DIEGO RIVERA NO EXISTE
La polémica que el guanajuatense levantó con la frase “Dios no existe”, plasmada en el mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”
Ahí está el mural con el Diego Rivera niño, el Diego de Guanajuato, con su amada Frida Kahlo y José Vasconcelos a su espalda. Diego toma la mano de la Calavera Catrina y ésta, a su vez, va del brazo con José Guadalupe Posada. Al igual que el mural El hombre en la encrucijada, pintado en el Rockefeller Center y luego destruido por el multimillonario estadounidense, el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central estuvo envuelto en la polémica; el primero fue por pintar a Ilich Vladimir Lenin, el segundo por la frase “Dios no existe”, del escritor guanajuatense Ignacio Ramírez “El Nigromante”.
Tras la revolución, la ciudad de México comenzaba a tomar forma de urbe y se construían edificios que contrastaban con los palacios virreinales y porfirianos de su centro histórico. Así, entre 1933 y 1946 se construyó el Hotel del Prado, calificado como uno de los ejemplos más impresionantes de la arquitectura contemporánea mexicana. Carlos Obregón Santacilia fue el constructor del edificio, por el cual obtuvo el Premio de la Exposición de Arquitectura en Estocolmo, Suecia, y el Premio Nacional de Arquitectura.
El Hotel del Prado se ubicó en las calles de Revillagigedo y Avenida Juárez, en el Centro Histórico de la ciudad de México, en el contorno de la Alameda Central, que tiene al Palacio de Bellas Artes como uno de sus emblemas.

Antes de su apertura, que tuvo lugar en 1947, el arquitecto Obregón propuso a Diego Rivera la realización de un mural para el salón comedor Versalles. El tema propuesto para la obra fue la Alameda Central.
El muralista guanajuatense pintó el mural entre julio y septiembre de 1947, con la ayuda de los artistas Rina Lazo y Pedro A. Peñaloza, además de la colaboración del maestro Andrés Sánchez Flores quien ayudó a preparar el muro. Así explicaba el artista el sentido de su obra: “La composición [del mural] son recuerdos de mi vida, de mi niñez y de mi juventud y cubre de 1895 a 1910. Los personajes del paseo sueñan todos, unos durmiendo en los bancos y otros, andando y conversando”
La obra se realizó al fresco y tiene una superficie de 4.17m x 15.67m y pesa 35 toneladas. Tres secciones componen el mural. En la primera, el artista representó la conquista y la época colonial: aparecen Hernán Cortés, Fray Juan de Zumárraga, Sor Juana Inés de la Cruz y Luis de Velasco II.
Luego está la Independencia. Siguen las intervenciones extranjeras, donde se observa a Antonio López de Santa Anna entregando las llaves de los territorios al general norteamericano Winfield Scott, así como la Reforma y el Segundo Imperio, con las figuras de Benito Juárez, Ignacio Ramírez, el Nigromante, Ignacio Manuel Altamirano, Maximiliano y Carlota de Habsburgo.
La sección central comienza con Manuel Gutiérrez Nájera saludando con su sombrero a José Martí, escritores emblemáticos de la corriente modernista. Junto a ellos, se encuentran Lucecita Díaz y Carmen Romero Rubio, hija y esposa de Porfirio Díaz.
Entre estos personajes aparece Diego Rivera, cuando tenía 9 años de edad, en su etapa infantil guanajuatense, antes de ser llevado a la ciudad de México tras la muerte de su padre. Detrás de él, Frida Kahlo, quien en un gesto maternal abraza al artista. La Calavera Catrina da la mano a Diego niño y el brazo a José Guadalupe Posada, creador de la afamada figura.
En la tercera sección, Rivera ilustra los movimientos campesinos y la manera en que se desarrolló la Revolución Mexicana; retrata a campesinos maltratados y el sueño de la justicia; el México moderno es representado por una figura presidencial que está siendo corrompida por la religión, las mujeres y los negocios.
En esta sección aparecen los retratos de Lupe Marín, Ruth y Lupe Rivera, hijas del artista y Rosa Rolanda, pintora y coreógrafa. Diego se vuelve a autorretratar como un niño comiendo una torta.
Todo lo anterior representa un paseo por la historia de México, pero había un detalle que se convirtió en polémica:
En la primera sección del mural aparece la figura del escritor Ignacio Ramírez “El Nigromante”, nacido en San Miguel el Grande, Guanajuato en 1818 y a la edad de 18 años ingresó a la Academia de Letrán, donde pronunció un discurso que iniciaba con la frase “Dios no existe”. Ese hecho quedó ilustrado con un pergamino en que la frase podía leerse.
En junio de 1948, poco antes de la inauguración del Hotel del Prado, el arzobispo Luis María Martínez se negó a bendecir el espacio. Un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional atentaron contra el mural y rasparon tanto la frase como el rostro de Diego Rivera. La obra tuvo que ser cubierta con biombos que se retiraban en pocas ocasiones.

