“TODA FILOSOFÍA NACE CON EL PRIMER BESO”

Friedrich von Hardenberg fue bardo, filósofo e ingeniero. A causa de su fuerza poética y filosófica, Goethe lo consideró el potencial Imperator de la vida espiritual en Alemania. Y el viejo Goethe, una vez más, tuvo razón. Von Hardenberg no tuvo el tiempo suficiente para eludir el adjetivo “potencial”, pues murió a los 29 años. De Von Hardenberg, quien adoptó el nombre de Novalis, los cronistas destacan la vivacidad de su conversación, su hambre voraz de conocimiento, su curiosidad insaciable, la atención que brindaba cuando charlaba con personas “mediocres”, pues decía que siempre sacaba algo de provecho de esas pláticas. Los rasgos que acabo de mencionar, de acuerdo con el escritor francés Michel Tournier, “lo apartan del héroe romántico que cultiva el tedio de la vida, la «morbideza», el mal del siglo, el vértigo suicida ante el vacío de las cosas y los seres”.

Y cómo no recurrir cada que un tema lo permite al francés Michel Tournier, quien de acuerdo con Britannica “fue un novelista francés cuya manipulación de la mitología y de historias antiguas a menudo ha sido calificada de subversiva en la medida en que desafía las suposiciones convencionales de la sociedad de clase media”.

Friedrich von Hardenberg, quien adoptó el nombre de Novalis, fue bardo, filósofo e ingeniero.

En el caso de Novalis, el también ensayista galo señala: “Este pensador, que ambicionaba abarcar todo el conocimiento de su época para forjar con él la biblia de la humanidad futura, murió a los 28 años en los umbrales del siglo XIX, como Moisés en las lindes de la Tierra Prometida”.

La cercanía con el siglo XIX, sin embargo, sólo fue un atisbo del poeta al tiempo, pues Novalis siempre perteneció al siglo XVIII, “estaba sin duda más próximo a Diderot que a Byron”. Joven de familia sin apuros económicos —su padre fue director de las salinas de Sajonia y él mismo ingeniero de minas—, Novalis, sin embargo, no estuvo ajeno a las penas que traen zurcidas en sus costados el amor y el afecto, y en un retazo breve de tiempo fallecieron su prometida Sophie von Kühn y su hermano Erasmus, ambos a causa de la tuberculosis. Ella, con apenas 13 años al morir, se volvió eterna gracias a la poesía del hombre amado, una poesía que, sin embargo, no vio la luz hasta después de la muerte del insigne bardo, gracias a que Ludwig Tieck y Friedrich Schlegel editaron la novela Enrique de Ofterdingen. En vida, a Novalis le tocó ver en las vitrinas de las librerías sus trabajos Fe y amor y los Himnos a la noche. Pensador, poeta, ingeniero y minero… Michel Tournier ha hecho la mejor descripción del sensible alemán al que llama soñador de la verticalidad: “Novalis fue, como también señala Gastón Bachelard, uno de los más grandes soñadores de la verticalidad. La profundidad es la dimensión esencial de la mina, que se convierte en una especie de santuario del mundo. Además, las gemas se convierten en las estrellas terrestres y los mineros en «astrónomos invertidos»”.

Ah, por cierto, la frase que encabeza este Apóstrofe corresponde a Novalis.