LA ORQUESTA QUE GUANAJUATO PERDIÓ Y QUE GANÓ QUERÉTARO
Hubo un tiempo en que el estado de Guanajuato tenía dos orquestas: la Sinfónica, de su universidad, y la Filarmónica del Bajío. La segunda perdió apoyo oficial y se fue a Querétaro, en donde celebra sus 34 años de estancia y se ha consolidado como una de las más reconocidas del país.
Este 10 de abril se cumplen 34 años de que la Orquesta Filarmónica del Bajío (OFB) se alejó de su estado de origen y se fue a uno vecino, para terminar por convertirse en Orquesta Filarmónica del Estado de Querétaro (OFEQ) y consolidó a la vecina entidad en su desarrollo cultural.
El origen
La Orquesta Filarmónica del Bajío (OFB) inició sus actividades el 21 de agosto de 1986 en el Teatro Juárez, de la ciudad de Guanajuato, donde tuvo su sede formal. La Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG), fundada en 1952, ofrecía sus conciertos en el Teatro Principal, propiedad de la casa de estudios.
Era parte del programa federal “Nuevas Orquestas”, impulsado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) y fue financiada por los estados de Guanajuato, Aguascalientes y Querétaro, aunque su sede principal estaba en este último y tenía el apoyo pleno del entonces gobernador Rafael Corrales Ayala, hombre culto y amante de las artes.

La OFB comenzó bajo la dirección de Sergio Cárdenas y la entidad vivía una intensa actividad orquestal, con conciertos constantes en su capital. La OSUG pudo entonces ampliar su actividad y presentarse con mayor frecuencia en otros municipios.
Fue una informal competencia de orquestas, con integrantes que iban de una a otra y que iniciaban una enriquecedora confrontación musical.
Bajo la dirección de Cárdenas, la OFB se caracterizó por una fuerte programación que incluía estrenos y resaltaba la música contemporánea, en contraste con la OSUG que tenía un repertorio clásico y tradicional.
Su carácter regional le daba presencia en los estados co-financiadores, pero la aportación principal provenía de arcas guanajuatenses.
El cambio
En 1991, el estado vivió una crisis política: las elecciones de ese año marcaron como ganador de la contiende electoral a Ramón Aguirre Velázquez, pero su competidor Vicente Fox reclamó fraude electoral. La decisión del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari fue ordenar que Aguirre no se presentara a tomar protesta como gobernador y en su lugar el Congreso local designó a Carlos Medina Plasencia, que era presidente municipal de León, como interino.
El tema político tuvo repercusiones en la OFB: hubo diferencias entre el mandatario y el director de la orquesta. Ya para 1992 había distancia: el nuevo gobierno estatal tenía una política de considerar que no debían existir subsidios y que la actividad artística oficial no debía costarle al Estado. El presupuesto guanajuatense para la orquesta disminuyó notablemente.
En 1992, la OFB amplió su cobertura y se convirtió en Orquesta Filarmónica del Bajío-Querétaro. Esto consolidó la ruptura con el gobierno guanajuatense ―que canceló asignación de recursos públicos― y el de su estado vecino decidió asumir el financiamiento completo. La OFB se convirtió en Orquesta Filarmónica de Querétaro.
El periodista Carlos Ximénez explicó que el gobierno queretano, encabezado por Enrique Burgos García, asumió el compromiso y que contó con el respaldo de la sociedad local, de otras orquestas como la Sinfónica Nacional, la del Estado de México, la de Jalisco y el Instituto Nacional de Bellas Artes, que prestaron instrumentos, atriles y partituras “para que el empeño no fuese estropeado por un proceso lento que lo pudiera hacer incierto”.
