EL SALÓN TENAMPA CUMPLE 100 AÑOS
Refugio de estrellas, donde José Alfredo tuvo su última borrachera
Al término de la Revolución Mexicana, el país construía su nacionalismo cultural y la imagen del mariachi se constituía en la referencia icónica de la mexicanidad, junto con la música ranchera que resonaba en la gran industria mediática del momento: la radio, que era eco de la incipiente industria discográfica.
El charro surgió del caporal del centro y occidente de México, pero Jalisco fue el elegido para ser su cuna marcada por el imaginario popular; el traje del charro se trasladó a la figura del mariachi, y como “de Cocula es el mariachi y de Tecalitlán los sones”, era necesario llevar a la capital del país a ese estado del tequila.

Fue por eso que Juan Hernández, músico jalisciense, abrió en 1925 un lugar en plena Plaza Garibaldi, evocador de las cantinas y el canto de donde se dan los machos que no se rajan. Fue una cantina que evocaba el espíritu de Cocula. Invitó a un pequeño grupo de paisanos músicos y convirtieron el lugar en el centro de mariachis.
Juan era comerciante y con esa visión promovió la creación del “Mariachi Cocula”, de Concepción “Concho” Andrade, y del “Mariachi Reyes”, de José Reyes.
El Tenampa, que tenía como lema “Aquí es Jalisco” (otras versiones señalan que ése fue su nombre inicial), estaba en un pequeño local, al lado de una vecindad. Fue primero una cantina de tantas, sencilla, de mesas largas y mucho tequila, con la variante de tener mariachis a la mano de manera permanente.

Con la década de 1930 el mariachi llegó al cine sonoro y se hizo más elegante y sonaba mejor gracias a la incorporación de las trompetas, que iban dejando atrás al arpa y la jarana. Cuando Juan Hernández murió, el negocio fue atendido por la tapatía Amalia Díaz y con ella el lugar comenzaba su era de gloria en la década de 1940, la llamada “Década de Oro del Mariachi” en la Plaza Garibaldi. Esa gloria la dio otro oro: el del cine, pues se convirtió en un set natural para decenas de filmes.
Pedro Infante actuó en varias películas filmadas en El Tenampa: La más emblemática es Gitana tenías que ser, donde canta “Mi Tenampa”, interpretando a un mariachi del salón. Mario Moreno “Cantinflas”, también cliente asiduo, usó como escenario El Tenampa para su película El Potrero. Lo mismo hizo Germán Valdez “Tin-Tan”.
Cantantes y actores quedaron embelesados por el lugar, cercano al teatro Blanquita y otros escenarios del centro de la ciudad: pasó de ser locación a lugar de encuentro y convivencia. Por ahí pasaron personajes como Lucha Reyes, la primera grande de la canción ranchera, junto con los clásicos Jorge Negrete, Javier Solís, Lucha Villa, Amalia Mendoza, María de Lourdes, Miguel Aceves, Agustín Lara, Pedro Vargas, Enriqueta Jiménez y Lola Beltrán, entre muchos otros.

Ya para la década de 1960, El Tenampa era espacio predilecto de las estrellas de la música ranchera y pasó a ser el espacio de momentos de desahogo, como el que tuviera José Alfredo Jiménez en 1973 cuando los médicos lo declararan desahuciado por tener destrozado su hígado por causa del alcohol.
Le dijeron que le quedaban unos meses de vida y él reunió a sus amistades y se encerraron ahí en una borrachera de tres días. Existe la versión de que con él estuvo Chavela Vargas, también asidua clienta del lugar, pero la familia del compositor no reconoce esa versión.
José Alfredo Jiménez ahí se despidió de la vida, en el lugar donde compuso la canción “Mi Tenampa” como homenaje al hogar de cientos de melodías. Otro asiduo a las borracheras en ese recinto de libación, Cornelio Reyna, compuso otra canción dedicado al lugar: “Ay, cuántas veces me han sacado del Tenampa, ya bien borracho y con un nudo en la garganta”.
El Tenampa tuvo vida de cantina, con trifulcas al calor de las copas.

La década de 1970 fue la de la televisión y el cine de charros daba paso al de ficheras. Para los propietarios de El Tenampa, la suerte estaba echada y la fama no los echó a dormir: en 1976, el local fue ampliado para darle la apariencia actual, que tiene carácter de restaurant-bar y ya no de cantina. La música ranchera comenzó a quedar en niveles menores, pero el lugar pasó a vivir principalmente de sus recuerdos y gracias a ellos se convirtió en espacio turístico.
Agregaron espacios y colocaron retratos y murales que hablan del México bravo. Lo hicieron más restaurante, con gastronomía jalisciense como base y se hizo más familiar, con el ponche de granada como especialidad de la casa, servido en un jarrito de barro con tequila y nuez quebrada, y se produce de manera artesanal por la misma familia desde hace ocho décadas.
Ya sin ser locación de cine, pero como parte de la rutina de conocer la historia de la ciudad de México, para finales del siglo XX llegaron al Salón Tenampa personajes como Luis Miguel, Óscar de la Renta, Regina Orozco, Vicente y Alejandro Fernández, Laura León, Steven Baldwin, Enrique Bunbury, Gloria Trevi, Paulina Rubio, Ricardo Arjona, Joaquín Sabina, Forest Whitaker, Jaime Camil, Omar Chaparro, Martín Urieta y otros más, entre ellos el mismísimo Carlos Slim.

Políticos y escritores, entre ellos Carlos Monsiváis, quien —narran los meseros— se llegó a amanecer con Chavela Vargas, cantando en la barra y sin querer retirarse. Otros, como Sabina, han brindado “palomazos”.
En octubre de 2005 ahí celebraron los 100 años del Mariachi en la ciudad de México. Ahora fueron los 120 y preludiaron otras rememoraciones, en especial el recuerdo a José Alfredo, muerto el 23 de noviembre de 1973 y que en 2026 se celebrará su natalicio.
En el corredor de Garibaldi está la secuencia de esculturas de quienes dieron fama a la plaza: en El Tenampa están los murales con su rostro. A celebrar con tequila este centenario.

