ESTABLECIMIENTOS CENTENARIOS DE LA CDMX
Un ramillete de establecimientos mercantiles asentados en el Centro Histórico de la Ciudad de México son testigos mudos, más no por ello menos fieles, del devenir social, político, cultural y económico. Son siete, al menos, con más de un siglo de actividades ofreciendo sus productos y servicios a sus clientelas. Por ellas han desfilado personajes célebres.
Cuenta la historia que personajes famosos como Venustiano Carranza, Pancho Villa y Francisco I. Madero alegraron su paladar en la “Dulcería de Celaya” que hoy tiene 178 años de servicio en su local original. La familia Guízar la abrió, en 1874, en lo que es hoy la calle Madero, antes Plateros, para vender dulces finos provenientes de todo el país.
“Sombrerería Tardan” (178 años de antigüedad) es una empresa mexicana de fabricación y venta de sombreros fundada en 1847. Su sede central está en la Plaza de la Constitución en la Ciudad de México, en el mismo local desde su fundación. Su actual propietario es Luc Tardan, sobrino nieto de su fundador, Carlos Tardan, un elegante caballero.

“El Borceguí” (160 de labor ininterrumpida), abrió sus puertas en 1865 con el slogan: “Para una gran ciudad una gran zapatería”. A la fecha con sucursales en diversos puntos de la capital, su primer local, en Bolívar 25 y 27, sigue ofreciendo zapatos para damas, caballeros, niños, y para personas diabéticas, así como accesorios, nuevas colecciones y ofertas.
“El Gallo de Oro” (151 años con sus ventanales que dan la bienvenida) abrió sus puertas en 1874. Es una de las cantinas más antiguas de la capital. “Goyo” Cárdenas, Justo Sierra, Mariano Azuela y otros personajes famosos, están en la lista de clientes del lugar, ubicado en la confluencia de Venustiano Carranza y Bolívar, en el Centro Histórico.
“Café la Blanca” (110 años sirviendo café lechero), ha sido un referente de la cocina mexicana e internacional en el corazón de la Ciudad de México. Con fecha de apertura en 1915, ese comedor ha atendido a varias generaciones de familias, amigos y visitantes que buscan una experiencia culinaria auténtica y acogedora. Está en 5 de Mayo 40, Centro Histórico.
“Casa Cuesta” (102 años de labor) fue fundada por Antonio Cuesta Guerrero en la avenida 5 de mayo 29, entre Motolinía y Bolívar, Centro Histórico, en 1923, para ofrecer la mayor variedad de telas para caballero en la República Mexicana. Aún ofrece un extenso surtido de casimires y popelinas importadas, además de las mejores telas nacionales.
La lista de empresas centenarias ha sufrido una baja. En diciembre de 2024, tras 124 años de servicio, “Casa Boker” abandonó su edificio para atender pedidos sólo en línea. La historia de la familia Boker inicia en 1614, cuando en Remscheid, Alemania inició la fabricación de herramientas elaboradas con martillos de forja y máquinas para afilar los productos.
Primero, las ventas se realizaban en Europa Central, luego en Europa Oriental y posteriormente en todo el continente. Con el invento de las máquinas de vapor, la producción se incrementó, por lo que hubo que ampliar los horizontes de ventas. En 1862 el joven Roberto Boker estableció su negocio en Nueva York y luego en Toronto.

Ofrecía los productos manufacturados por su familia y los de otros fabricantes de Remscheid y de las ciudades vecinas de Solngen y Wuppertal; ambas poblaciones renombradas mundialmente por su calidad en herramientas y cuchillería respectivamente. Llegó a Nueva York precisamente cuando estalló la Guerra Civil Norteamericana.
Al término de esa guerra, Roberto Boker tuvo que cerrar su negocio, dejó Nueva York para viajar a México. La idea era perseguir y ampliar los negocios que su padre había iniciado; México estaba bajo el mando del emperador austriaco Maximiliano. Así el 1 de noviembre de 1865 abrió una modesta tienda llamada “Roberto Boker & Cía”.
Traía consigo, de Estados Unidos la máquina de coser “Singer”, desconocida aquí hasta aquel momento, con la que tuvo éxito desde el primer día. Poco después ya ofrecía al público herramientas producidas por las empresas de la familia en Alemania. Posteriormente creció el negocio ofreciendo de mayoreo en poblaciones vecinas de la Ciudad de México.
El 3 de julio de 1900, el presidente de la república, Porfirio Díaz inauguró el flamante, lujoso y hermoso edificio de la Casa Boker en el Centro Histórico de la capital mexicana, un inmueble de gran belleza y complejidad arquitectónica concebido por los arquitectos Theodore de Lemos y Auguste Cordes, de Nueva York, y el ingeniero Gonzalo Garita, de México.
Desde entonces, está en pie en el predio que por años ocupó el Hotel de la Gran Sociedad, en donde fue asesinado Don Juan de Dios Canedo el 29 de marzo de 1850, de acuerdo con el Catálogo de la Inspección General de Monumentos Artísticos e Históricos de la Ciudad de México. Así lo deja ver una placa alusiva colocada en una de sus paredes.
Se levantó en la esquina de la calle del Coliseo Viejo (hoy 16 de septiembre) y calle del Espíritu Santo (hoy Isabel la Católica). La fachada está hecha con cantera mexicana, tipo Chiluca de Real del Monte, labrada y tallada en la obra. Hay una cornisa intermedia que claramente separa la planta baja del edificio de la porción superior.

Algunos elementos decorativos que sobresalen en la fachada son las rosetas de mármol rosa, cerca de la esquina alta; los vestigios de dos placas posiblemente de bronce, junto a la entrada principal, mismas que desaparecieron durante la Revolución Mexicana, y los marcos de las dos puertas laterales, que son de cantera bellamente decoradas con dos figuras de águilas.
Una de ellas es la del Escudo Nacional Mexicano de aquella época, y la otra la del Escudo Alemán, también de aquella época. Sobre la entrada Sur del vestíbulo dice “Edificio Boker”. Sobre la entrada Oriente dice “Antigua casa de Roberto Boker y Cía”. El elevador de carga es una pieza bellísima: está decorada con láminas y piezas de fundición de cobre.
Los sanitarios para “Señoritas” y “Señores” son los originales y aún se conservan sus muebles sólidos y de gran calidad. Incluso, hay bebederos y secadores de mano de aquellos años. El edificio ocupa 2 mil 215 metros cuadrados y tiene una altura de 13.42 metros. Se terminó la obra el 30 de junio de 1900. El edificio lleva 125 años sin presentar goteras.

