¡AAAYYYYYY, MIS HIIIJOOOOOOSSSS! LA LLORONA VOLVIÓ
En 1993, por estas fechas, nació en la capital del país el espectáculo multidisciplinario “La Llorona”. Desde entonces, y de manera ininterrumpida, la puesta en escena suele conmemorar un momento histórico de esta nación, o dar voz a algún hecho actual o sobresaliente que merezca voltear la mirada para recordar y tomar conciencia social.
Consecuentemente, la temporada XXXII que ya inició y terminará el 16 de noviembre, se titula La Llorona. El último latido del agua, para evocar la conmemoración de los 700 años de la fundación de Tenochtitlan, que se remite al momento en que los antiguos pobladores encuentran al águila sobre el nopal devorando la serpiente en medio del lago.
Ese lago que, al ser un lugar hostil para la vida, finalmente se convirtió, gracias al trabajo y perseverancia, en la cuna del Imperio Mexica y con ello parte de historia de esta gran metrópoli. “La Llorona” incluye música contemporánea con instrumentos modernos y prehispánicos, cantos en náhuatl, danzas prehispánicas de tradición y teatro profesional.

Tiene por escenario natural la zona chinampera de Xochimilco, en la entrañable Laguna de Tlilac, lugar único en el mundo donde los elementos como el agua de los canales, el viento nocturno, los sonidos de las aves y el soplar del viento entre los ahuejotes, son el marco perfecto para revisitar a un México que fue y seguirá presente en Xochimilco.
La zona, con sus canales y chinampas, es un espejo apuntando hacia el pasado, y una gran oportunidad de mirar hacia el camino recorrido para recordar las voces de quienes nunca se fueron. Este espectáculo se presenta durante los meses de octubre y noviembre, debido al misticismo que se crea por la tan arraigada celebración del Día de Muertos en México.
El espectáculo hace del lugar un sitio mágico, casi irreal dentro de esta grandísima urbe de la Ciudad de México. Renovándose año con año para sumarse a las celebraciones del Día de Muertos, ofrece una experiencia artística y cultural única en su clase a quienes buscan con interés vivir en carne propia la leyenda de inmenso valor para los mexicanos.

Asimismo, la representación de “La Llorona” emplea elementos que permiten el rescate, difusión y conocimiento de la música y danza prehispánica, disciplinas que forman parte de nuestra identidad como descendientes de culturas ancestrales. Gracias al acercamiento con diferentes instrumentos musicales de origen prehispánico, el público es fascinado.
Escuchar instrumentos como huehuetl, teponaxtle, tambor yaqui (o de agua), caparazón de tortuga, tambor huave, tenabaris, cinturón de pezuñas, raspador yaqui, ocarinas, flautas de carrizo y de barro, caracoles, silbatos de barro, silbatos de Tláloc y de muerte, y palo de lluvia entre otros, hace volar la imaginación hasta los años de la Gran Tenochtitlán.
Esos instrumentos, de los cuales varios hoy en día sólo se observan en museos, hacen acto de presencia en este espectáculo, fusionando sus sonidos con los de instrumentos contemporáneos como el violín, guitarra, arpa, bajo, flauta, marimbol, tarola güiro, y percusiones. La música es pieza fundamental en el desarrollo de la atmósfera histórica.
En la obra, se deja ver que los rumores de seres extraños aproximándose al Anáhuac se habían extendido por los cuatro rumbos, sonidos ensordecedores rompieron la armónica cotidianidad de estas tierras y el espejo del cielo, Xochimilco, agitaba sus cristalinas aguas anunciando el final de una era. Iniciaba el encuentro de dos mundos distintos.

Cuando los conquistadores españoles irrumpieron en el desarrollo del pueblo Xochimilca, “Nahui” se encontraba en la víspera de la llegada de su pequeño hijo, muy ilusionada por mostrarle el mundo que lo recibiría, por contarle las historias de sus abuelos, por cantarle las canciones de su pueblo sin pensar que una nube gris anunciaba una tormenta fatal.
Los contrastes entre dos formas de ver y entender la vida tienen lugar en La Llorona. El último latido del agua, que narra lo acontecido cuando el pueblo xochimilca es visitado por el Tercio de Avanzada del Capitán Pedro González de Trujillo y el Sargento Juan de Aranjuez y Alvarado, quienes prometieron libertad a un pueblo sometido y con ansias de recuperar lo perdido.
Pero el gobernante xochimilca, “Yaotécatl”, no termina de comprender los verdaderos motivos que mueven a ambos seres y encuentra en un viejo soldado la voz que le guía ante el inminente cambio que comenzó justo en el instante en que sus plantas tocaron el suelo Xochimilca. Se trata de una historia humana que llama a no olvidar el pasado.

Como desde hace más de tres décadas, basado en una de las leyendas con mayor arraigo dentro de la cultura mexicana y siempre adecuado a los temas nacionales del momento, el espectáculo se presenta en la zona ecológica y chinampera de la Alcaldía Xochimilco, en la Laguna de Tlilac, las trajineras salen del pintoresco Embarcadero de Cuemanco.
Los habitantes de la zona, quienes han dado vida al espectáculo, se resisten a dejar morir su cultura, sus tradiciones, creencias y celebraciones. Caso particular ocupa el Día de Muertos. Por su riqueza artística y cultural, en 1987 la UNESCO nombró a Xochimilco Patrimonio Cultural de la Humanidad y, más tarde, en 2011, ingresó a la Asociación Mexicana de Ciudades Patrimonio, cuyas chinampas fueron oficialmente reconocidas.
Se les reconoció como sistema importante del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM), y como Patrimonio Agrícola Mundial por la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el 2018. En síntesis, se trata de un espacio digno de ser visitado y más aún en estos días donde “La Llorona” ha retornado con una nueva historia.

