Cantaba de niña, pero nunca soñé vivir del canto: Lourdes Ambriz (1961-2025)
La soprano tuvo interés por crecer en México; el mundo fue extensión de su trabajo y con ello puso en alto el nombre de su amado país
Ella abrió el cajón de sus recuerdos y su corazón para compartir sus más tiernos anhelos; llegó a ser la adulta que soñó ser de niña
“La síntesis de mi labor artística es amplia, con experiencia en diferentes ámbitos. Por un lado, en los escenarios que tanto atesoro por la fortuna de poder conocer diferentes estilos y tener vivencias variadas en el ambiente escénico. Por otro, la experiencia musical, la del repertorio, que para mí es motivo de mucho gozo y de enorme satisfacción”, declaró la internacional soprano mexicana Lourdes Ambriz.
Entrevistada el 24 de marzo de 2017 por quien esto escribe en su calidad de intérprete de bel canto, aseguró que la vida le regaló mucho más de lo que ella misma hubiera podido soñar de niña o adolescente. De pequeña, añadió, nunca creyó que podría llegar a dedicarse de modo profesional a la música. “Cantar me gustó desde chica, y pensé que me acompañaría el resto de mi vida como parte de un gusto personal, pero nunca pensé que fuera a ser mi profesión”, abundó. Ahora recuperamos esa entrevista para rendirle un homenaje mínimo y recordarle.
Abrió sus recuerdos y su corazón para compartir que, sin embargo, muy joven comenzó a trabajar en el ámbito de la música, aún cerca de su infancia. Ya instalada en ese punto, tampoco sabía hasta dónde iba a llegar, ni por dónde. Para ella, el hecho de cantar en un escenario fue algo que consideró casi como un milagro de su buena suerte, por eso pensó que lo que viniera, serían regalos de la vida, coincidencias afortunadas que le darían la gran oportunidad de cantar profesionalmente.

Nunca visualizó un futuro. Fue viviendo el día a día con agradecimientos, pensando que cada momento era fantástico y maravilloso. Por eso siempre siguió trabajando con amor y pasión por el canto. “Esa sensación de mirar atrás y hacer un balance de mi vida me llegó un poco tarde, porque siempre fui una cantante joven. Entonces, al ver que en los repartos ya no era la cantante más joven, tuve otro gozo: el de poder apoyar a las nuevas voces”.
Reconoció que lo que realizó en los escenarios fue algo que nunca esperó, para lo cual no creyó tener capacidad suficiente. Al presentársele cada oportunidad, Ambriz se preguntaba a sí misma qué podía ofrecer. “Los ejercicios de autovaloración son parte de la vida, particularmente de la de los músicos, porque nos obsesiona saber cómo suena lo que hacemos comparado con otras versiones que conocemos y qué hacer para mejorarlo”.
En 2017, la maestra Lourdes Ambriz tenía más de 30 años de experiencia en el campo de la ópera y el canto. Había participado con casi todas las orquestas de México y presentado en los principales escenarios de diversas naciones alrededor del mundo, entre ellas Francia, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Alemania, Bélgica, Brasil, Grecia, Venezuela y Bolivia. En México, estuvo considerada entre las voces más valiosas de la ópera de entonces.
Tuvo su debut profesional con la Compañía Nacional de Opera del Instituto Nacional de Bellas Artes en 1982 en el rol de “Olympia” en los Cuentos de Hoffman y formó parte del grupo Solistas de México dirigido por Eduardo Mata, con quien también colaboró en dos grabaciones de obras de Manuel de Falla, El sombrero de tres picos con la Dallas Symphony Orchestra y El retablo de maese Pedro al lado de esa importante agrupación.
El tiempo y el andar por los escenarios le enseñó que, así como un médico se pone al día a través del conocimiento de las nuevas tecnologías y la lectura de la más moderna literatura médica, los cantantes se deben mantener vigentes escuchando a otros y viendo representaciones, ya sea en vivo o en grabaciones, y leyendo para conocer todo sobre la obra que está por actuar y cantar, para lograr una interpretación lo más completa posible.
La entrevistada, quien cantó con la mayoría de las orquestas de México y con las orquestas de Cámara de Saint Paul, Sinfónica de Dallas, Sinfónica de San Francisco, del Centro Nacional de las Artes del Canadá, Simón Bolívar de Venezuela y la Academia Alemana de Cámara, habló en aquella ocasión de su internacionalización: “Me ha ido muy bien, y aunque he tenido muchas experiencias agradables, me concentro más en el medio musical nacional”.

En 1990 realizó gira por España con el grupo de Solistas de México dirigido por Eduardo Mata y ese mismo año doblo las canciones de la película La bella y la bestia de Disney, como la voz de “Bella”. En 1991 hizo su debut operístico en Europa cantando el papel de “Marina” en la Ópera de Málaga. En 1992 giró por 12 países europeos, en 1993 y 1996 por Sudamérica, y en 1995 por Estados Unidos con el grupo de música antigua Ars Nova.
A pesar de lo anterior, y de que en 1993 representó honrosamente a México en el Festival Europalia en Bruselas, Ambriz se interesa en todas las diferentes versiones de la música y en México tuvo la oportunidad de practicarlas. Fuera del país realizó conciertos de ópera, y música antigua y contemporánea, pero eso, aseguró, fue sólo una extensión de la práctica que realiza a nivel nacional en México, y no una carrera mundial independiente.
María de Lourdes Ambriz Márquez nació el 20 de julio de 1961 en la Ciudad de México y falleció, víctima de cáncer, el pasado 28 de agosto, a los 64 años. La cantante de ópera fue madre de dos hijos. Permaneció activa en el ambiente artístico de 1982 a 2024, y ocupó los cargos de subdirectora artística (septiembre 2014) y directora titular (octubre 2015-diciembre 2017) de la Compañía Nacional de Ópera.

