MONGOLIA Y MÉXICO, 50 AÑOS DE AMISTAD
Todavía, ciudadanos de México y Mongolia recuerdan con singular emoción el día que ambas naciones reanudaron sus relaciones diplomáticas. Fue el 24 de septiembre de 1975 y, desde entonces, han mantenido una reciprocidad que abarca áreas como la cooperación cultural, comercial y política. Esa emoción se aviva hoy, con una exposición festiva.
Diversos son los acuerdos bilaterales firmados, como el que atañe a los Intercambios Culturales, el que se refiere al Establecimiento de Mecanismos de Consulta de Políticas, y otro sobre la Supresión de Visas en Pasaportes Diplomáticos y Oficiales. En 2023, el comercio entre México y Mongolia ascendió a 1.5 millones de dólares. Ejemplo:
México exporta a Mongolia, principalmente, chocolate de la más alta calidad, pasteles, herramientas y máquinas de procesamiento de datos, refrigeradores para casa habitación y comercios, y medicinas. Mongolia vende a México herramienta industrial y agrícola, ropa, y resistencias eléctricas para diversos usos. Cada año el intercambio crece más.

Al festejo por los 50 años del restablecimiento de esas relaciones, se ha sumado la fiesta por el 60 aniversario del Museo Nacional de las Culturas del Mundo (MNCM). La doble celebración tiene como punto central, en materia de arte y cultura, la exposición Khuree Tsam: La danza de la purificación de los dioses mongoles, inaugurada el 4 del mes en curso.
La muestra, que permanecerá hasta el 29 de marzo de 2026 en la Sala Internacional del MNCM (Moneda 13, Centro Histórico de la Ciudad de México) en un horario de martes a domingo de 10:00 a 18:00 horas, ofrece al espectador más que sólo máscaras sagradas. Es un recorrido por la historia, cultura, costumbres, arte, y tradición de ese país hermano.
Narra parte de la historia del pueblo mongol, sus creencias y su patrimonio cultural. “Al recorrer esta exposición, los visitantes descubren rasgos históricos, el legado cultural, así como los valores espirituales y la vida nómada que han dado forma a la identidad del pueblo mongol a lo largo del tiempo”, de acuerdo con la hoja de sala de esta exposición.
Ciertamente, quienes la conozcan, con entrada libre para todo el público, sin distingos, podrán adentrarse en el eterno cielo azul, las vastas estepas, la vida pastoril y el hogar nómada. Estas experiencias permiten comprender parte de la ancestral esencia, virtudes y tradiciones de esa cultura que por más de una razón es admirada a nivel internacional.

El núcleo de la muestra es el “Khuree Tsam”, danza ceremonial de las 108 máscaras, que forma parte de las variantes del “Tsam”, una de las expresiones sagradas más importantes del budismo en Mongolia. Esas danzas son una tradición esparcida en el mundo budista, cuyo objetivo es purificar los malos espíritus y proteger a la gente y al medio ambiente.
El ritual, con sus danzas, máscaras y vestimentas, conecta al público con la espiritualidad, la cosmovisión y los relatos míticos del pueblo mongol. Estas obras son fruto de la unión de la mirada, la mano y el espíritu; paneles explicativos, objetos históricos y piezas de arte popular dan una visión clara y emotiva de Mongolia y comparten su riqueza cultural.
La directora del MNCM, Alejandra Gómez Colorado, dijo en la apertura que uno de los objetivos ha sido acercar al mundo al corazón de México y explicar las otras realidades. Celebró la presencia, en el recinto, de una cultura lejana como la mongola. “El Khuree Tsam fue particularmente especial; quisimos tener en una sala un festival vivo”, comentó.
En su mensaje, el curador de la exposición, Gankhuyag Natsag, manifestó su orgullo por inaugurar la exhibición en el marco del 60 aniversario del MNCM y de los 50 años del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y Mongolia. “Es una muestra de la amistad, del intercambio cultural y del respeto mutuo entre las dos naciones”, anotó.

La exposición reúne 108 piezas realizadas por Natsag, quien, entre 1990 y 2007, se ocupó de rehacer las máscaras para la danza ceremonial “Khuree Tsam”, la cual debe su nombre al lugar donde se desarrolló, Ikh Khuree, monasterio que fue un centro espiritual y creció hasta convertirse en capital del país, antes de Ulán Bator, como dice su historia nacional.
Mediante paneles, objetos históricos, piezas de arte popular, trajes y máscaras de papel maché, en el montaje se aprecia dicho ritual, el cual funciona como forma de exorcismo chamánico o bendición budista, para purificar y proteger. También se muestra el proceso de elaboración de las máscaras al interior del ger o tienda tradicional mongola.
Durante su ejecución, los danzantes de “Tsam” oran y recitan con voz baja y suave, como una adecuada forma de meditación, además de representar a seres divinos que canalizan su presencia en el mundo terrenal, entre los que se encuentran el “Viejo Blanco”, símbolo de sabiduría, o “Khuushin Khan”, un rey antiguo adorado como imprescindible ancestro.

