ENRIQUE REYNALDO GARCÍA MARTÍNEZ, “EL CANTY”: PERIODISTA DE PUEBLO, CRONISTA DE SU TIEMPO Y UNA VOZ QUE DEJÓ HUELLA
Los corresponsales surgieron con los grandes periódicos que buscaban alcances nacionales o —al menos— regionales. Fueron la primera representación de los “reporter”, los que se suponía sólo daban a conocer los hechos, sin opinión, quien en una redacción convertía datos en noticia.
Ser corresponsal en una localidad cercana a la ciudad donde se imprimía un diario reconocido era un reto: la fuerza que daba ser parte del “cuarto poder” y ser uno de los eslabones más débiles del poder político o económico.
Ése fue el contexto histórico que rodeó a Enrique Reynaldo García Martínez, conocido como “El Canty”, periodista dolorense que falleciera el 11 de septiembre de 2014.

Los corresponsales, su origen general
El esquema de corresponsalía surgió en México en la prensa del siglo XIX. Fue El Imparcial, el primer periódico moderno del país, impreso en la ciudad de México, fundado en 1896 y desaparecido con la revolución en 1916, el que dio pauta a una mayor profesionalización de esta figura periodística.
La presencia de corresponsales en las ciudades de León y Guanajuato le permitió tener una gran circulación en la entidad y contribuir a la formación de reporters en la entidad.
La prensa guanajuatense de principios del siglo XX tuvo poco alcance regional y su entrada al mundo de los diarios fue hasta mediados de la década de 1920, lo que implicó que la función de corresponsal fuera muy limitada.
En 1937, el semanario irapuatenseGuanajuato se convirtió en cotidiano y cambió su lema a “Diario de Guanajuato”, nombre que tenía otro periódico, pero en León. Pretendía ser de circulación estatal y, en ese tenor, tenía presencia de corresponsales en las ciudades vecinas, especialmente en León y la capital.
En 1946 apareció El Sol de León y se abrió el estado a nuevos diarios, especialmente a El Sol del Bajío y los llamados Noticias: uno de ellos se convertiría en vespertino leonés y otro con el mismo nombre daría origen a El Sol de Irapuato, todos con alcance regional.
En ese tiempo, los periódicos tenían “redactores”; esto es: personas que escribían información que en muchas ocasiones llegaba en documentos a las oficinas de los periódicos. Quienes llamaban desde algún lugar para proporcionar datos, eran los “reporters”. El nombre de “reportero” era muy poco usado.
A finales de la década de 1940 empezaron a formarse periodistas que iban a los lugares donde ocurrían hechos y luego iban a la redacción a escribir. Aunque ya cumplían función de reporteros, se les seguía llamando “redactores”.
Para atender la cobertura regional, los periódicos guanajuatenses solían mandar redactores a los municipios cercanos y empezaron a integrar información en planas especiales. Así surgieron las secciones de región, dedicadas a ciudades vecinas:
El Sol de León le asignaba una a Irapuato/Salamanca y otra a Guanajuato. Más tarde hizo lo mismo con Lagos de Moreno y San Francisco del Rincón. Ya en la década de 1950 fue tal la importancia de la capital, que también editaba El Sol de Guanajuato.
El Sol del Bajío tenía una plana para Querétaro y otra para Salvatierra, donde incluso llegó a tener una “sucursal”.
En Celaya comenzó a circular en 1952 el matutino Noticias, que fue adquirido por la Cadena García Valseca y lo mandaron a Irapuato en 1954, para que años más tarde fuera El Sol de Irapuato y tuviera una edición especial para Salamanca.
Estos alcances regionales permitieron la formación de periodistas reporteros en los municipios cercanos a las ciudades más pobladas y de esa manera surgió la figura de corresponsal como norma. El Canty sería uno de ellos.
El Canty, corresponsal en Dolores
En la década de 1980 comenzó a trabajar un hombre que sería el periodista por antonomasia en Dolores Hidalgo: Enrique Reynaldo García Martínez, mejor conocido como “El Canty”. Así lo recuerda el periodista Roberto Gutiérrez, quien fue un discípulo de facto:
“El Canty fue un periodista nato, surgido del pueblo, con una característica que marcó toda su trayectoria: decía lo que pensaba y señalaba aquello que consideraba incorrecto, particularmente cuando se trataba del desempeño de las autoridades.Su postura le ganó el respeto y la admiración de sus lectores, aunque también le ocasionó desencuentros con funcionarios públicos”.
