LOS POEMAS PERDIDOS DEL SENDERO

Reflexivo descenso en el sinuoso trayecto

por los callejones de Agua Fuerte y La Rana

Al punto de partida, en la Carretera Panorámica, lo caracterizan viviendas modernas y escalones de concreto, los cuales paulatinamente dejan lugar a casas tradicionales de adobe y al adoquín de irregulares formas formado por la caliza blanquiverde arrancada a los cerros guanajuatenses, entre los que surgen pequeños parches de roca y vegetación autóctona, a la vista de un arroyo sobreviviente del avance urbano.

El callejón de Agua Fuerte —nombre peculiar, clásico de la nomenclatura local— desciende, por una parte, desde la vía escénica mencionada, y por otra se desprende del callejón Peña Grande, pero mientras éste baja casi en línea recta hacia el Paseo de la Presa, aquél se desvía hacia el poniente para, finalmente, caer hacia el Jardín Embajadoras, no sin antes dar origen a un ramal importante con denominación anfibia: La Rana.

Un tramo de Agua Fuerte comunica el Bulevar Guanajuato con la Panorámica. Escalones, plantas y piedras disputan la pendiente (fotografía centro). El arroyo original resurge en el trayecto y obliga a construir puentes (tercera imagen).

Agua Fuerte posee incluso un pequeño tramo por encima de la Panorámica, atajo hacia el bulevar Guanajuato que evita dar un largo rodeo al caminante del rumbo; vestigio de una antigua vereda. Ya en la carretera, su acceso puede fácilmente confundirse con la entrada a alguna propiedad privada, dado que solo son visibles unos pocos escalones antes de doblar a la izquierda y, entonces sí, tomar forma, bajar y retorcerse hasta la cañada.

Durante el comienzo de la pendiente, compiten palmo a palmo por el espacio los escalones y lo que queda de cerro (peñas y plantas), a la vez que el ducto encementado del drenaje la hace de réferi en medio de la ruta. En cierto punto, se cruza con Peña Grande y desde allí surge el arroyo hasta entonces camuflado con el camino. A partir de allí, dobla al poniente, aparecen baldíos, puertas improvisadas y, no hace tanto, una agradable sorpresa.

Los mensajes de un vecino con espíritu romántico y filosófico.

Es —o era— un inmueble con personalidad. El blanco y azul de sus muros mostraban fragmentos poéticos, filosóficos, existenciales, escritos con elegante letra, decoración acorde con el número del domicilio, colocado cerca de la puerta, sobre la cual hay un pequeño frontón, y hecho con pequeños trozos de azulejo, rodeado por un círculo de mosaicos multicolores, diseño repetido en una larga jardinera bien cuidada y llena de flores.

Los mensajes de un vecino con espíritu romántico y filosófico (2).

Ese alto casi obligado para la mirada curiosa o la mente reflexiva, lamentablemente, ha dejado de existir, o al menos no luce igual. Nuevas ideas o cambio de propietario, lo cierto es que, luego de una visita reciente, puede constatarse que los escritos del inmueble fueron cubiertos por nueva pintura, los mensajes desaparecieron y, como reflejo, de la cambiante situación, las plantas de la jardinera se marchitaron, como si la vivienda hubiera perdido parte de su alma.

Trozos de cerámica decoran con originalidad muros y jardinera.

Más adelante, la ruta se divide en dos: por un lado, Agua Fuerte se ensancha y baja al nivel de la calle, para saludar a los automovilistas que emergen del túnel El Barretero, junto al antiguo Internado “Ignacio Ramírez”, hoy Escuela Primaria “Luis González Obregón”. Sin embargo, no termina allí, pues continúa durante un trecho más, rodeando por detrás una parte del vecindario, para salir nuevamente, esta vez al Paseo Madero, a la vista de los árboles y de los paseantes del Jardín Embajadoras.

Varios cactus destacan sobre una jardinera en Agua Fuerte. Segunda imagen: La maleza es el único habitante de una vivienda abandonada. Tercera imagen: La salida de Agua Fuerte, hacia el Paseo Madero.

La otra desviación marca el inicio del callejón La Rana, senda muy angosta donde, en un primer trecho, un imaginativo habitante ha hecho de la fachada de su casa un homenaje al equipo de futbol de sus amores: pintura en azul y amarillo, dibujos de jugadores famosos y declaraciones y expresiones escritas propias de un auténtico hincha.

La entrada a La Rana por el Espinazo; en el mismo callejón, un gato sorprendido y una bugambilia casi cubre una puerta.

La Rana es un sendero transversal, no baja a la calle, sino que funciona de enlace entre Agua Fuerte y el Callejón del Espinazo. De corta extensión, ofrece no obstante las imágenes típicas de los caminos cuevanenses: escaleras extramuros, paredes de piedra y adobe sobre los que asoman enredaderas, vistas a franjas de cielo azul por donde aparecen, de cuando en cuando, las cimas de las montañas.

En suma, Agua Fuerte y La Rana conforman un recorrido por el Guanajuato nuevo y, al mismo tiempo, por el Guanajuato viejo, donde son palpables la capacidad de sus habitantes para adaptarse a su hábitat, así como de la imaginación para expresar sus ideas y sentimientos. El itinerario, aun sin ser espectacular, es una muestra más de un lugar en donde la Geografía se aprende de la mejor manera: caminando.

En La Rana, las plantas desbordan las paredes.

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