Inicio Gente al paso DENECK INZUNZA: PERIODISMO TRASCENDENTE QUE SE FUE ENTRE SOLEDADES

DENECK INZUNZA: PERIODISMO TRASCENDENTE QUE SE FUE ENTRE SOLEDADES

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Deneck Inzunza vivía en un cuarto de una casa de la Calle Tepetapa. El dueño de la finca, donde el reportero rentaba una habitación, fue a darle de comer a los perros y percibió un olor casi insoportable. Cuando entraron al cuarto, encontraron sobre la cama a quien fuera uno de los periodistas más cultos y combativos de la ciudad. Aquel hombre delgado y de lentes, avejentado por las vicisitudes de la vida terminó así, como lo diría José Alfredo: alejado del bullicio y de la falsa sociedad.

“Crecí en el barrio de San Luisito, en Guanajuato, donde la orfebrería imperaba además de los trancazos viniendo de Sancho’s Discoteque”, decía al autobiografiarse. Remataba: “Ahí conocí a muchos combatientes”, en referencia al “Escuadrón de la muerte”, sus amigos de aventuras etílicas.

Se definía como antipoeta y narrador desde su trinchera del Movimiento Escombrista, un espacio de creatividad sin concesiones. Platicar con él, dicen los que fueron sus interlocutores, “era enriquecedor, aunque era complicado seguir el hilo a su atribulada e hiperactiva mente”. Otro de ellos publicó: “su manera de hablar tan pomposa y su fascinación por lo que no se podía explicar, un cigarro en mano, a andadas últimamente con un bastón”.

“Siempre en los mejores argüende”, como solía decir, Deneck Inzunza cumplía con su deber a pesar de los riesgos.

Deneck Inzunza, indefinible. Se fue a los 52 años recién cumplidos. Estudió en la Universidad de la Salle y en la de Guanajuato. Era un personaje distinguido en el gremio: tenía una amplia formación académica, capaz de abordar con conocimiento y datos o temas de toda índole, conocedor de la cultura y la contracultura, gran narrador cuando de “nota de color” se trataba. 

Se distinguía por su combatividad ante el poder y era un deleite ver sus reportajes de tipo histórico y cultural: voz firme y modulada, investigación pertinente y un amplio bagaje cultural. Emitía juicios y argumentos de manera contundente, usaba los términos que debía utilizar, sin concesiones, pero con sustento.

Trabajó prensa y radio y su último paso laboral fue un canal local de cable. Una situación política-económica, cambió las circunstancias: el medio perdió su frecuencia por cable. El proyecto cambió a plataforma digital. El hecho repercutió en la vida de Deneck, hubo recorte de personal. Él fue de los que quedó fuera.

Ya como comunicador independiente, hizo de su programa “Generemos conversaciones” un espacio digital, transmitido por teléfono celular a su página de Facebook desde cualquier café o rincón donde pudiera tener acceso al wi fi, o desde su habitación, con temáticas de cultura e historia y la esperanza de convertirse en tendencia digital, algo que —de ser posible— lleva tiempo, por lo que su manera de sobrevivir fue con la venta de dulces y de ropa usada.

La última transmisión de “Generemos conversaciones” fue el 7 de enero de 2025 y su último video compartido fue el 24 de febrero. A finales de ese mes fue su cumpleaños y durante algunos días le mandaron felicitaciones. Ya no respondió a ellas.

Deneck Inzunza creció en el Barrio de San Luisito; su humor en ocasiones llegaba hasta lo macabro.

En edad plenamente productiva, el que fuera docente desde secundaria hasta universidad (lo fue en la UNIVA), sobrevivía de esa manera, enfermo y solo. Su existencia terrena terminó en esos días de marzo de 2025. Su cuarto estaba en desorden, sólo con su celular y sus medicamentos, incompletos e insuficientes.

Deneck dejó una gran herencia de periodismo y cátedra y pasa a la historia como uno de esos personajes intelectuales fueron mal valorados en vida. 

Es el destino de algunos trabajadores del periodismo o la comunicación, como el caso de Enrique Sosa, quien fuera camarógrafo del canal oficial del gobierno del estado y ante una pensión insuficiente, laboraba como cuidador y cobrador en el estacionamiento de un restaurante de la ciudad de León, donde el 19 de julio de 2022 murió después de ser atropellado tras una confrontación con un empresario. El agresor huyó del país.

A pesar de que se trató de un atropellamiento intencional, la fuerza económica del agresor se impuso: el abogado de los hijos del empresario negoció directamente con la Fiscalía por el regreso de esa persona al país, en agosto o septiembre de 2023, para llegar a un acuerdo con la familia y otorgar una compensación económica por reparación del daño y pagar un homicidio doloso con prisión domiciliaria.

Deneck era un personaje distinguido en el gremio: su amplia formación académica le permitía abordar con conocimiento y datos temas de toda índole.

Destinos como el de Enrique Raynaldo García Martínez, “El Canti”, periodista decano de la Cuna de la Independencia Nacional, quien dejó de existir el 11 de septiembre de 2014 en la ciudad de Guanajuato, después de varios días de estar internado en la clínica del IMSS. 

Tenía 71 años de edad. La diabetes lo había dejado ciego y reporteaba con un chico que le servía de lazarillo para ir a la cobertura de información. Fue una escena conmovedora de ejemplo de trabajo y vocación. Trabajó hasta que su enfermedad, sumada al cáncer, se lo impidieron. 

Son tres casos de hombres de comunicación a los que el destino no les hizo la justicia, y a quienes les deben hacer al menos el recuerdo y la admiración.

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