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UN TEMPLO SOBRE LÁGRIMAS

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El Templo de San Hipólito, que luce fastuoso donde se unen el Paseo de la Reforma y la Avenida Hidalgo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, se levantó justo en el punto donde los españoles fueron derrotados por los mexicas en una sangrienta batalla el 1 de julio de 1520, penoso fracaso de los colonialistas conocido como “La Noche Triste”.

Consagrado a San Hipólito y San Casiano, el templo fue mandado construir por Hernán Cortés tras la toma de Tenochtitlán el 13 de agosto de 1521, día de San Hipólito. Se edificó donde anteriormente estaba la ermita que el mismo Cortés había mandado a hacer como homenaje a los españoles caídos durante “La Noche Triste”. Y ahí sigue en pie.

Porque luego de la conquista de Tenochtitlán, Cortés ordenó construir una capilla, conocida como la “Ermita de los Mártires”, sobre la calzada por donde huyeron los españoles tras su anterior derrota, con el fin de depositar los restos de los españoles caídos. Hasta terminar el siglo XVI el templo fue evocación de los “Justos caídos”.

Con sus dos enormes torres, el templo es referente para laicos y religiosos. (Fotografías, Graciela Nájera Sánchez)

La construcción del templo que hoy vemos comenzó en 1590 y finalizó en 1740. Durante el Virreinato de la Nueva España y hasta la consumación de la Independencia, ese templo comenzó a ser famoso, visitado y muy reconocido por las grandes fiestas anuales que se hacían en conmemoración a la toma de México, conocido como el “Paseo del Pendón”.

Cabe recordar que El Paseo del Pendón era una especie de desfile de lealtad a la corona española, que a la vez conmemoraba la caída de Tenochtitlan cada 13 de agosto. El paseo se celebró con mucha gente durante la mayor parte del periodo colonial. Comenzaba en el actual Palacio Nacional y terminaba en el Templo de San Hipólito, con música y comida.

De acuerdo con los más reputados historiadores cuyo tema de estudio es la Conquista, el templo se erige en el inicio de la antigua Calzada México-Tacuba, que conducía de Tenochtitlan a la ciudad vecina de Tacuba, entonces llamada Tlacopan. Tacuba fue llamada por mucho tiempo “Puente de Alvarado”. La historia y la leyenda señalan así:

A través de esa vía, los españoles que corrían a pie y a caballo huyendo de los valerosos pobladores de Tenochtitlan escaparon el 30 de junio de 1520. El ambicioso Capitán Pedro de Alvarado y Contreras había quedado a cargo de la ciudad mientras Cortés convencía a un grupo de españoles enviados a arrestarlo para que se unieran a él en el “gran saqueo”.

En ese punto los ingeniosos nativos habían construido un foso defensivo, donde los españoles cargados de oro sufrieron grandes pérdidas al hundirse debido al peso de lo robado, de los caballos, de sus armas y armaduras, y el propio peso de sus cuerpos. Más adelante, en Popotla, Hernán Cortés se detuvo en un árbol ahuehuete y lloró sus pérdidas.

Los motivos para sorprenderse están en cada espacio del centenario templo. (Fotografías, Graciela Nájera Sánchez)

Un año llevó a los españoles reorganizarse y regresar para vencer a Tenochtitlán, el 13 de agosto de 1521, y entonces Cortés ordenó construir un templo para los muchos caídos. Hipólito fue un mártir del siglo III, y Casiano un maestro torturado hasta la muerte por negarse a adorar ídolos romanos. Por eso se dedicó a ellos el templo, además de ese, su día.

Los cimientos de la ermita datan de 1528, y toda la estructura está construida con roca volcánica de tezontle, piedra de cantera y mortero de cal. La iglesia, que es muy grande, por cierto, tiene una sola nave en forma de cruz latina y el suelo es de mosaico. Las dos torres, por su giro de 45 grados respecto a la fachada, son casi únicas en toda la ciudad.

De fachada de estilo clasicista, el templo se compone de tres cuerpos. El primero es el acceso principal, con un arco de medio punto con frondas resaltadas, un par de nichos y columnas toscanas. En el segundo, san Hipólito, en el centro, labrado en cantería y a su lado las imágenes de bulto, de San Antonio Abad y San Antonio de Padua. En el tercero se localiza la Virgen María en un vitral elaborado en el siglo pasado.

San Hipólito tuvo un hospital que en 1843 Antonio López de Santa Anna destinó a cuartel militar… y vendió los espacios de la planta baja. La Escuela de Medicina lo utilizó como sede de 1850 a 1853 y, tras las Leyes de Reforma (1857), cerró hasta 1893. Durante la Decena Trágica (1913) la iglesia sufrió graves daños y pudo abrir hasta 1919.

En 1931 fue declarada Monumento Nacional y en 1950 se dedicó una capilla a San Judas Tadeo. En 1974 se trasladaron a las bóvedas de la iglesia unos restos que se creía eran de algunos conquistadores caídos. En el atrio se halla un monumento, obra del arquitecto José Damián Ortiz de Castro: un águila levantando a un indio entre sus garras y debajo una inscripción que dice:

“Tal fue la mortandad que en este lugar hicieron los aztecas a los españoles la noche del día 1 de julio de 1520 llamado por esto noche triste que después de haber entrado triunfantes a esta ciudad los conquistadores al año siguiente resolvieron edificar aquí una ermita que llamaron de los mártires y la dedicaron a san Hipólito por haber ocurrido la toma de la ciudad el día 13 de agosto en que se celebra este santo. Aquella capilla quedó a cargo del ayuntamiento de México quien acordó hacer en lugar de ella una iglesia mejor, que la que hoy existe y fue comenzada en 1599”.

Los detalles de sus interiores conservan aires de antaño a la vez que permanecen activos en el servicio a los fieles. (Fotografías, Graciela Nájera Sánchez)

Ese monumento evoca la “Leyenda del labrador” que relata la historia de un campesino que es hecho presa de un águila y llevado a una cueva oscura, donde le fue ordenado quemarle el muslo al emperador Moctezuma para demostrarle cómo su soberbia le había quitado toda sensibilidad. Asimismo, después de haber regresado al labrador a su milpa, le comandó que regresara a la cueva al día siguiente y le comentara a Moctezuma lo que había hecho y, como prueba, le dijera que viera la quemadura en su muslo. El labrador debía de advertirle al emperador que el Dios de lo creado estaba molesto por su soberbia y señalarle que él, Moctezuma, se había buscado el mal porvenir que le esperaba, haciendo referencia a la conquista”. Se trata de un cuento escrito por un español.

Actualmente, el Templo de San Hipólito y San Casiano encierra numerosas historias en sus torres gemelas y el complejo religioso que lo rodea. Hoy también es el principal punto de reunión de los seguidores de San Judas Tadeo. En 1982 se colocó una imagen de él en el altar principal, por eso se conoce popularmente como “Templo de San Juditas”.

El 28 de octubre, día de San Judas Tadeo, los alrededores del templo son cerrados al paso de vehículos debido a los miles de fieles que asisten a venerar al Santo Apóstol. Es tal su popularidad, que cada día 28, durante todo el año, se celebran misas a las 5:00, 6:00, 7:00, 8:00, 9:00, 10:00, 11:00, 12:00, 13:00, 14:00, 15:00, 16:00, 17:00, 18:00, 19:00 y 20:00 hrs.

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