LA VIRGEN DEL METRO

Carlos Guevara se levantó bien temprano el 1 de junio de 1997. La temporada de lluvias había comenzado fuerte en la Ciudad de México. Quería llegar a buena hora a la estación Hidalgo del Metro, donde día tras día ponía un pequeño puesto ambulante, en el que vendía dulces y chocolates que distraían el hambre de los usuarios de ese medio de transporte.

Más tardó en instalar su modesto negocio en el pasillo de la entrada Nororiente (Paseo de la Reforma y Zarco), que en comenzar una ligera lluvia. Otros accesos a esa estación de transbordo Línea 2/Línea 3 del Metro están al Sur (Reforma esquina Basilio Vadillo), al Norte (Av. Hidalgo y calle Héroes), y al Suroriente (Balderas y Paseo a la Reforma).

Las demás entradas están orientadas al Sur (Eje de Guerrero), al Norte (Eje de Guerrero), al Suroriente (Avenida Hidalgo y Balderas, y al Oriente (Avenida Hidalgo, dentro de la Alameda Central). Por todas ellas comenzó a entrar gente para transportarse o para poder resguardarse de la lluvia. Guevara pensó le sorprenderían las altas ventas, por la multitud.

Así apareció la imagen que el pueblo muy pronto asoció con una imagen divina. (Fotografías: Archivo histórico de “El Universal”)

Sin embargo, no fueron las ventas quienes le dieron la sorpresa más grande de su vida. Sentado en su banquito tras el puesto de dulces, observó de pronto la imagen “milagrosa” de una Virgen entre las filtraciones de agua que se escurrían por las paredes y llegaban al suelo. Corrió a avisar de esa aparición a las autoridades del Metro, pero fue ignorado.

Regresó a su negocio y mostró a los usuarios la imagen. Las personas que escucharon los gritos de Carlos se acercaron. Él trató de remover el agua de la pared, pero la imagen se volvió a formar una y otra vez. En pocos minutos el pasillo ya estaba convertido en una romería que tenía el deseo, ya envuelto en una súbita fe, de ver a la “Virgen del Metro”.

La noticia sobre esa aparición se difundió rápidamente, atrayendo a miles de usuarios y peregrinos que la tomaron como un milagro. Al mismo tiempo, las autoridades del Metro retiraron la loseta y la colocaron en un nicho fuera de la estación, junto a la iglesia de San Hipólito, para que el pueblo la siguiera venerándola sin alterar el orden de ese transporte.

Aunque hasta la fecha la Iglesia Católica no reconoce la aparición como un milagro, la imagen se convirtió poco a poco en un motivo de peregrinación popular. La imagen fue reubicada en un altar de pequeñas proporciones admirado por quienes transitan cerca de la Alameda Central, el Palacio de Bellas Artes y la Iglesia de San Hipólito (San Judas).

En las primeras semanas de junio del mismo año, la “Virgen de la loseta” recibió cerca de 70 mil visitantes diarios, índice que disminuyó a la mitad al finalizar ese mes. La gente le llevaba flores, regalos y depositaba monedas en una charola a sus pies. Se recolectaron entre 500 y 800 pesos diarios. A los pocos días se decidió construir un nicho especial.

Efectivamente, se levantó en la salida del Metro más cercana al Templo de San Hipólito, en la intersección de Zarco y Paseo de la Reforma. Es un nicho sencillo, de talavera, y la imagen está protegida por un vidrio antibalas de tres cuartos de pulgada de espesor. La obra costó 20 mil pesos: 12 mil pesos fue de donaciones y el resto lo aportó el Metro.

A la loza donde se aprecia la imagen se le aplicó un tratamiento para su preservación, tarea a cargo del Centro de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble del Instituto Nacional de Bellas Artes. El nicho se inauguró el 29 de julio de 1997, bajo la bendición del padre Rogelio Alcántara y cientos de creyentes de varios puntos del país.

Aspecto actual de la capilla donde se protege y se venera la imagen. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

El nicho se convirtió en un lugar de culto, donde los fieles continúan rezando y pidiendo favores, con la creencia de que la Virgen cuida a los pasajeros del Metro. Las autoridades de la Iglesia Católica reconocen la piedad de los fieles, pero no han confirmado que fuera una aparición divina, calificando el hecho como un fenómeno de curiosidad y fe popular.

Una cosa sí es cierta: la fe, la devoción y el fervor no es algo exclusivo para los recintos religiosos. Esos sentimientos se pueden manifestar en cualquier parte bajo las más raras circunstancias. Hay muchos testimonios, unos aceptados oficialmente, de apariciones de la Virgen de Guadalupe en las paredes de alguna cueva, en la corteza de un árbol, y más.

Hoy en día, “Virgen del Metro”, como también se le conoce, sigue habitando su capilla hasta donde los fieles llegan para depositarle flores, veladoras, regalos y monedas. La voz popular ha dado por creer y difundir la idea de que esa imagen cuida y protege a los más de 170 millones de pasajeros que utilizan ese sistema de transporte cada año (2024).