Diego Romero no existe
En 1948, Ismael Rodríguez, uno de los más prolíficos y reconocidos directores de la Época de Oro del Cine Mexicano, comenzó con la filmación de la trilogía de Nosotros los pobres, Ustedes los ricos y Pepe el Toro (filmada hasta 1953 debido a la muerte de Blanca Estela Pavón, la coestelar de Pedro Infante).
Cuando rodaba Ustedes los ricos, estaba en la opinión pública el repudio a la frase que Rivera había plasmado en el mural. Ismael Rodríguez entró al debate y tomó postura en la película contra la herejía del comunista guanajuatense.
En una de las escenas de la vecindad (donde vivían los pobres) se aprecia un muro que con letras grandes señala la frase “¡SÍ EXISTE!”. Era la respuesta al sacrílego pintor, que sacudía el panal de un país con 95 por ciento de católicos.
Rodríguez incorporó al guion a un personaje llamado Diego Romero, apodado “El Cínico”, un hombre alto y robusto, trajeado, vestido de negro y con un sombrero de ala ancha, imagen que parodiaba a Diego Rivera, que en la escena se presenta como alguien que busca pintar unos motivos, a lo que La Guayaba y La Tostada hacen mofa de él y lo mandan a volar. El diálogo lleva dedicatoria:
—Mira, manita, es Diego Romero.
—No, manita, no es. ¿No ves que Diego Romero no existe?
Dios sí existe
Pedro Infante se sumó a la cruzada y poco después grabó el tema “Dios sí existe” (https://www.youtube.com/watch?v=EzN9NNsvnYU). La letra es clara:
“Voy a cantarles el cantar de los cantares. / La bella estrofa de este pueblo del Señor, / estas cruzadas con tu grito en el espacio: / Dios sí existe, lo juraste con ardor.
(…)
México entero, que afirmaste tu creencia / y considera venturoso el porvenir. / Es la fe, que hay en tu pueblo, es arraigada, / que constituye tu grandeza en el vivir, / haciendo un canto interminable que se ensancha / con esta frase que escribimos con amor:
Dios sí existe, pues es la verdad suprema / y a los que duden les otorgue su perdón.”

Siempre sí
Inicialmente, Diego Rivera se rehusó a retractarse, aunque su mural fuera vandalizado. Fue amenazado de excomulgación si no se retractaba, pero él se mantuvo firme.
Ya para 1954 el cáncer lo aquejaba y estaba el ocaso de su vida. Fue a Guanajuato, en donde se le rindió homenaje y tuvo una reconciliación con la ciudad donde nació, pero de la que no tenía buenas opiniones.
En abril de 1956, el año anterior a su muerte, Rivera por fin cedió y cambió la frase de “Dios no existe” por “Conferencia en la Academia de Letrán, el año de 1836”, que sigue siendo una alusión discreta a las palabras iniciales del discurso de “El Nigromante”.
Diego, nacido el 8 de diciembre de 1886, murió el 24 de noviembre de 1957. Su partida física llevó a la revaloración de su mural y su Guanajuato comenzó a reconsiderarlo por su obra por encima de su ideología.
En 1960, el mural fue trasladado al vestíbulo del hotel. Para realizar este movimiento, se construyó una estructura metálica que sirve como soporte para el mural. Ya sin la frase apóstata, se le quitó la cortina que lo cubría en el comedor y se convirtió en atracción turística.
Designio divino u obra del maligno
El 19 de septiembre de 1985, Diosito castigó a los dueños del Hotel del Prado por su sacrílega censura al mural de Diego y mandó un terremoto a destruir al edificio. El restaurante que albergó inicialmente al mural estaba completamente en ruinas, pero el mural, ya en el vestíbulo, se pudo rescatar y sería más tarde desplazado al predio que servía como estacionamiento del Hotel Regis, en las calles de Balderas y Colón, para su nueva ubicación. El mural se protegió con manta de cielo y adhesivos para evitar que se dañara el fresco; además, se cubrió con tableros de madera y hule espuma. En la parte posterior, la estructura metálica se cubrió con espuma de poliuretano.

El 14 de diciembre de 1986 se procedió a realizar el traslado de la monumental pieza. La operación, coordinada por la Secretaría de Obras y Servicios del DDF y la Comisión de Vialidad y Transporte Urbano, duró alrededor de 12 horas y requirió el esfuerzo de más de 300 trabajadores. Tras la colocación del mural, se construyó el Museo Mural Diego Rivera, que se inauguró el 19 de febrero de 1988.
El Museo Mural Diego Rivera se encuentra entre las calles Balderas y Colón s/n, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Las estaciones más cercanas de metro y metrobús es Hidalgo. Se le puede visitar de martes a domingo de 10:00 a 18:00 horas. El costo de acceso es de $35 pesos y entrada libre para estudiantes, profesores, adultos mayores y los domingos.
Ahí sigue el mural. Todo indica que Diego —que no existe— y Dios —que tampoco existe— se reconciliaron.

