UN CHARRO PARA EL MUNDO

               El estereotipo de México en el globo se

               fijó a partir de la figura de Jorge Negrete

Según el historiador y periodista Edmundo Pérez Medina, un día de la década de 1930 un joven llamado Jorge Negrete paseaba con su amigo Guillermo Canales por la Alameda Central de la Ciudad de México, cuando una joven pasó ante ellos y dejó a aquél cautivado, al grado de que, dispuesto a conocerla, la siguió hasta una casona y entró tras de ella sin pensar.

En ese momento, un hombre mayor preguntó al intruso qué buscaba. Sorprendido, Negrete tuvo la suerte de ver un letrero que decía “Academia de Canto de José Pierson”, por lo que armó una excusa para responder: “Vengo a buscar al maestro Pierson, porque quiero tomar algunas clases de canto”. Su interlocutor reaccionó con entusiasmo y dijo: “¡Qué bueno! ¡Venga conmigo! Yo soy el maestro Pierson”. Ese chusco episodio resultaría trascendental para la música popular mexicana.

Vista a la casa de Jorge Negrete, junto a la Plaza del Ropero, al fondo, y la estatua del cantante al lado.

En la zona centro de Guanajuato capital, existe un rincón pintoresco, en el que destaca una fuente adornada con una interesante cruz de cantera rosa. Plazuela del Ropero, se llama. Enfrente, está la estatua de un hombre con sombrero y bigote. Mucha gente se toma fotos junto al personaje, pero sorprendentemente pocos lo identifican. Cuando se enteran de su identidad, no son pocos los que muestran sorpresa, pues a Jorge Negrete, leyenda del cine mexicano y cantante excepcional, casi nadie lo relaciona con la ciudad minera, ya que su imagen de macho bravucón y enamorado lo liga indisolublemente a la tierra del tequila y el mariachi: Jalisco.

No obstante, a un lado se ubica la casa donde aseguran que nació. No se puede afirmar del todo, porque la cercana Silao también lo reclama, e incluso sus habitantes enfatizan que allí está la verdadera vivienda en la que llegó al mundo. Sin embargo, eso no es tan relevante como su destacado papel en la música y el cine nacional: Jorge representó como nadie la figura del charro y el paisaje mexicano, sembrado de agaves y haciendas tequileras, con música de mariachi y en constante fiesta.

La silueta del hombre vestido de charro, sombrero ladeado, al pie de una ventana enrejada, expresando su amor a una mujer de grandes y hermosos ojos, de preferencia bajo la luz de la Luna y, cómo no, en Jalisco, quedó con Negrete grabada para siempre en el imaginario colectivo de México y gran parte del planeta. En realidad, fue mucho más que eso: un personaje polifacético, actor, gran cantante y notable líder sindical.

Jorge Negrete durante su estancia en el Colegio Militar.

Jorge Alberto Negrete Moreno llegó al mundo el 30 de noviembre de 1911. La Revolución Mexicana recién había derrocado a Porfirio Díaz. Apenas cinco días atrás, Francisco I. Madero había asumido la Presidencia de México. Su padre era teniente del Ejército y al parecer descendía del general Miguel Negrete, uno de los héroes de la Batalla de Puebla contra los franceses, el 5 de mayo de 1862, así que la tradición militar formaba parte de su historia familiar.

Su papá, una vez jubilado del Ejército, decidió trasladarse a la Ciudad de México. Allí, Jorge estudió en el Colegio Alemán “Alexander Von Humboldt”, donde aprendió nada menos que cinco idiomas: alemán, inglés, francés, italiano, sueco y hasta un poco de náhuatl.​ Se graduó como teniente de Caballería y Administración en el Heroico Colegio Militar, donde probablemente afirmó el temple y el carácter que suele adjudicársele.

Jorge Negrete se presentó en el Nueva York de la década de 1930.

Luego del episodio mencionado al principio, Jorge comenzó a interesarse en el canto, particularmente en la ópera, aunque el género que le daría fama y fortuna sería otro muy distinto. Curiosamente, nunca volvió a ver ni a saber nada de la dama a la que había seguido. Su mentor era excelente: Pierson había sido maestro de cantantes famosos como Fanny Anitúa, José Mojica, Tito Guízar y hasta de Dolores del Río.