Y narra una anécdota:
“En una ocasión, frente a un funcionario, le lanzó una frase que retrata perfectamente su carácter y su manera de entender el poder:«Ustedes tienen un ratito el poder, al rato se les acaba, pero cuando están en él piensan que siempre lo tendrán. Ya bájense de su pedestal»”.
Gutiérrez señala que, para “El Canty”, el periodista debía estar del lado de la sociedad y que “se consideraba representante de las necesidades de su pueblo, y desde esa posición ejerció su oficio durante décadas”.
“El Canty” trabajó por más de 30 años en El Sol de León, donde su trabajo hizo que fuera conocido no solamente en Dolores Hidalgo, sino en buena parte del norte y noreste de Guanajuato. Prosigue Gutiérrez:
“Le tocó ejercer el periodismo durante una época en la que la información oficial estuvo durante muchos años bajo el predominio de un solo partido. Sin embargo, mantuvo una línea firme e independiente.Sus reseñas no estuvieron condicionadas por dádivas ni privilegios políticos. Su compromiso estaba con la gente y con contar lo que ocurría”.
“El Canty” fue un periodista completo:“Cubrió prácticamente todas las facetas del periodismo: reportajes, crónicas, sociales, deportes, cultura y política, desarrollando una intensa labor mucho antes de que las nuevas tecnologías transformaran la manera de hacer periodismo”.
Fue parte de una época en la que el periodista conocía personalmente a sus fuentes, recorría las calles, hablaba con la gente y construía sus historias con experiencia, intuición y oficio, señala Gutiérrez.
A la par del periodismo, “El Canty” ejerció también la fotografía. Y su mérito era mayor: debido a una enfermedad, comenzó a perder la vista. En la década de 1980 ya usaba gruesos lentes. A pesar de eso, tenía una intuición para el ángulo y el momento. Roberto Gutiérrez lo explica:“A pesar de sus dificultades con la vista, quienes aprendieron de él recuerdan la calidad de sus imágenes y, sobre todo, su disposición para compartir sus conocimientos con quienes comenzaban en el oficio”.
Así enseñaba “El Canty”:“Ey, fíjate, ponte listo cómo se hace, para que el día de mañana hasta con una cámara de bicicletas también saques buenas fotos”.
Ya para la década de 1990 no podía sacar fotos al quedar prácticamente ciego. Un joven lazarillo lo acompañaba y “El Canty” seguía en el reporteo, con las preguntas de rigor, pero auxiliado, para la redacción.
Enrique Reynaldo García Martínez murió el 11 de septiembre de 2014. Roberto Gutiérrez afirma que “su nombre permanece ligado a una generación de periodistas que hicieron del trabajo en la calle su forma de contar la realidad”.
La trayectoria del periodista fue reconocida en 2023, cuando recibió un homenaje post mortem durante la ceremonia conmemorativa por el aniversario de Dolores Hidalgo como Pueblo Mágico. La distinción fue recibida por su hermana, Rosa María García Martínez.

Se remata el texto con una aseveración de quien fuera su auxiliar y pupilo:“Hoy, en tiempos de información inmediata y redes sociales, recordar su trayectoria también significa recordar una manera distinta de hacer periodismo: directa, crítica, cercana al pueblo y sin temor a cuestionar al poder”.
Enrique Reynaldo García Martínez abrió brecha para que proyectos de un diario de circulación estatal como El Nacional de Guanajuato tuvieran éxito. También creó escuela y motivó la creación de periódicos regionales en el norte y noreste del estado, entre los que destacó El Reloj, que ahora circula sólo en la red y se llama El Reloj Digital.
Le acompañan otros medios también digitales: Punto Nueve—del propio Roberto Gutiérrez—, Noreste de Guanajuato, Noticias del Norte de Guanajuato, Más acá noticias, Círculo Informativo San Luis de la Paz y La Nota del Día, entre otros.
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Enrique Reynaldo García Martínez, “El Canty”: mil ojos y mil oídos para contar la historia de Dolores
Texto y fotografías de Roberto Gutiérrez, periodista dolorense
Enrique Reynaldo García Martínez, conocido por generaciones de dolorenses como “El Canty”, fue fotógrafo, reportero y, sobre todo, un personaje entrañable de la vida cotidiana de Dolores Hidalgo.
