DE TOSCA A CARMEN: MUJERES EN REBELDÍA, AUTONOMÍA Y FORTALEZA

Propuesta de “Heroínas. Ópera para dos sopranos, piano y narrador

Así explicó la gran voz de Iván Montes, productor de radio, lo que cantarían las sopranos Sol Waldo y Vanessa Salas, con el piano de Jonathan J. González: “Durante siglos, el escenario de la ópera fue una sala de juicios con una sola sentencia para la mujer: el sacrificio”.

Y prosiguió: “Las heroínas morían por un error, por un exceso de amor o por el simple capricho de un destino escrito por manos ajenas”. 

Pero el concierto, presentado en Casa Museo Gene Byron, tenía como propósito conmemorar el Día Internacional de la Mujer, de ahí que “el telón se levanta para mostrarnos algo distinto”:

“No estamos aquí para escuchar a víctimas atrapadas en sus circunstancias. Estamos aquí para observar a estas mujeres desde el centro de su propia tormenta. No escucharemos un lamento ante la injusticia, sino un manifiesto de voluntad. Comenzamos este viaje con el primer instinto del alma: la mirada propia. El autorretrato. Ese momento en el que cada mujer se despoja de la trama para decirnos quién es ella, en realidad”.

Jonathan González (piano), Sol Waldo y Vanessa Salas (sopranos) y Iván Montes (narrador). Un concierto de talentos diversos.

Y, en efecto, el concierto no podía ser de otra manera: entender que los personajes de cada fragmento de ópera representaban a mujeres de lucha, de entrega por decisión y convicción, de autodeterminación y, sobre todo, de libertad. 

Sol —soprano spinto con más de 20 años de trayectoria, maestra en artes y licenciada en música, con distinción laureada en la Universidad de Guanajuato— y Vanessa —con la misma formación académica y exbecaria CONACyT— mostraron a esas mujeres en su dimensión de guerreras que realizan actos de gran valentía, nobleza o por lograr algo extraordinario, a menudo arriesgando su propia seguridad. 

Bloque I: Retratos

1. Vissi d’arte (He vivido para el arte), de la obra Tosca, de Giacomo Puccini). Sol Waldo recreó con su voz a una Roma ocupada por la opresión: 

“Es la noche del 17 de julio de 1800. En el Palacio Farnese, la atmósfera es de cacería. Floria Tosca, la gran diva, está frente a un depredador: el cruel barón Scarpia, jefe de la policía. El trato es infame: su cuerpo a cambio de la vida de su amante, el pintor Mario Cavaradossi. Pero antes de decidir, antes de actuar, Tosca se detiene”.

La soprano dramatiza un cuestionamiento extremo: “Si he vivido para el arte, si nunca he hecho daño a nadie… ¿por qué, Señor, me pagas así?”. No es asunto menor asumirse ante la divinidad.

2. Sì, mi chiamano Mimì (Sí, me llamo Mimí), de La bohème, obra de Giacomo Puccini. Iván Montes explica lo que representó la diáfana voz de Vanessa: 

“En La bohème, encontramos a una mujer que descubre que ni siquiera su nombre le pertenece del todo. Para el mundo es simplemente Mimì: un alias, una etiqueta puesta por otros. Pero hay una chispa en la oscuridad de una buhardilla parisina donde decide recuperar su historia”.

Prosigue:

Cuando conoce a Rodolfo y él la ayuda a buscar una llave extraviada, ella asume su identidad: “Mi nombre es Lucía”. El acto de libertad de asumir su derecho a la identidad plena, para seguir con otro: el derecho al placer. Iván lo señala: “Ser heroína también significa reclamar la capacidad de habitar el propio cuerpo y reconocerse en el goce de la belleza”.

3. Barcarola: “Belle nuit, ô nuit d’amour” (Bella noche o noche de amor), de Les contes d’Hoffmann, Jacques Offenbach.

Es una Venecia onírica en Los Cuentos de Hoffmann, fragmento en donde la voz potente de Sol y la de terciopelo de Vanessa hicieron un dúo impresionante, “dos voces que se entrelazan para celebrar la noche y la libertad de sentir”. Iván lo describe: “Es el retrato de la mujer que se permite, simplemente, disfrutar. Porque el placer no es una concesión, es un manifiesto de existencia”.

Bloque II: Umbrales 

1. Je dis que rien ne m’épouvante (Yo digo que nada me asusta, en voz de Vanessa, para representar a Micaela, “La niña buena” de la ópera Carmen, de Georges Bizet.

La valentía no es la ausencia de miedo, dice Iván, “es la gestión del valor a pesar de todo, es caminar con el corazón latiendo en la garganta, pero sin retroceder un solo paso”. Y sí: Micaela se interna sola en la oscuridad de las montañas, impulsada por una fuerza más resistente que la pasión: el sentido del deber, en la búsqueda del amado que el destino se aferra a arrebatarle. Ella no miente, explica el relator: dice que es invulnerable, confiesa que tiene miedo, “pero que su voluntad es más grande que su terror”. La recreación de Vanessa Salas fue de altísimo nivel, donde voz y drama remiten a la angustia y valentía de la que ama sin condiciones a don José.

