nombre está escrito con letras de oro en el Monumento a la Independencia y en el Muro de Honor del Palacio Legislativo de San Lázaro. Su imagen ha estado en billetes y monedas, y numerosas calles, escuelas y mercados se llaman “Corregidora Josefa Ortiz de Domínguez”.