“El Canty” nació en mayo de 1939 en una comunidad de San Diego de la Unión, Guanajuato. Tenía unos 5 años cuando su familia se mudó a la ciudad de Dolores Hidalgo, donde creció y vivió desde entonces junto a 5 hermanos.
Reynaldo sólo tuvo estudios primarios sin concluirlos. Dejó la escuela para iniciarse en el arte de fotografía con el fotógrafo Leocadio Gloria. Realizó esta actividad hasta los 65 años, cuando perdió la vista, a causa de las enfermedades crónicas que padecía como la diabetes e hipertensión.
Fue el fotógrafo del pueblo: en bautismos, confirmaciones y demás celebraciones, ahí estaba. Fue la fotografía la que lo llevó a la actividad reporteril cuando conoció a un reportero de El Sol de León, que necesitaba de un fotógrafo para que lo acompañará a una ceremonia del Grito de Independencia un 15 de septiembre.
A partir de esa amistad, cuando tenía alrededor de 45 años, Alfredo Contreras Lunar y Luis Bernal —subdirector y director de El Sol de León, respectivamente— lo arroparon para iniciar la tarea de ser corresponsal en Dolores Hidalgo y otros municipios de la zona norte del estado.

“El Canty” fue amante de la música de los tríos, de canciones interpretadas por Emilio Tuero, María Luisa Landín y Antonio Badú, entre otros; así como de Javier Solís y el infaltable paisano José Alfredo Jiménez.
Tenía un humor ácido, particularmente cuando se refería a los políticos, pero también dominaba como pocos el llamado albur fino: aquel que no necesitaba groserías ni palabras vulgares para provocar una sonrisa. Con inteligencia y rapidez, podía convertir una conversación cotidiana en un duelo de ingenio.
Cuando perdió la vista, para muchos aquello habría significado el final de una profesión basada precisamente en observar. Para “El Canty”, no: continuó contando historias y redactando sus notas. Cuando alguien le cuestionaba cómo podía afirmar lo que ocurría si ya no podía verlo, respondía con una frase que terminó por definir su manera de hacer periodismo: “Tengo mil ojos y mil oídos. En todo el pueblo me hacen llegar precisos datos de lo que ocurre; ellos son mis fuentes”.
Y no era solamente una frase. El Canty había construido, durante décadas, una extensa red de amistades y conocidos que conversaban con él y le contaban lo que sucedía. Cuando se aventuraba a salir al centro de la ciudad acompañado de su bastón, caminaba con la confianza de quien conocía cada calle y, sobre todo, a la gente que las habitaba.
Laboraba con un lazarillo, pero ya no fue suficiente: se jubiló de El Sol de León por incapacidad médica.
Soltero durante prácticamente toda su vida, se casó a los 72 años y falleció a los 75. Pero mucho antes de llegar a esa etapa, ya había construido una personalidad inconfundible entre sus amigos y conocidos.
En una ocasión, mientras transitaba por una de las calles de Dolores Hidalgo, alguien le gritó:
—¡Ey, Canty! ¿Ya te perdiste?
Él respondió tranquilamente:
—No, voy a la casa.
Entonces le señalaron que llevaba una dirección contraria.
—Pero tu casa está para el otro lado.
Sin inmutarse, contestó:
—Voy a la casa de un amigo.

Aquel amigo era Roberto Gutiérrez, quien cada domingo recibía a El Canty en su casa para compartir la comida y, seguramente, largas conversaciones.
La relación entre ambos nació a través de Joel Gutiérrez, hermano de Roberto, quien conoció a “El Canty” desde sus primeros años y durante su juventud compartió con él el oficio de la fotografía.
Joel no solamente lo recuerda como un compañero de profesión. Lo recuerda como un gran amigo y un profesor de vida, alguien de quien aprendió mucho más que los secretos de una cámara.
Así fue Enrique Reynaldo García Martínez: fotógrafo y reportero, observador aun cuando dejó de ver, hombre de conversación aguda, amigo de muchos y personaje de un Dolores Hidalgo que también se contaba a través de sus calles, sus cafés, sus pláticas y sus habitantes.
Porque cuando perdió la vista, “El Canty” no dejó de mirar. Simplemente comenzó a hacerlo a través de los ojos y los oídos de todo un pueblo.

