Juan Baeza López es profesor de primaria de la escuela “Chupitantehua”, nombrada en honor del majorrú (maxorhú) que signó en 1552 un acuerdo con los españoles para que los pueblos chichimecas vivieran en paz y se asentaran en la zona de San Luis de la Paz. Así surgió la Misión de Chichimecas. Su labor no es sólo la enseñanza general: proporciona educación en español y úzá (también llamado lengua chichimeco-jonaz) a niños y niñas de la comunidad.
Los más rebeldes, huachichules y huamares, se mantuvieron en lucha hasta 1592. Sólo los acuerdos promovidos por misioneros pudieron llevarlos a la calma y en ese proceso mantuvieron espíritu y cultura, pero casi perdieron un elemento de fortaleza e identidad: su lengua.
Es la enseñanza del úzá lo que les ha reforzado ese orgullo y sentido de pertenencia. Juan es parte de ese reto y ha llevado su voz y su lengua a la Cámara de Diputados federal.
Su labor es parte del Programa de Lengua y Cultura Indígena, promovido por la Secretaría de Educación de Guanajuato (SEG). Es un esfuerzo para garantizar una educación intercultural y bilingüe, fortaleciendo la identidad de las niñas y niños indígenas del estado.

El programa atiende a 8,300 estudiantes en 53 escuelas de ocho municipios: Acámbaro, Comonfort, Dolores Hidalgo Cuna de la Independencia Nacional (C.I.N.), León, San Luis de la Paz, San Miguel de Allende, Tierra Blanca y Victoria. Se desarrolla en 4 preescolares, 47 primarias y 2 telesecundarias, con la participación de 48 docentes indígenas y 12 promotores especializados en las lenguas hñöhñö, úzá, mixteco y purépecha.
Si bien en las comunidades de los pueblos originarios, la mayoría de las niñas y los niños tienen el español como primera lengua, la enseñanza de la lengua indígena se imparte como segunda lengua. Para ello disponen de docentes especializados que implementan estrategias didácticas innovadoras en aulas convencionales. Juan es uno de ellos.
Una labor similar es realizada por Alejandro García López, de la escuela Dr. Alfonso Caso, ambas de la localidad de Misión de Chichimecas, San Luis de la Paz. Ambos destacan por el impulso y la preservación de la lengua úzá, desde 1997.
Juan señala que es fundamental mantener la diversidad cultural y lingüística del mundo, pues las lenguas son portadoras de la identidad, historia y conocimientos ancestrales de los pueblos.
Docentes como Leticia Pérez García y Gerardo Ignacio Ramírez Salinas también contribuyen a este proceso. Hacen traducciones del español a úzá y viceversa, organizan rituales chichimecas entre estudiantes, tienen grupos de danzas tradicionales y hacen representaciones que fortalecen su identidad mediante recreaciones de combate Úzá y juegos tradicionales de pelota encendida.
En febrero de 2024, se presentó la Norma de escritura de la lengua úzá (Chichimeco Jonaz) en Misión de Chichimecas. El documento fue elaborado con la participación de docentes de educación bilingüe de la comunidad y hablantes de la lengua úzá, que pertenece a la familia lingüística oto-mangue.
Los centros escolares de educación básica donde se imparte educación indígena en San Luis de la Paz son: “Majurrú” (término que identifica al líder de la nación chichimeca), “Juague Nande” (Laguna Grande, como originalmente se llamó en lengua ancestral la zona de San Luis de la Paz), “Dr. Alfonso Caso”, Chupitantegua (el majorrú que acordó la paz con los españoles), “Valentín Gómez Farías” y “Nación Chichimeca”.
En tribuna
El 17 de marzo de 2022, Juan Baeza López subió a la tribuna de la Cámara de Diputados federal, en la ciudad de México, para manifestar un mensaje, hablado en lengua úzá, en defensa de su identidad. El texto se llamó “Mi comunidad y sus problemas”. Esto dijo:
“Hace más de 468 años, los chichimecas andaban de un lugar a otro, eran nómadas, comían carne cruda de los animales salvajes, así como plantas silvestres, hasta que un día los chichimecas se asentaron en ciertos lugares, como en los municipios Xichú, Atarjea y Victoria, entre otros que están en nuestro estado, Guanajuato, así como en Misión de Palmas [San Miguel Palmas], en el estado de Querétaro.
Al civilizarse la comunidad indígena Misión de Chichimecas, Guanajuato, no tuvieron agua potable, más que un ojo de agua del que extraían el líquido para tomar, lavar y bañarse; en ocasiones, también obtenían agua de los ríos, charco y arroyos.
Hace años no había trabajo en la comunidad, las personas sólo se dedicaban a la agricultura, ganadería y a la siembra de maíz, frijol, calabaza y habas. Otros recolectaban frutos silvestres, como tunas, borrachitas, chilitos, nopalitos; sus bebidas eran aguamiel, atole de aguamiel, atole de mezquite; hacían agua fresca de borrachitas, de pirul, de mezquite; toman y siguen tomando colonche y pulque.
Desde que se fundó la comunidad, sigue careciendo de ciertos servicios básicos por su expansión habitacional de las personas que siguen construyendo sus casas. Aún la mayoría de las calles son terracerías, es decir, continúan de tierra. Las casas eran hechas de palma, maguey, piedra, adobe; ahora, algunas casas son de ladrillo, tabique o block. En algunas calles hace falta alumbrado público, red de drenaje, red de agua potable, ampliación de luz eléctrica. Año con año, las personas construyen sus casas donde día a día se extiende y se amplían más las familias.
Otras de las cosas: anteriormente no había trabajo, las personas sólo se dedicaban al comercio de los frutos silvestres que recolectaban en los cerros; no había proyectos dentro de nuestra comunidad hace más de 100 años, sólo se dedicaban en la agricultura y a la ganadería; no tenían empleo, mucho menos un trabajo fijo.
Aunado a esta situación, ahora muchos jóvenes se están yendo a trabajar a las fábricas y se está perdiendo nuestra cultura de los eza’r, donde tenemos los usos y costumbres, las tradiciones. Somos ricos de nuestra cultura; en este caso, tenemos la lengua uza’, que es la que nos identifica ser los eza’r. Tenemos danzas, rituales, fiestas, entre otras.
Hoy en día, muchos niños y jóvenes no conocen los nombres de las cosas en lengua, mucho menos los lugares importantes que hay en la comunidad. Hace falta construir un centro histórico, una biblioteca comunitaria, un centro comunitario, centros en los que pudiera enseñarse la cultura eza’r. Si no se hace, esto se puede perder y estamos catalogados como peligro de extinción; por eso es necesario contar con este tipo de espacios, para rescatar la cultura de los chichimecas”.
Es una voz con el reclamo para los éza’r (plural de úzá). Es la voz de los pueblos originarios que aceptaron la paz a cambio de respeto y poco les han cumplido.”
Video: Juan Baeza López en la Cámara de Diputados:
Video: Entrevista (subirlo por favor)