UN ARTE HECHO EN ACUARELA POR AMOR A GUANAJUATO

Confesiones de Wendy Ann Camdin en “Microcosmos de una ciudad amada”

La acuarelista Wendy Ann Kamdin ha continuado con su labor de llevar la vida cotidiana de la ciudad de Guanajuato a la acuarela. Gran parte de su creación vuelve a ser expuesta en la Casa Museo Gene Byron. Bajo el nombre de Microcosmos de una ciudad amada, su obra está expuesta desde el 22 de marzo y permanece ahí hasta el 23 de abril.

Así lo explica la pintora:

“Mis obras están hechas con lápices y pintura de acuarela, la mayoría sobre tela Arches 100% algodón prensado en frío; excepto dos que se realizaron sobre Fabriano. Aunque he dibujado y pintado desde niña, crecí creyendo que el arte no era una forma fiable de ganarse la vida. Mi madre me crio sola, con un presupuesto muy limitado. Su vida fue dura; tenía buenas intenciones”.

La vida la llevó a la productividad material, pero nunca renunció a expresarse desde la manifestación del arte: “Solo desde que me jubilé en 2020 he podido dedicarme a lo que más me gusta: pintar y dibujar”.

Wendy Ann Kamdin, guanajuatense nacida en Nueva York. Segunda imagen: Wendy en Bombay, antes de elegir ser guanajuatense

Y narra los orígenes del amor a esta tierra:

“Llegué a Guanajuato en 2020, en plena pandemia de covid 19, dejando de lado todas las precauciones para obtener mi residencia permanente, viajando con una caja de lápices de acuarela y un block de papel de acuarela Arches, que mi hija había dejado cuando se fue a la universidad. Los lápices y el papel ocupaban muy poco espacio en mi maleta, pero me llevarían a algo mucho más grande y grandioso de lo que podría haber imaginado en ese momento”.

Así, con el sueño de vivir en el arte (no sabemos si vive del arte), se aposentó en una ciudad que la encantó desde que la conoció:

“Mi primer lugar de residencia, mientras esperaba mis documentos de residencia, fue una habitación en un pequeño lugar justo al lado del puente de Tepetapa (también conocido como “Roy’s Place”). Podría decirse que estaba debajo del puente de Tepetapa. Naturalmente, mi primer dibujo fue la vista de las coloridas casas que parecían derrumbarse por las laderas de Cerro del Gallo, que podía ver a través de los árboles desde la terraza de Roy’s Place; el segundo fue del Puente de Tepetapa, en todo su esplendor bicentenario. Roy también es artista, pero sus obras son de una escala mucho mayor que las mías. Tenemos algo en común: compartimos una admiración mutua por ese puente”.

El puente de Tepetapa, una de sus primeras obras. Imagen siguiente: Cabalgata rumbo a la Cueva.

Wendy se integró a la vida de una ciudad y la disfruto explorándola: “En los primeros cuatro años después de mi llegada, las calles, callejones, edificios, colores y paisajes de Guanajuato capturaron mi amor por la ciudad, que transformé en pinturas. Así, en 2024, organicé mi primera exposición en esta galería, a la que titulé Guanajuato: microcosmos de una ciudad querida”.

Y es que la pintora lo hace por gusto, sin más afanes del placer por la plástica y el amor por la ciudad que tomó como propia:

“Agradezco profundamente a Estela Cordero, directora del Museo y Galería de Arte Gene Byron, por creer en mí cuando le mostré mis primeros, y en ese momento únicos, cinco dibujos, y por aceptar organizar una exposición de mis 36 obras, creadas con gran esfuerzo, un año después”.

Estela le presentó al maestro Saúl Serrano, artista plástico, quien se encontraba en el museo un domingo. Saúl no solo le ayudó a realizar impresiones giclée de alta calidad de sus pinturas, sino que también le brindó consejos y apoyo durante el año siguiente, en los meses previos a la primera exposición de Wendy en el Gene Byron y hasta la actualidad”.

Una ciudad que se pinta a sí misma. Y mirada hacia los cerros cubiertos por casas.

Y prosigue: “Seis años después de establecerme en Guanajuato, sigo cautivada por la ciudad, sus calles, edificios y su gente. No puedo dejar de dibujar y pintar las escenas que veo. Y así les traigo Guanajuato: microcosmos de una ciudad querida, Segunda Parte”.

La exposición incluye casi toda la obra de los primeros cuatro años de estancia de la pintora en la ciudad y se complementa con cuadros más recientes. Pero hay algo más:

“Mi estilo y técnica recientemente dieron un giro repentino: de los dibujos minuciosamente detallados, en gran parte a lápiz, a un estilo más fluido de acuarela y tinta. Aunque no puedo renunciar por completo a mis lápices de acuarela (siguen siendo el último toque que aplico a una pintura), el proceso me resulta liberador: me he liberado de dibujar y pintar cada adoquín de las calles y callejones, una tarea que me impuse y que esperaba con cierta aprensión durante las últimas etapas de cada pintura”.

Guanajuatense por elección

Wendy Ann Kamdin (de soltera Momot) nació en 1951 en Brooklyn, Nueva York, de padres que se conocieron en Bangalore, India, durante la Segunda Guerra Mundial. Poco después del nacimiento de su hija, regresaron a la India, donde vivieron el resto de sus vidas.

Encanto hecho callejón. Segunda imagen: Enamorados.

A los 21 años, después de un año de estudio en la Escuela de Arte Sir. J.J. en Bombay, Wendy dejó la India para ir a Oregón, EE. UU., donde estudió Bellas Artes y alemán en la Universidad de Portland. Después de su primer año, continuó sus estudios durante un año más en Salzburgo, Austria, en el marco del Programa de Estudios Extranjeros de la Universidad, antes de mudarse a Frankfurt am Main, Alemania Occidental, donde pasó los siguientes cuatro años trabajando en un banco antes de regresar finalmente a los EE. UU. para completar sus estudios universitarios, obteniendo una Licenciatura en Artes en Inglés/Comunicaciones.

Regresó a la India en 1994, donde se casó y se instaló en una plantación de té con su esposo. Después de criar a su hija hasta los siete años, regresó a los Estados Unidos y se estableció en Raleigh, Carolina del Norte, donde crió a su hija y trabajó como coordinadora de proyectos en una organización de investigación por contrato, al mismo tiempo que obtenía una Maestría en Estudios Liberales en la Universidad de Duke.

Tras jubilarse en 2020, se mudó a Guanajuato, donde ha vivido desde entonces, persiguiendo lo que siempre ha sido su principal interés en la vida: el arte del dibujo y la pintura.

Así confesó Wendy su pensamiento y su vida: “De las obras no les platico más, para que vayan a verlas”.

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