LA CATEDRAL METROPOLITANA: CASI TRES SIGLOS PARA LEVANTAR EL CORAZÓN DE LA NUEVA ESPAÑA

Frente al Zócalo, donde alguna vez estuvo el centro ceremonial de México-Tenochtitlan, la Catedral Metropolitana resume casi tres siglos de historia novohispana. No se levantó de una vez ni por un solo arquitecto: nació en el siglo XVI, creció durante generaciones, y terminó de tomar su forma definitiva en los albores del actual México independiente.

Su historia comenzó antes del edificio que hoy conocemos. Después de la conquista, se levantó una primera iglesia en la Plaza Mayor utilizando, para los cimientos, monolitos procedentes del antiguo teocali mexica. Aquella construcción se inauguró en 1532 y se convirtió en catedral cuando fray Juan de Zumárraga fue consagrado obispo de México.

Según el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), esa primera catedral fue insuficiente. Hacia la segunda mitad del siglo XVI comenzó a tomar forma el enorme templo que conocemos actualmente. Los trabajos de cimentación comenzaron en 1562, aunque otras fichas oficiales sitúan el inicio formal de la construcción en el año 1573.

Sin importar la hora del día ni la época del año, la Catedral Metropolitana luce su monumentalidad de belleza incomparable. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

La obra se prolongó durante casi tres siglos y fue concluida en 1813, por eso es una bella y monumental catedral hecha por generaciones. La prolongada construcción explica una de sus características más singulares: la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México es, arquitectónicamente, una especie de recorrido por distintas épocas, estilos y formas.

La traza original se atribuye al arquitecto Claudio de Arciniega; luego intervinieron, entre otros, Juan Miguel de Agüero, Juan Lozano, Juan Gómez de Trasmonte y Rodrigo Díaz de Aguilera. En la etapa final tuvieron especial importancia José Damián Ortiz de Castro y Manuel Tolsá. Por eso tiene detalles renacentistas, herrerianos, barrocos y neoclásicos.

La Catedral tiene cinco naves, y su conjunto comprende, además del templo, el Sagrario Metropolitano, la Capilla de las Ánimas y la antigua Mitra. Cuando el siglo XVIII casi terminaba, todavía necesitaba importantes trabajos para alcanzar su apariencia definitiva. Fue entonces que se decidió contratar a José Damián Ortiz de Castro y Manuel Tolsá.

Ortiz de Castro intervino la fachada y las torres, mientras Tolsá, figura fundamental del neoclasicismo novohispano, tuvo a su cargo parte de la culminación y armonización del conjunto. A Tolsá corresponden, entre otros trabajos, la modificación de la cúpula y las esculturas de las virtudes teologales (Fe, Esperanza y Caridad) que coronan la fachada.

Si el exterior impresiona por sus dimensiones, el interior guarda una de las grandes obras del barroco novohispano: El Retablo de los Reyes realizado por Jerónimo de Balbás durante la primera mitad del siglo XVIII. Está construido principalmente con madera de ayacahuite y cedro, cubierta en sus elementos ornamentales con delicada hoja de oro fino.

En su parte central se encuentran dos pinturas de Juan Rodríguez Juárez: La adoración de los Reyes y La Asunción de la Virgen. El conjunto incorpora además 22 pinturas relacionadas con episodios de la vida de María y numerosas esculturas de varios santos vinculados con la realeza. El retablo mide 25 metros de altura, 13 de ancho y 7 de fondo.

La historia de la Catedral también puede escucharse, pues la campana más antigua fue fundida en 1578, apenas unos años después de iniciada la construcción del templo. La mayor alcanza un peso aproximado de 13 toneladas y está dedicada a la Virgen María. Entre las más recientes está una dedicada a San Juan Diego, y pesa casi dos toneladas.

El Catálogo Nacional de Monumentos Históricos registra con precisión una preexistencia prehispánica en el lugar y señala que el conjunto fue edificado sobre el principal centro ceremonial mexica; como testimonio de ello permanece, en su costado nororiente, la zona arqueológica del Templo Mayor, una de las ruinas prehispánicas más visitadas en el país.

La Catedral Metropolitana resume casi tres siglos de historia novohispana: nació en el siglo XVI y terminó de tomar su forma definitiva en los albores del actual México independiente. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

Los sismos de 2017 provocaron daños a la Catedral, sin poner en riesgo su estabilidad estructural, pero obligaron a realizar trabajos de diagnóstico y restauración. Así, para las acciones iniciales de protección se destinó una inversión de casi ocho millones de pesos. Desde entonces, la conservación continúa siendo una tarea permanente en la Catedral.

La Catedral Metropolitana está reconocida oficialmente como Monumento Histórico desde el 9 de febrero de 1931 y forma parte de la Zona de Monumentos Históricos del Centro Histórico de la Ciudad de México. Este conjunto, junto con la zona lacustre de Xochimilco, fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1987.

Por eso, mirar la Catedral Metropolitana desde el Zócalo es mirar mucho más que una iglesia. Es contemplar una construcción que comenzó cuando todavía estaba viva la memoria de México-Tenochtitlan, que atravesó los siglos virreinales, que fue terminada en 1813 y que ha permanecido como testigo material de la transformación de la ciudad.

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