La OFEQ contó con un respaldo absoluto de medios de comunicación locales, nacionales e internacionales, resaltó Ximénez, quien escribió:
“El Viernes de Pasión ―10 de abril de 1992― el Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez se colmó y vistió de gala para escuchar a la Filarmónica que hizo su debut con dos obras emblemáticas: Redes, de Silvestre Revueltas, y la Sinfonía Coral No. 9 de Ludwig V. Beethoven, con los Coros de la Escuela Nacional de Música de la UNAM y el Coro Convivium Musicum, así como la participación de Celia Gómez, soprano; Adriana Díaz de León, mezosoprano; Flavio Becerra, tenor, y Genero Sulvarán, barítono”. Añadió:
“El recinto estuvo repleto; afuera del auditorio, reseñaron las crónicas entonces, cerca de 500 personas de todos los estratos sociales, aguardaron ante las puertas con la esperanza de poder entrar, colmando luego, con solemne silencio, pasillos y otros espacios disponibles”.
La reseña del destacado periodista cultural ―uno de los más reconocidos en su ámbito en el país y cuyo nombre lleva la sala de prensa del Festival Internacional Cervantino― describe:
Sergio Cárdenas, director general de la Orquesta dio la bienvenida a los más de 60 miembros de la institución ante quienes reseñó: “Aquí se han escrito páginas trascendentes en la historia de la cultura, del humanismo, del avance social, no solo local, sino nacional; esperamos confiadamente que con su esfuerzo, su voluntad y su generosidad, aporten su trabajo y su arte para que fomenten escuela de la mejor música”.
Una semana después, Antonio Alcaraz escribiría: que en Querétaro: “este Viernes Santo con pífanos y atabales, con arpas y salterios se ha alabado al Señor, en cánticos impregnados de devoción que glorifican al Creador en La Pasión según San Juan, cuyo viacrucis escribe, canta y entona el Evangelio de Juan Sebastián Bach”.
En los programas iniciales se tocaron las nueve sinfonías de Beethoven y su concierto para piano No. 5, entreverando a autores como Britten, Bach, Tchaikovsky, con audiencias que superaban los mil por concierto.
El 25 de mayo de 1992 quedó conformado formalmente el Patronato de apoyo a la orquesta, presidido por Luis Rubio Chávez, entre cuyos miembros se encontraban Antonio Loyola Vera, Armando Birlain Shafler, José Luis Robles, Alfonso Rodríguez, Federico Ruiz Rubio, Rolando García, Jaime Robledo, Alejandro Esquivel, Esteban Paulín, Alfonso Ballesteros ―entonces presidente municipal―, Eduardo Loarca, Aurelio y Luis Olvera; y Heriberto González.
Orgullo queretano
A lo largo de su historia, la OFEQ ha contado con figuras en la dirección artística:
Jesús Medina tomó la batuta en 1997.
José Guadalupe Flores Almaraz dirigió la orquesta durante casi dos décadas, desde finales de los 90 hasta 2016. Su liderazgo fue clave para consolidar la calidad artística y educativa de la agrupación.
En años más recientes, la orquesta fue dirigida por Ludwig Carrasco, Jesús Almanza y, actualmente, por Mark Kadin, quien ha renovado el repertorio con propuestas frescas, sin perder de vista el legado clásico.
Desde 2007, el Teatro Metropolitano de Querétaro se ha convertido en la sede oficial de la orquesta. Un espacio que, además de su magnífica acústica, ha sido testigo de conciertos memorables, estrenos, homenajes y programas educativos

Ese mismo año, la orquesta participó en la ceremonia de la Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura (UNESCO), en la que se declaró Patrimonio Mundial a las Misiones de la Sierra Gorda.
En 2016, la orquesta fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de Querétaro, un reconocimiento que honra su valor artístico, social y educativo.
La OFEQ no se ha quedado en lo clásico. Ha sabido abrirse a nuevos públicos con conciertos temáticos, bandas sonoras, tributos a The Beatles, y programas como “Filarmónica en tu escuela”, llevando la música a todos los rincones del estado: escuelas, municipios, universidades y empresas.
Es la orquesta que se fue del estado de Guanajuato como resultado de las circunstancias de un momento de transición política, cuando un culto gobernador fue suplido por un joven empresario.