2. Non più di fiori (No más flores), en La clemenza di Tito, de Wolfgang Amadeus Mozart.

La voz intensa de Sol sitúa a una Vitellia que toma conciencia, en la que “solo la verdad puede liberarla del remordimiento, aunque esa verdad la conduzca a la muerte; es un adiós a la ambición. Ella se visualiza descendiendo al abismo sin las guirnaldas de flores con las que soñó coronar su frente. 

Iván remata: Al cantar “Non più di Fiori”, Vitellia decide que el acto más heroico no es salvar la vida, sino salvar la dignidad.

3. Elodia, de Luis G. Jordá. Jonathan González interpretó esta pieza como parte de un intermedio para dar un poco de reposo a las sopranos antes de pasar a la última parte del concierto.

Sol Waldo y Vanessa Salas, sopranos.

Bloque III: Desobediencias

1. Mon cœur s’ouvre à ta voix (Mi corazón se abre a tu voz), en Samson et Dalila, de Camille Saint-Saëns)

Dice Iván: “Cuando el miedo se disuelve, el precipicio se vuelve territorio de conquista. La mujer que cruza ese umbral se vuelve invencible porque ha decidido dejar de seguir el sendero que otros trazaron para ella. Ya no se pide permiso; se toma lo que por derecho propio le pertenece”.

Dalila, recreada por Sol Waldo, “no pelea con la espada, sino con la seda”, frente a Sansón despliega una arquitectura de seducción que es, en realidad, un despliegue táctico. Y aquí entra el duelo: “Su canto es una red de terciopelo diseñada para doblegar la voluntad del héroe. Aquí, la sensualidad es la desobediencia definitiva ante el poder del invasor”.

2. Quando me’n vo’ (Cuando me voy), el vals de Musetta en La bohème, de Giacomo Puccini).

Sol Waldo representa a una Musetta que a su vez representa a la desobediencia: “En el bullicio de un café parisino, Musetta nos revela que ella es la única dueña del juego. Al caminar y sentir las miradas de deseo, no se siente observada; se siente poderosa. Ella decide cuánto mostrar y hasta dónde extender el hilo de su seducción. No es una víctima, es una mujer que habita su libertad con una sonrisa desafiante. Sabe, con una lucidez casi cruel, que con la misma suavidad de esas manos que lucen joyas, es capaz de asfixiar el orgullo del más soberbio de sus amantes”.

Es la imagen de la mujer que rompe con el destino patriarcal, que mezcla el poder con seducción y que la voz de la Waldo logró expresar con su intensidad inherente.

3. L’amour est un oiseau rebelle (El amor es un pájaro rebelde), en Carmen, de Georges Bizet.

En efecto, Carmen es la máxima transgresora de los personajes mujeres de la ópera. Iván dice: 

“Ella se resiste a la idea misma de la restricción. Representa la desobediencia en todas sus facetas: social, moral y existencial. En un mundo que intenta poseerla, ella se levanta como un recordatorio de que la libertad no se negocia”.

Sí, Carmen es ese “pájaro rebelde” que nadie puede aprisionar. Agrega Iván: “Para ella, vivir es sacudirse cualquier atadura, incluso si el precio es el destino más trágico”.

En efecto: Carmen elige amar y a su manera: 

Si tu ne m’aimes pas, je t’aime
Si je t’aime, prend garde à toi (prends garde à toi)
Si tu ne m’aimes pas
Si tu ne m’aimes pas, je t’aime (prends garde à toi)
Et si je t’aime
Si je t’aime, prends garde à toi

L’amour est enfant de Bohême
Il n’a jamais jamais connu de loi
Si tu ne m’aimes pas, je t’aime
Si je t’aime, prends garde à toi (prends garde à toi)

Si no me amas, te amo

Si te amo, ten cuidado (cuidado)

Si no me amas

Si no me amas, te amo (cuidado)

Y si te amo

Si te amo, ten cuidado.

El amor es un niño bohemio

Nunca, jamás ha conocido ninguna ley

Si no me amas, te amo

Si te amo, ten cuidado (cuidado)

Un concierto digno de un espacio con mayor capacidad.

Fue un cierre apoteósico, con a dos voces, cada una con su versión de Carmen: la intensa de Sol y la sensual de Vanessa, ambas igualmente seductoras, ambas metidas en el papel de esa gitana rebelde, fuera de la ley y la moral.

El espectáculo fue gozado por unas sesenta personas, en un espacio íntimo, con un espectáculo que merece ser llevado a un escenario mayor y a un público más amplio.

Así remató Iván:

“A través de estos tres actos, hemos visto a la mujer desprenderse de los marcos impuestos. La vimos pintarse en sus Retratos, gestionar el miedo en sus Umbrales y, finalmente, reclamar su soberanía en sus Desobediencias. Hoy, estas heroínas nos han demostrado que la ópera es un espejo de luchas presentes. La voz de una soprano no es el eco de una víctima; es el grito de quien decide ser dueña de su propio silencio y de su propia canción. Porque al final, el acto más heroico no es morir por amor, sino tener el valor de vivir bajo las leyes de la propia libertad”.