Inicio Temas Equis EL LAMENTO DE LA LLORONA

EL LAMENTO DE LA LLORONA

0

Dicen que el alma en pena y su tenebroso

lamento todavía espantan en Guanajuato

A la salida del Túnel Santa Fe, en la Glorieta de San Clemente, hace algunas décadas aún podía verse el río. Cuando se pobló la ladera contigua, que asciende al Cerro del Cuarto, los habitantes cruzaban el cauce sobre piedras, las cuales resultaban inútiles en época de lluvias, pues las aguas conjuntas del río de Cata y el arroyo de Durán formaban una impetuosa y peligrosa corriente. Entonces, la alternativa era encaminarse al Callejón de Terremoto, y luego, al del Charro, para llegar a casa.

Los pobladores no osaban aventurarse fuera del hogar después de medianoche. La razón: el temor a la aparición de La Llorona. No eran pocos los que relataban, con cara de espanto, la terrible experiencia que habían pasado al toparse, junto a la corriente, con la espectral presencia de una mujer de largo cabello y rostro cadavérico, en el mejor de los casos, o aún peor, con una dama que poseía cara de espantoso equino que emitía el lúgubre y conocido lamento: “¡Ayyy… mis hijos!”.

Uno de los túneles de arroyo de Durán.

Todos en México han escuchado alguna vez la historia del alma en pena de una mujer que ahogó a sus hijos y luego, arrepentida y maldecida, los busca durante las noches por ríos, pueblos y ciudades, asustando con su sobrecogedor llanto a quienes la ven u oyen. La ciudad de Guanajuato, edificada a ambos lados de un río y poseedora de viejas construcciones de gruesos muros, pareciera ser uno los sitios predilectos de la popular fantasma para hacer de las suyas.

El río que baja del mineral de Cata se une al arroyo de Durán bajo lo que hoy es el Instituto Ignacio Montes de Oca, mejor conocido como IIMO. Desde mediados de los años 1980, ese tramo fue embovedado desde San Luisito hasta la glorieta de Dos Ríos, y con ello se perdió el curioso espectáculo de dos corrientes que se deslizaban por varias decenas de metros sin unirse, fácilmente identificables por el distinto color de sus aguas: gris-blancuzco las del primero y marrón las del segundo. No fue lo único que dejó de verse: también lo hicieron las apariciones de La Llorona.

El acueducto de Pastita, donde se han reportado apariciones.

Sin embargo, tan adecuado es el entorno del antiguo Real de Minas guanajuatense para el ubicuo espectro femenino, que siempre encuentra nuevos rumbos donde manifestarse. Así, no son pocos los habitantes de Pastita ―donde afortunadamente el cauce del río que baja de Las Palomas sigue a cielo abierto― que mencionan haberla visto… y escuchado. Resulta difícil mostrarse incrédulo: por ejemplo, todos los viajeros de un vehículo que pasó recientemente por allí, de madrugada, aseguran que una mujer vestida con andrajos y con el pelo hirsuto cruzó la calle, cerca de los arcos del acueducto, literalmente flotando, para desvanecerse en el aire al llegar al arroyo. Inmediatamente después de la visión, un llanto lastimero llenó el ambiente.

Rutas del alma en pena: el río Guanajuato en el Camino Antiguo de Marfil y el arroyo del Tajo de Adjuntas.

Los vecinos de Marfil no se quedan atrás. Varios de quienes habitan cerca del río Guanajuato han sido víctimas de terribles sobresaltos, debidos a la arrepentida ánima de ultratumba y su horripilante grito. El singular paisaje nocturno del área, particularmente en la Calle Jalapita, contribuye a que las impresiones de los peatones que deambulan a altas horas de la noche sean particularmente intensas. Coincidentes son los relatos de algunos arrieros que han viajado del Mineral de La Luz a la ciudad por el camino del Tajo de Adjuntas y su riachuelo adjunto.

Por cierto, la atmósfera virreinal de Guanajuato favoreció que la ciudad fuera elegida para filmar la película La Llorona (René Cardona, 1960), drama trágico que cuenta cómo una mujer mestiza de la Nueva España se enamora de un aristócrata español, es engañada y en venganza, asesina a sus hijos, maldiciendo a su descendencia. La historia se traslada posteriormente al siglo XX, donde la protagonista (María Elena Marqués) reencarna para cumplir la maldición intentando matar a un niño.

María Elena Marqués como “La Llorona” en la película del mismo nombre filmada en 1960 en Guanajuato.

Así, pese a los avances de nuestros días, donde basta apretar un botón para iluminar los espacios oscuros, hay todavía quien, al deambular por la Calle Subterránea, tras dejar su auto estacionado, se ha visto presa de la desagradable sensación de sentirse observado y, al voltear la cabeza, ha presenciado con asombro el rostro macabro de una mujer que parece observar al noctámbulo con sus cuencas vacías, antes de emitir su sobrecogedor sollozo en reclamo de sus hijos perdidos…

Cuentan que la aparición deambula por la Subterránea, antiguo río.

SIN COMENTARIOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Salir de la versión móvil