NO HAY NADA MÁS HISTÓRICO QUE LA MUERTE
Creado como cementerio eclesiástico en 1832, y perteneciente al Colegio Apostólico de Propaganda Fide San Fernando de México, el Panteón de San Fernando alberga desde entonces las tumbas y los restos de personajes destacados de la historia mexicana del siglo XIX. Aunado a lo anterior, el cementerio es un lugar único en la Ciudad de México.
Localizado en la actual colonia Guerrero de la Ciudad de México, fue el cementerio más caro y exclusivo de la ciudad, reservado por sus precios privativos a una élite acomodada. La epidemia de cólera de 1850 que azotó a gran parte del país, y el derrumbe del Panteón de Santa Paula, provocaron cambios importantes al interior del Panteón de San Fernando.

Entre otros, que aumentara considerablemente la cantidad de restos inhumados en muros y jardines, al tiempo que aumentaron los ejemplos únicos de enterramiento en nichos de gaveta. Derivado de las Leyes de Reforma el sitio le fue arrebatado a la administración eclesiástica y contó con una administración civil durante gran parte de su período activo.
En 1871 dejó de funcionar como cementerio regular, pero, por decreto presidencial, en 1872 recibió los restos del presidente Benito Juárez, siendo ésta la última inhumación en el recinto. En 2006 fue designado Museo de Sitio; antes ya había sido declarado Panteón de Hombres Ilustres, Patrimonio Cultural de la Humanidad, y Monumento Histórico.
Entre nombres como Ignacio Zaragoza, Vicente Guerrero, Ignacio Comonfort, Santiago Felipe Xicoténcatl, Miguel Miramón, José María Lafragua, José Joaquín Herrera, y el mismo Juárez, el arte funerario que se conserva en el panteón a través de su arquitectura, escultura y literatura, representa un tesoro invaluable para el patrimonio de esta nación.
En su calidad de Museo Panteón, San Fernando presenta actualmente la exposición No hay nada más histórico que la muerte, en la que hace un recuento de los museos panteón y panteones históricos en México. La muestra se halla en las rejas del camposanto, a la vista de los transeúntes, quienes aprovechan para entrar al panteón, cuyo acceso es gratis.

La exposición es una ventana a la riqueza histórica, artística y arquitectónica de algunos Panteones Históricos que están impulsando actividades culturales y académicas en pro de lograr que su riqueza cultural sea reconocida y protegida. San Fernando celebra todas sus coincidencias e invita al público a realizar un vibrante paseo por el territorio de la muerte.
En Durango, el Panteón de Oriente y su Museo de Arte Funerario “Benigno Montoya” son testimonio único de esa manifestación artística. Alberga monumentos esculpidos con singular maestría, entre los que destaca la obra del cantero Benigno Montoya Muñoz. Se inauguró en marzo de 1866, como proyecto encabezado por Juan Bautista de Olagaray, caballero de la Orden de Guadalupe, y primero en ser inhumado en dicho cementerio.
El Panteón de Oriente posee en sus monumentos una fuerte influencia del romanticismo europeo, impulsado en México por empresarios italianos en el porfiriato. En el mármol de sus monumentos se palpa la inspiración obtenida de grandes complejos sepulcrales, como el Cementerio Monumental de Staglieno y el Panteón Parisino de Pere Lachaise.
Este panteón es uno de los cementerios más antiguos e importantes de Durango, y con el propósito de preservar y difundir la obra de más de 200 canteros, el 13 de diciembre del 2002 se creó el Museo de Arte Funerario “Benigno Montoya”. Muestra la historia de sus personajes y de las sociedades que contribuyeron a la construcción del Durango actual.

El Museo Panteón de la Santa Veracruz, es uno de los cementerios más hermosos del mundo. Tiene todas las características de lo que era la arquitectura funeraria del siglo XIX: poesía, escultura, pintura y en su tiempo, las procesiones que acompañaban a difuntos y deudos con danza y canto. Es indudablemente una joya; está en Querétaro.
Se construyó entre 1853 y 1857 gracias al proyecto presentado por Felicitas Osornio, Guadalupe Perusquía y Melesio Alcántara al Ilustre Ayuntamiento. La arquitectura es de estilo neoclásico afrancesado, de pequeñas dimensiones, pues sólo se contemplaba sepultar allí a los miembros más destacados de la alta burguesía decimonónica local.
La particularidad de este panteón es que está al borde del peñasco “Las Peñitas”, una zona habitacional prehispánica. En la cima se edificó la capilla del Calvario, que todavía existe. En 1967 fue clausurado, pues ya no contaba con más espacios disponibles. Tras 110 años como cementerio activo, hoy es uno de los cuatro panteón museos del país.

Finalmente, en el Centro Histórico de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, está el Museo Panteón de Belén o Antiguo Panteón de Santa Paula. Su construcción fue encargada en primera instancia por el piadoso obispo Fray Antonio Alcalde y Barriga, y después de su fallecimiento en 1792, el también obispo Diego Aranda y Carpinteiro retomó los intentos.
Sin embargo, fue hasta el año de 1848, ya bien entrado el siglo XIX, que se realizaron las primeras inhumaciones con el proyecto finalizado gracias al arquitecto Manuel Gómez Ibarra. En 1896 fue clausurado como cementerio activo debido a que las autoridades lo consideraron un lugar insalubre por las condiciones en que estaba, sucio y abandonado.