Negrete hizo amistad con otros dos intérpretes: Ramon Armengod y Emilio Tuero. Juntos, decidieron probar suerte al otro lado de la frontera, pero este último desistió, así que finalmente solo viajaron los dos primeros. Luego de una breve presentación en Monterrey, llegaron a Nueva York y probaron suerte en la NBC, con el nombre de The Mexican Caballerous.

La cosa no pasó de allí, así que Armengod regresó a México; Jorge se quedó. Desempeñó varios empleos, hasta que fue invitado a formar parte de la orquesta del cubano Eliseo Grenet, de donde saltó al cine. Debutó en 1937 en Estados Unidos, con un cortometraje de la Warner titulado Cuban Nights. Posteriormente, en México, filmó La madrina del diablo, en la que compartió créditos con María Fernanda Ibáñez, hija de la actriz Sara García, quien al parecer lo había recomendado para el papel. Al siguiente año, actuó en seis filmes más, entre ellos El Fanfarrón y Juan sin miedo, donde canta ya alguna melodía ranchera.

Con Elisa Christy, su primera esposa, Negrete concibió a Diana, su única hija.

En 1941 viajó a Hollywood para filmar la cinta Fiesta. Le llegó entonces la oferta para protagonizar ¡Ay Jalisco, no te rajes!. A partir de entonces, Jorge se convertiría en la máxima figura artística no solo de México, sino de toda Hispanoamérica. Su voz, atractivo personal y arrogancia lo hacían el intérprete perfecto del charro: valiente, machista, parrandero y enamorado, aunque poseedor de inmensa ternura.

Durante la filmación de ¡Ay Jalisco, no te rajes!, Jorge comenzó una relación con Gloria Marín, por lo que un año después se divorció de la también actriz Elisa Christy, madre de la que fue su única hija, Diana. Posteriormente, también tendría un romance con Elsa Aguirre. A partir de allí, fue el intérprete por excelencia de un dueto excepcional de músicos: Manuel Esperón y Ernesto Cortázar. Juntos, harían escuchar la música mexicana en todo el globo, con un impacto que se mantiene hasta la fecha.

Durante la filmación de “¡Ay Jalisco, no te rajes!”, Jorge inició una relación con su coprotagonista, Gloria Marín.

Una cadena de nuevos filmes, hasta sumar 45, lo encumbrarían. No todas fueron comedias rancheras, pero es indiscutible que muchas de ellas, como Cuando quiere un mexicano, Me he de comer esa tuna o Así se quiere en Jalisco definieron una representación de México que aún se mantiene en el mundo.

Gracias a su voz, que sabía modular perfectamente, la imagen de galán cortés —o castigador, si era necesario— le quedó al dedillo. Negrete se volvió el gran ídolo de habla hispana. En Argentina, fue recibido por una multitud y llenó el Teatro Colón, de Buenos Aires, donde cantó, vestido de gaucho, Adiós, pampa mía. El éxito se repitió en Chile y Perú. Era tal su popularidad, que no se podía circular por las calles cercanas a donde se presentaba. Muchas mamás peinaban a sus niños con un copete de lado, como lo hacía Jorge, y los vestían de charros.​

Jorge Negrete a su llegada a España.

En España, durante sus presentaciones, multitudes de mujeres gritaban histéricas y había desmayos. Eso indignaba a las buenas conciencias; era algo nuevo y desconcertante para la recatada sociedad de la época. Los miles de admiradores obligaban a que fuera escoltado por la Guardia Civil, pese a que la ideología liberal de Jorge no era compatible con el gobierno dictatorial de Francisco Franco y a que se habían roto relaciones con el país ibérico, debido a que nuestro gobierno apoyó a la República, el bando perdedor, durante la guerra civil en esa nación entre 1936 y 1939.

En 1942, actuó en una película que resultaría trascendental en su vida: El peñón de las ánimas, donde su coprotagonista fue una debutante de 28 años, María de los Ángeles Félix, la futura “Doña”. Se dice que Negrete, quien había querido que el papel femenino fuera para su entonces pareja, Gloría Marín, hacía todo tipo de groserías a su compañera de reparto. Paradójicamente, una década después, María Félix se convertiría en su última esposa. Bien dicen que, del odio al amor, solo hay un paso.

Teatro Colón, de Buenos Aires, otro de los escenarios triunfales del Charro Cantor.

