NACHO NAVARRO: UN QUIJOTE QUE CABALGA POR UNA VENTA LLAMADA CUÉVANO
Charla con un caballero andante desfacedor de entuertos teatrales.
En un lugar muy manchado, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que parlé con un hidalgo, de los de libros en venta y palabra grácil y ligera, sin lança en aftillero ni adarga antigua.
Yo, el Sancho Pança de Pedrones, hablé con ese hombre flaco como su rocín imaginario. Luce barbado y solemne después de una función y lleva su bacía que evoca al Yelmo de Mambrino. El caballero andante, que en su alucín lo mismo es don Qvixote que don Alonso de Quijano o don Miguel de Cervantes Saavedra, para la entrevista muestra un momento de cordura y se identifica;
“Bellaco caballero —ése soy yo—: sabed que yo soy Ignacio Navarro Camarena, nací en la lejana León de los Aldama, en el 20 de octubre del Año del Señor de 1962”.
Nacho Navarro es un personaje que suena en esa cañada de La Mancha cuevanense: docente, actor, librero y corrector de estilo. Su cuerpo delgado y su barba y cabellos ya canos lo semejan con el personaje que creara Cervantes y que en diversas actividades lo representa para leer fragmentos de la obra cervantina, para ser parte de la escenografía de alguna actividad de la cultura y para ofrecer un espectáculo de monólogo llamado Los sueños de don Quijote.

El actor cuenta su historia:
“Desde 1982 que llegué a Guanajuato me empezó a cautivar la ciudad. Empecé a participar en grupos y ya muy cercano a los años 90 se me ofreció la oportunidad de trabajar teatro en la Casa de la Cultura y el Instituto Estatal de Cultura en diferentes representaciones que daban realce al teatro de aquí y se presentaban en el Festival Internacional Cervantino”.
Su primera participación fue en 2001 con La vida es sueño, teatro clásico de Pedro Calderón de la Barca. En 2005 tuvo la oportunidad de hacer El Quijote gracias a la dirección de Miguel Martínez, “reconocido hombre de teatro en la entidad”, “y de ahí en adelante he seguido participando en teatro por mi cuenta a través de un proceso de reunión con algunos amigos”. Actualmente tiene un grupo que se llama “De Leyenda”.
De 2005 y hasta 2016 el personaje de don Quijote “estuvo sepultado”. Fue la celebración de los 500 años de la edición de la gran novela de Cervantes lo que “revivió” al Caballero de la Triste Figura representado por Nacho.
De ahí surgió la propuesta de un monólogo que lleva a la reflexión en torno a la obra y pensamientos cervantinos, con una mezcla de humor y filosofía, de música y fina irreverencia a un Quijote que viene del pasado y que a la vez se inserta en una modernidad con sus vicios y virtudes propias.

Nacho ofrece un monólogo con diferentes versiones, acotadas a la circunstancia y ajustadas a una diversidad de públicos:
“Me gusta interactuar con el público, hacerlo parte de la representación; como decimos en teatro romper la cuarta pared, ir hacia él y entonces sentir que de ahí se empieza a generar una sinergia que a veces da notas”.
El actor a veces es Cervantes, otras más es don Alonso y termina como el Quijote para regresar arbitrariamente a los dos anteriores. El público se convierte en Dulcinea y otros personajes. A veces el público habla, aclara Nacho, otras no, pero siempre participa. Ese brinco de un personaje a otro es intencional:
“Hago que el público se confunda un poco, pregunto ¿Quién es este personaje? y a veces la gente sabe, a veces no. Es hacerla pensar un poquito y apelar al conocimiento que pueda tener sobre el Quijote”.
En el monólogo hay un trabajo de fondo musical:
“Lo de las canciones lo he ido integrando poquito a poco. A veces la gente sabe las canciones, a veces no. También he presentado sin voz, sólo cantando yo”. Para el entrevistado, la respuesta del público como parte del canto es también una parte de sus retos:

“Que la gente se remita a una canción tan conocida como ‘Sueño imposible’, que está en el musical de El hombre de la Mancha“. Es la referencia al musical del norteamericano Dale Wasserman, con música de Mitch Leigh y letras de Joe Darion, basado en la obra de texto para la televisión Yo, Don Quijote, también de Wasserman. La versión que Nacho ofrece es la traducción al español.
Este año, Nacho no participará en FIC:
“Tengo que cumplir con algunos compromisos contraídos ya con anterioridad”.
Y entonces termina la charla, acomoda su bacía y monta su imaginario jamelgo, para apuntar con su adarga hacia molinos de viento que se yerguen cual gigantes retadores, para seguir desfaciendo entuertos en su calidad de docente, actor, librero, corrector de estilo y asesor de tesistas. A veces recupera por un rato la cordura y aparta libros de historia, periodismo y otros temas que, como le pasó al Caballero de los Leones (y no precisamente del Cerro de los ídem), le generan una locura que se convierte en letras.

