UNA VERDE ISLA DE QUIETUD
Junto a la calle más transitada, el Jardín Reforma es antítesis del frenesí urbano
La entrada principal está enmarcada por un arco del triunfo, flanqueado por columnas, estructuras todas hechas con cantera tan blanca que luce como mármol cuando es iluminada, durante la noche, por las farolas que alumbran el entorno. También es un marco ideal para la foto: cientos de visitantes posan, cada semana, en la escalera de acceso, a fin de contar con un recuerdo de su visita a Guanajuato.
Sin embargo, no hay sólo un camino para ingresar al Jardín Reforma (también llamado por su nombre anterior: Jardín Morelos), ya que al mismo puede accederse por al menos cinco rutas diferentes: el ya mencionado arco, los dos extremos a ambos lados del frente, por el Callejón de Cañitos o bien por la amplia rampa que desciende de la Plazuela de San Roque.

Tampoco es un jardín enorme: puede fácilmente abarcarse con la vista de un extremo a otro y recorrerse en unos cuantos pasos. No obstante, es un sitio atrayente, que invita al solaz, a la calma, a hacer una pausa en el frenético andar a través de la ciudad. Y además es lugar de encuentro amistoso o amoroso, patio de juegos infantiles, hogar de decenas de palomas y sala de lectura al aire libre.
Originalmente, ese espacio arbolado fue parte del antiguo Hospital de Belén; al parecer, allí se ubicaban las huertas y corrales del convento. El espacio fue dotado de su actual arco de medio punto, las columnas y una pérgola de madera entre 1861 y 1875, cuando el arquitecto José Noriega —primer proyectista del Teatro Juárez— fue encargado de su remodelación. Entonces, se instaló allí uno de los tianguis de la ciudad, hasta que, en 1910, una vez edificado el Mercado Hidalgo, los comerciantes se mudaron a la flamante estructura de hierro, a solo unos metros de distancia.

En 1923, fue convertido en parque público. Llamado en principio Jardín Morelos, cambió de nombre a mediados del siglo pasado por el de Reforma. Curiosamente, entre los habitantes se han mantenido ambas denominaciones, por lo que es común que se le designe, indistintamente, de una u otra forma. Por la misma época, se levantó en su centro, sobre un alto pedestal, un monumento al minero, estatua que en los años 70 fue retirada y trasladada primero a la sede sindical del gremio, posteriormente al Mineral de El Cubo y luego a la salida a Dolores Hidalgo, donde se encuentra actualmente.
En el sitio donde estuvo la escultura del esforzado minero, se colocó la fuente actual, que ahora sirve no solo de bebedero para las colúmbidas, sino como atracción para la chiquillada que, cada día, sobre todo durante el ciclo escolar, escapa de la vigilancia de las madres o abuelas para corretear alrededor o divertirse con el chorro del agua que arroja el vertedero.

Grandes árboles proporcionan sombra al sitio, así que las bancas distribuidas en los andadores son sumamente “peleadas” por los visitantes, especialmente en los calurosos días del estío. Cuando todas están ocupadas, bardas y escalones se convierten en asientos alternativos para el descanso, el vistazo al celular o la plática. Un enorme laurel de la India domina un gran sector del jardín, el cual también cuenta con eucaliptos, fresnos y matorrales.
En un rincón, un hermoso frontispicio de cantera rosa señala el acceso a la Biblioteca Armando Olivares Carrillo, importante reservorio bibliográfico perteneciente a la Universidad de Guanajuato (UG). Tristemente, el pasillo que recorre ese muro ha sido utilizado como urinario público durante mucho tiempo, pese a los esfuerzos por mantenerlo aseado, aunque igualmente ese mismo corredor se utiliza como mural de expresión romántica y/o política de estudiantes o caminantes.

Hacia el otro lado, una serie de comercios bordean el paso principal, de intenso tránsito peatonal. Tiendas de regalos, artículos de piel, restaurantes, tres librerías y una cafetería ofrecen sus productos a los transeúntes. Por si fuera poco, cada año el área recupera su antigua función mercantil en distintas ocasiones, al ser instalados allí puestos provisionales para varias celebraciones: Semana Santa, Día de las Madres, Día de Muertos. Además, cada cierto tiempo, se transforma en feria del libro.
Asimismo, el jardín luce monumentos dedicados uno a José Martí, poeta y héroe de la independencia cubana, y otro a Mahatma Gandhi, artífice de la independencia de la India, representantes de la búsqueda de la libertad y la justicia, cuya acción y frases célebres mueven a la reflexión en el parque, donde no es raro encontrar personas enfrascadas en la lectura de algún libro, ensimismadas en un mundo aparte y olvidado del fluir citadino.

Por las noches, la soledad sienta sus reales. Si de día el jardín es apreciado por su umbroso entorno, de noche la luz de los faroles apenas rescata de la oscuridad ciertos detalles, pero el mismo contraste permite realzar la singular belleza de los algunos rincones, la fuente, los senderos. La temperatura baja y el ritmo vital también. Muy tarde, escasamente circulan peatones, aunque a solo unos metros de distancia impere el bullicio nocturno de la ciudad que poco duerme.
A esas horas, por fin, el jardín reposa y aguarda el nuevo día. Al amanecer, resurge la vitalidad, las plantas muestran gemas de rocío, las aves anuncian su presencia y, otra vez, el Jardín Morelos-Reforma se convierte en el paraje predilecto de miles de peatones y en sitio de obligada visita para muchos foráneos, en un ir y venir constante y esencial para la vida guanajuatense.