También en esa cinta lo acompañó por vez primera el Trío Calaveras, que de ahí en adelante se convirtió en su complemento perfecto. Tras recibir, en 1950, la distinción como mejor actor en España, por la cinta Teatro Apolo, Negrete filmó otra obra fundamental, por su impacto en la cultura popular mexicana: Dos tipos de cuidado, en la que compartió créditos con la otra gran figura de esa época, Pedro Infante.

El director de la película, Ismael Rodríguez, tardó años en convencer a las dos superestrellas para que actuaran juntas, luego de cientos de negociaciones y acuerdos. En el filme, destaca especialmente el duelo de coplas, que recurre a la tradición musical huasteca —en la que de verdad se improvisan versos— para crear la atmósfera de enfrentamiento entre “Jorge Bueno” y “Pedro Malo”.

Ernesto Cortázar y Manuel Esperón, compositores de cabecera de Negrete. En la siguiente imagen: el Trío Calaveras, complemento musical ideal del cantante.

Otras películas destacadas son Historia de un gran amor, de 1942, con Gloria Marín, Domingo Soler y Sara García; Gran Casino, dirigida por Luis Buñuel en 1947; Si Adelita se fuera con otro, de 1948; la segunda versión de Allá en el Rancho Grande, hecha en 1949 con Lilia del Valle, Fernando Soto “Mantequilla” y Silvia Derbez, y Tal para cual, con Luis Aguilar, María Elena Marqués y Rosa de Castilla, en 1952.

Hubo otra faceta de Jorge que contribuyó a engrandecerlo: impulsó la fundación del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica de la República Mexicana (STPCRM), que además anexó la Asociación Nacional de Actores (ANDA). Para ello, él y sus compañeros tomaron foros y estudios de cine y resistieron el asedio y las amenazas de gatilleros enviados por Fidel Velázquez, líder de la CTM, y de sus adversarios, quienes además urdieron una campaña en su contra, mediante rumores que aseguraban que en realidad despreciaba el género ranchero, lo que, por supuesto, era falso, como también lo es la leyenda de que negaba ser de Guanajuato.

Mario Moreno “Cantinflas” disputó a Negrete el liderazgo de la ANDA.

Esa lucha también lo enemistó con el actor cómico Mario Moreno “Cantinflas”, quien había sido su contendiente en la disputa por la ANDA, que al final ganó Jorge. Como dirigente, Negrete donó un terreno para el edificio de la Asociación, logró que se creara la clínica de actores y se destinara la mitad de los ingresos de las películas al organismo, lo que revela su condición de líder nato preocupado por su gremio.

EN 1952 se casó con María Félix, en lo que fue calificada como “la boda del siglo”, y un año después filmó El rapto, en la que, además de su esposa figura Andrés Soler. En esa cinta son ya notorias en Negrete las huellas de la enfermedad hepática que lo llevaría a la tumba, pese a que, al contrario de lo que se ve en sus filmes, no consumía alcohol.

Ese mismo año, asistió a una pelea del boxeador mexicano Raúl Ratón Macías en Los Ángeles, California, cuando se le reventó una de las várices del estómago y le produjo una hemorragia. Trasladado al Lebanon Cedars Hospital, falleció el 5 de diciembre de 1953, con apenas 42 años.​ El día de su muerte fue considerado luto nacional y se guardaron cinco minutos de silencio en todas las salas de cine del país.

María Félix y Jorge Negrete protagonizaron la “boda del siglo XX” en México. La tumba de Jorge Negrete en el Panteón Jardín.

El presidente Adolfo Ruiz Cortines ordenó trasladar sus restos en un avión del gobierno federal y su cuerpo se veló en el Palacio de Bellas Artes, cubierto por la bandera. Una valla de cientos de miles de admiradores lo custodió hasta el Panteón Jardín de la capital mexicana.

Contribuyó a su leyenda el hecho de que México lindo y querido, obra del compositor Chucho Monge, pareció predecir el fin de Jorge en el extranjero, pues enfatiza su amor por el terruño, donde desea ser enterrado, tal como ocurrió en la vida real. En su honor, el teatro de la ANDA lleva su nombre, pero el mayor homenaje es que sus interpretaciones aún son escuchadas en el mundo y que su imagen de charro se convirtió virtualmente en símbolo nacional.

Las coplas de Dos tipos de cuidado, con Pedro Infante.