Así como hubo mujeres guanajuatenses que tuvieron una importante participación en la guerra de Independencia, las hubo en la lucha por sus derechos políticos en los albores del siglo XX y su papel en la Revolución mexicana.
La primera referencia sobre la lucha feminista en la entidad es la presencia de Juana Belén Gutiérrez de Mendoza (como se estilaba en su tiempo). Originaria del estado de Durango, a principios del siglo XX radicó en la ciudad de Guanajuato, en donde editó en 1901 la revista Vésper que, con el lema de “¡Justicia y Libertad!”, difundía los ideales liberales y anarquistas en oposición al gobierno de Porfirio Díaz y al clero. La represión no tardó y el gobierno local decomisó la imprenta, pero la mujer logró ocultarse para luego huir a la ciudad de México y reanudar su labor periodística. El paso de Juana Belén Gutiérrez fue fugaz en Guanajuato, pero no por ello menos importante: sus letras aportaron más a la Revolución que las balas de los caudillos.
Si bien no tuvo relación directa con Juana Belén, otra feminista, ésta sí oriunda de la entidad, destacada desde la etapa pre revolucionaria, fue Elena Torres Cuéllar. Educadora, de ideas socialistas, periodista y feminista, es ejemplo de mujer revolucionaria comprometida con su tiempo y su gente. Nació el 23 de junio de 1893, aunque otras versiones dan como fecha principios de 1894 (posiblemente se trata de la fecha de registro civil) en el Mineral de Mellado, Guanajuato, y murió en 1970 en la ciudad de México. Escribió algunos artículos contra la dictadura de Porfirio Díaz, con los pseudónimos de Una Guanajuatense y Violeta. Usó su nombre hasta 1915 en La Voz de Ferrer, un periódico de poca duración.

En 1915 trabajó como taquígrafa en el Cuartel General de las fuerzas constitucionalistas y como profesora del Centro de Educación de la Casa del Obrero Mundial. En 1916 asistió al Primer Congreso Feminista de Yucatán y en Querétaro fue parte del grupo que demandó al Congreso Constituyente elevar a rango constitucional el derecho de la mujer a votar y ser votada. Posteriormente se incorporó al equipo de Felipe Carrillo Puerto, formando parte del Partido Socialista de Yucatán, desde donde refrendó las demandas feministas que la distinguían.
Hacia 1919 llegó a la Ciudad de México, donde fue una de las fundadoras del Consejo Nacional de Mujeres y del Partido Comunista Mexicano (PCM), del que se alejó en 1920 para incorporarse al gobierno obregonista.
Desde la trinchera del oficialismo participó en varios congresos desde 1921. En 1922 estuvo en el Congreso Internacional de Mujeres Votantes de Baltimore, en Estados Unidos, de donde surgió la “Liga Panamericana de Mujeres”, de la que presidió la sección América del Norte. Sobresalió por su participación en el Primer Congreso Nacional de Obreras y Campesinas de 1931, celebrado en la ciudad de México en demanda por el derecho de las mujeres a votar y, en su quehacer público; impulsó la impartición de educación sexual en las aulas y criticó la doble moral e hipocresía de los conservadores opositores.
Al consolidarse el régimen post revolucionario, se convirtió en funcionaria de los gobiernos priistas hasta su muerte.
Las maderistas, preludio del movimiento revolucionario
Durante la Revolución Mexicana, las mujeres no sólo cumplieron su valiosa labor como soldaderas: tuvieron una destacada participación en acciones estratégicas y de debate de las ideas. A la postura antirreeleccionista que dio lugar a la insurrección contra el régimen de Porfirio Díaz se añade el afán de reivindicación de los derechos políticos de las mujeres. En Guanajuato, la participación de las mujeres en la gesta revolucionaria cumplió una labor diversa, desde el apoyo logístico hasta el trabajo propagandístico. En ese tenor resaltan guanajuatenses adheridas a la causa maderista.
Las celayenses Eulalia Jiménez y su madre María de los Ángeles Méndez, integrantes del Club Femenil Antirreeleccionista Hijas de Cuauhtémoc. Eulalia participó en una gran marcha a la Cámara de Diputados exigiendo la renuncia de Porfirio Díaz y fue encarcelada junto con su madre. Ambas se sumaron a la causa maderista y se exiliaron en La Habana tras el golpe de estado de Victoriano Huerta. Regresaron a México a finales de 1913. Durante 1914, Eulalia fue comisionada a Texas, Estados Unidos, con el objeto de comprar municiones para la causa constitucionalista y en marzo de ese mismo año se incorporó como enfermera constitucionalista en campaña y colaboró en la tarea de hacer ropa para el ejército revolucionario. Navarrista más que maderista, destaca también la revolucionaria guanajuatense María Guadalupe Moreno, quien nació en el Mineral de la Luz, Guanajuato. Se unió en noviembre de 1910 a las fuerzas del profesor Cándido Navarro en sus actividades previas al levantamiento armado contra el régimen porfirista en la entidad. Organizó mítines en Purísima y el mismo Mineral de la Luz, adquirió armas y parque y difundió el Plan de San Luis. Participó con el general Navarro en la toma de la plaza de Silao, Guanajuato, y en la ocupación de la plaza de San Luis Potosí, S.L.P., en 1911. Luego del golpe de Estado de Victoriano Huerta, en 1913, se volvió a integrar a las fuerzas navarristas en su labor de propaganda en contra del usurpador; difundió el Plan de Guadalupe y desarrolló una campaña de acopio de armas en Guanajuato para combatir al gobierno de Huerta.
Otra guanajuatense de origen minero incorporada a la Revolución fue Celia Espinoza Ramírez. Nació en La Luz, Guanajuato, en 1894. Fue profesora, enfermera y diplomática. También fue maderista y anti porfirista y tras el golpe de Estado de Victoriano Huerta se incorporó a la Cruz Blanca Neutral. Al año siguiente fue asignada como secretaria particular del ministro de Educación, durante el gobierno de Venustiano Carranza en Veracruz. En enero de 1919 fue nombrada canciller de primera en el consulado de México en San Francisco, California. Tras el derrocamiento y muerte de Carranza, renunció a su puesto diplomático.
Francisca Manrique Guillén fue una profesora maderista que enfrentó también a Díaz y a Huerta. Nació en el mineral de San Pedro Gilmonene, Guanajuato, en 1892. Como militante del Partido Nacional Antirreeleccionista, hizo propaganda contra el régimen porfirista. En 1910 tomó parte en la realización de la Gran Convención Nacional del Tívoli del Elíseo. Apoyó la campaña presidencial de Madero en el Distrito Federal y se incorporó al Club Femenino Lealtad para enfrentar a Huerta hasta la entrada del Ejército Constitucionalista en la Ciudad de México, en 1914.
También resalta el papel de María Guerrero Manrique, quien nació en la ciudad de Guanajuato el 14 de septiembre de 1902. Fue hija del periodista Isidro Guerrero, liberal identificado con el régimen porfirista, pero integrante de una familia que habría de sumarse a la causa constitucionalista. Por eso en 1916 María Guerrero se unió al bando carrancista como enfermera militar. Atendió heridos caídos en batalla y de su bolsa adquirió medicamentos para los soldados. Estuvo en combates contra fuerzas villistas y zapatistas en el estado de Hidalgo y parte de Veracruz, durante 1916 y 1917. Obtuvo su baja el 19 de noviembre de 1917 para continuar sus estudios. En 1968 se le reconoció como Veterana de la Revolución.