DULCES SUSPIROS EL EMPRENDIMIENTO QUE SURGE DESDE LOS SABORES DE LA MEMORIA

Cada período vacacional, la Casa de las Artesanías, en plena Plaza de la Paz, se llena de vida con los colores y formas de las piezas hechas por manos guanajuatenses: latón, lana, cerámica y piel conviven entre sí con la madera, la cera, el vidrio, el popotillo… todo lo que pueda surgir de la prodigiosa mente de un creador.

Entre los muchos puestos destaca uno, es el de Guillermo Alonso Calderón Miranda y sus Dulces Suspiros. Desde su stand brotan verdes, anaranjados, amarillos, rojos… colores intensos que nos recuerdan que estamos en México —¡en Guanajuato mismo! —, donde todo se viste de tonalidades alegres.

Los colores corresponden a las variedades de cacahuates que tiene disponibles en ese momento: una gama de sabores que no deja de crecer, gracias a su curiosidad constante por experimentar. Porque para él, mezclar ingredientes, combinar especias y adentrarse en el universo de aromas y sabores, es mucho más que cocinar: es una forma de vivir.

Guillermo Alonso Calderón Miranda elabora y expende personalmente los productos de su marca: Dulces Suspiros.

Y es que en la cocina no sólo se preparan alimentos. Ahí se cuecen historias, se transmiten secretos familiares y se comparten recuerdos que van arropando las infancias de los más pequeños manteniendo esa llama encendida a lo largo de su vida.

El hogar de Guillermo, como sucede con muchos otros en México, tiene su corazón en la cocina. Y es ahí en donde nace su inquietud y el amor por preparar alimentos propios, únicos e irresistibles.

“Yo veía a mi papá y a mi mamá cómo cocinaban. Me gustaba mucho verlos. Incluso, yo empecé estudiando otra cosa, pero la gastronomía me gustó más. Mi mamá es antropóloga social y tomó un curso de gastronomía, y ella fue la que me animó a echarle ganas. Yo veía cómo ella y mi papá cocinaban y mezclaban los productos. Y surgían los sabores, los olores. Todo se va mezclando en la cocina”.

La cocina mexicana posee esa magia: une generaciones, teje afectos y guarda memorias.

“Cuando se es joven no se le toma tanta importancia a esto, pero cuando descubres que a las personas les va gustando, tu interés crece”.

Así descubrió que cocinar es crear un lenguaje propio y no solamente una habilidad aprendida. Para él, el registro de lo aprendido a lo largo del tiempo está guardado en sus manos. Al preparar sus recetas sabe que debe conquistar el paladar de sus clientes, y al conseguirlo, despierta en ellos emociones, intuiciones y recuerdos

Fue así como hace diez años nació Dulces Suspiros, un emprendimiento en el que lo azucarado se mezcla con lo salado y las especias ayudan a crear sabores originales que hacen de las botanas toda una experiencia de sabor único, pues sólo existe ahí, en ese pequeño stand que atiende Guillermo con orgullo.

Llegar hasta este punto no ha sido fácil, el crecimiento se ha dado de forma paulatina entre prueba y error, recomendaciones, opiniones de clientes que regresan por más producto.

“Hago unos cacahuates que son sabor mango, naranja, salsa inglesa, rancheritos. Los cantineros llevan ajo, sal, chile cascabel y chile de árbol. Las especias son muy importantes. Tengo pensado sacar en un futuro cacahuates con ajo y cebolla”.

Para Guillermo, la cocina es una especie de laboratorio en el que se crean experiencias nuevas para el paladar: “Es como hacer ciencia. Me impulsa y me inspira el encontrar sabores distintos. Esa es la motivación de todo chef”.

Además de la gran variedad de cacahuates, también hace mermeladas de mango, zarzamora, frambuesa e higo, así como granola casera.

La gastronomía artesanal, como la de él, es un tesoro para el que no siempre hay rutas marcadas y caminos domados. La competencia con productos industrializados complica la situación, mas no lo hace imposible.

Hay una gran diferencia entre las botanas al por mayor y las de Guillermo, él las ofrece reflejando que vive de lo que ama hacer. En cada producto de Dulces Suspiros hay una búsqueda honesta por preservar la calidez de lo hecho en casa, por recordar que la comida no sólo se consume: se escucha, se huele, se comparte y, sobre todo, se siente.

Variedad de cacahuates, mermeladas de mango, zarzamora, frambuesa e higo, así como granola casera, forman parte del catálogo de Dulces Suspiros.

La historia de Guillermo es como la de muchos jóvenes que, en algún momento, miraron con fascinación cómo sus madres o padres cocinaban sin recetarios, tan solo con la intuición que da la experiencia y el afecto. Pero también es la historia de alguien que decidió transformar esa memoria en una propuesta gastronómica propia, viva, en constante evolución.

Así, lo que comenzó como un gusto heredado en la cocina familiar, hoy es un proyecto que se mantiene fiel a su origen: el de preparar botanas, mermeladas y granola con esmero, curiosidad y cariño. Esa es quizá la esencia de lo artesanal, lo que lo distingue en un mundo saturado de productos impersonales: que detrás de cada frasco, cada bolsa de cacahuates, cada cucharada de mermelada, hay una historia, una intención y un rostro.

Guillermo estará en la Casa de las Artesanías hasta el día 3, pero también se le puede encontrar en ferias, vendimias y eventos con la marca Guanajuato. Para conocer más de sus productos, puedes buscarlo en redes como Guillermo Alonso Calderón Miranda o Dulces Suspiros, o bien, contactarlo vía WhatsApp al 462 158 5046.