SANTA INÉS Y SANTO DOMINGO SAVIO; CASTIDAD, PUREZA, VIRTUD Y FE

Justo frente a la cara norte del Palacio Nacional, y a media calle de la Academia de San Carlos, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, se localiza el Templo de Santa Inés, del que queda la antigua iglesia del Convento dedicado a esa santa nacida en Roma.

Desde el 8 de julio de 1992 el convento es ocupado por el Museo José Luis Cuevas. Se localiza inmediatamente al norte de la iglesia, sobre la calle de la Academia. Las dos puertas de la iglesia indican que formaba parte de un gran convento sólo para mujeres.

Fundado en 1600, el convento sufrió una serie de tragedias, inundaciones e incendios a lo largo del siglo XVII. El conjunto tenía una capilla pequeña, que poco a poco, y según el dinero alcanzaba, se construyó por etapas a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII.

Santo Domingo Savio, también conocido como el Estudiante Santo. (Fotografías, Graciela Nájera Sánchez)

La iglesia es importante porque marca la transición entre el antiguo estilo barroco y el neocolonial, que dominaría la mayor parte de la arquitectura religiosa durante más de 100 años, como la Academia de Arte de San Carlos, que da nombre a la calle, abierta en 1781.

El principal motivo de su apertura fue imponer el estilo neoclásico en el Imperio español. La Academia presionó a los constructores de esa iglesia para que cumpliera sus nuevas normas. El famoso arquitecto Francisco Guerrero y Torres fue contratado para esa tarea.

La iglesia sigue dedicada a Santa Inés de Roma. Su gran papel como una de las primeras mártires cristianas casi no se recuerda, y es probable que esté oscurecido por las leyendas de la Iglesia primitiva. Nació en la nobleza romana en 291 d.C. y fue martirizada 12 o 13 años después, durante el reinado de Diocleciano.

Ella es la patrona de la castidad y la pureza, y se conmemora su vida el 21 de enero. La iglesia destaca por los relieves originales tallados en madera en las puertas exteriores, que representan a Santa Inés y a Santiago Matamoros, es decir, a Santiago “El Matamoros”.

También hay representaciones de Diego Caballero e Inés de Velasco, quienes habían sido patronos del primer convento. Uno de los pintores más destacados de la Colonia, Miguel Cabrera, fue enterrado allí en el año 1768, mucho antes de que se terminara el templo.

El Templo de Santa Inés fue reedificado en 1790, y fue parte del convento hasta 1861, cuando la propiedad fue nacionalizada. Algunos años fue almacén de forrajes, y luego se convirtió en iglesia parroquial. Hoy es parte del turismo religioso del Centro Histórico.

En la misma iglesia habita Santo Domingo Savio, un personaje muy peculiar dentro del universo católico, porque en un mundo donde la juventud a menudo se asocia con la rebeldía y la búsqueda de la independencia, él es un ejemplo de virtud y de fe inmutable.

Domingo Savio, un joven italiano del siglo XIX, es un ejemplo inspirador de cómo la fe y la virtud pueden transformar la vida de una persona. A pesar de su corta vida, Savio dejó un legado duradero que ha inspirado a generaciones de jóvenes y adultos por igual.

Santa Inés es venerada especialmente por las mujeres embarazadas, especialmente por aquellas que se encuentran en una situación delicada. (Fotografías, Graciela Nájera Sánchez)

Nacido en 1842 en Riva di Chieri, Italia, creció en una familia devota y fue educado por San Juan Bosco, sacerdote dedicado a la educación y la formación de jóvenes. Bajo la guía de Bosco, Savio fue ejemplo de piedad, amor a la oración y ayuda a todos los demás.

A pesar de su juventud, la madurez y sabiduría de Savio sorprendieron a quienes lo conocieron. Su fe era profunda y auténtica, y se reflejaba en su amor a la Eucaristía y su devoción a la Virgen María. Murió en 1857, a los 14 años, debido a una enfermedad pulmonar.

En 1954, fue canonizado por la Iglesia Católica, convirtiéndose en el santo más joven en ser glorificado en la historia de la Iglesia. Su fiesta se celebra el 6 de mayo, y su ejemplo sigue siendo un modelo para jóvenes y adultos que buscan vivir una vida de fe y virtud.

Nació el 2 de abril de 1842 en un pueblo agrícola, cerca de Turín, Italia, pero cuando cumplió dos años su familia se mudó a la Castelnuovo de Asti, que hoy se conoce como Castelnuovo Don Bosco, misma región de la península Itálica en el Viejo Continente.

Se encontró con Don Bosco en Murialdo el 2 de octubre de 1854. Después de charlar con el pequeño, quien mostró sus aspiraciones al sacerdocio, si tuviera oportunidades de estudiar, Don Bosco decidió llevarlo rápidamente a su oratorio de Valdocco, en Turín.

Allí, el joven se distinguió por el respeto que tenía hacia los sacramentos de la penitencia y la Eucaristía, y por su devoción a la Inmaculada Concepción. En el verano de 1856 estalló una epidemia de cólera, y San Juan Bosco reunió 44 jóvenes para cuidar enfermos.

Por desgracia, en febrero de 1857 tuvo fortísimos accesos de tos que le obligaron a estar en cama durante semanas. El domingo 1 de marzo fue enviado de vuelta a la casa de sus padres, en Mondonio, donde le diagnosticaron una severa inflamación en los pulmones.

Siguió empeorando, y los primeros días de marzo recibió los últimos sacramentos. Al anochecer del lunes 9 de marzo rogó a su padre que dijera las oraciones por los agonizantes. A las 10 de la noche trató de incorporarse y murmuró: “Adiós, papá”. Su rostro tuvo una sonrisa de gozo, y exclamó: “¡Estoy viendo cosas maravillosas!”.

Esas fueron sus últimas palabras, y fue sepultado el miércoles 11 de marzo de 1857. Sus restos permanecieron en la capilla del cementerio de Mondonio y, hasta la fecha, en aquel país es querido por la gente, aunque en México, al igual que Santa Inés, no es tan popular.

La enorme iglesia conserva sus puertas originales con relieves en madera que representan a Santa Inés y a Santiago Matamoros. (Fotografías, Graciela Nájera Sánchez)

Entre otras acciones, se recuerdan sus propósitos de vida que escribió para su Primera Comunión, a los siete años: “Me confesaré muy a menudo y haré la comunión todas las veces que el confesor me lo permita, además, quiero santificar todos los días festivos”.

Fue proclamado beato el 5 de marzo de 1950 por el papa Pio XII, quien lo canonizó el 12 de junio de 1954. Santo Domingo Savio es el protector de las embarazadas, y en especial es invocado por aquellas mujeres que están en situación de grave riesgo en ese proceso.

Tanto Santa Inés como Santo Domingo Savio están en la mencionada iglesia, uno de los puntos de referencia para quienes, con ánimo religioso, experimentan el deseo de hallar consuelo o el simple afán de aprender sobre el tema. Ambos santos bien valen una visita a su casa.