HALLAN OBRA INCONCLUSA DE ANTONIO GONZÁLEZ OROZCO

Antonio González Arriaga, hijo y custodio de la obra del último grande del muralismo mexicano, Antonio González Orozco (Chihuahua, 10 de mayo de 1933), comunicó a equisgente sobre el hallazgo de una obra de caballete que el pintor, muralista y escultor dejó inconclusa tras partir a sus 87 años, el 10 de junio de 2020 en la Ciudad de México.

“Iba a ser un cuadro seguramente inspirado en mi esposa Fabiola (“Faby”) Segoviano Porras. Antes le había hecho un retrato, de pequeño formato, pero había quedado en hacerlo más grande”, dijo el licenciado González Arriaga. “Faby” solía acercarse al estudio del maestro para platicar con él y sin querer, él la adoptó como su modelo.

Platicaban largas horas, sobre temas diversos: el terruño que ella dejó en Guanajuato para venir a vivir con su nueva familia a la capital del país, arte y cultura, la familia y su gran valor para fortalecer a la sociedad, comida y otros tópicos de interés común entre ellos dos. “Ella vio a mi papá como a un padre, y él como a una hija a la que quiso mucho”.

Retrato inconcluso recientemente hallado y barnizado para su preservación. (Video: cortesía de Antonio González Arriaga)

“Faby” llegó a vivir con la familia González a partir del nacimiento de Pablo Antonio, hijo de ella y Antonio, en 2015. “Le tocó vivir la muerte de mi madre el 21 de abril de 2016 y nos ayudó muchísimo a ‘levantar’ a mi papá tras ese duro golpe que lo enfermó del corazón hasta que lo intervinieran a finales de mayo y principios de junio de 2016”.

Tras recordar lo anterior, el entrevistado subrayó que el maestro muralista siempre la trató como a una verdadera hija, y siempre la escuchó, porque toda la familia de ella se quedó en Guanajuato. “Pensamos que más que un retrato en el sentido literal es una hermosa interpretación de ‘Faby’, porque evidentemente ella fue una fuente de inspiración”.

Antonio González Orozco tenía una peculiar manera de hacer retratos porque interpretaba a las personas. “Esa manera de retratar se ilustra claramente con el dibujo de 1985 que me hizo cuando era niño, cuando me retrato a lápiz para regalárselo a mi mama”, evocó más adelante el abogado que preserva y difunde el legado artístico de su entrañable padre.

El primer cuadro es una técnica mixta sobre tela, sobre perfocel, de 24 x 20, de 2018. Siguiente imagen: los familiares del muralista consideran que este cuadro sobre su hermana pequeña de nombre Esperanza inspiró la obra inconclusa. (Fotografías: cortesía de Antonio González Arriaga)

En síntesis, el maestro podía hacer los retratos muy definidos (como cuando se trataba de personajes históricos) o con su estilo muy peculiar, figuras llenas de amor, rostros que derraman ternura y cuerpos sumamente agradables a la vista, cuando era su deseo, como en el caso del cuadro que le dibujó a su hermana Esperanza cuando ella era pequeñita.

Felizmente, hace escasas dos semanas Antonio González Arriaga terminó de barnizar la obra inconclusa que dejó su padre en su casa-estudio, “para preservar sus trazos, al carbón sobre tela, para cabal conocimiento de las próximas generaciones”. Ciertamente, la obra de González Orozco, reconocida ampliamente, merece pertenecer al mundo entero.

María Cristina García Cepeda, en esa época Secretaría de Cultura Federal, señaló en un homenaje del Instituto Nacional de Bellas Artes el 21 de octubre de 2013, cubierto por este reportero, que “González Orozco no sólo sobresalió en el ámbito del muralismo, sino que fue un creador completo: Dibujante, grabador, escultor, pintor y muralista…”.

El maestro muralista y su nuera “Faby”. Siguiente imagen: retrato que el artista realizó a su hijo en 1985. (Fotografías: cortesía de Antonio González Arriaga)

Entre los murales del artista están Entrada Triunfal de Benito Juárez a la Ciudad de México (1967), acrílico sobre tela, sobre madera, en el salón de Carruajes Históricos del Castillo de Chapultepec, y Juárez, símbolo de la República frente a la Intervención francesa (1972), acrílico sobre tela, sobre madera, en el mismo espacio del castillo.

Otros murales que han sido objeto de estudio y reconocimiento son Madero y la Revolución de 1910 (1976), acrílico sobre paneles de resina sintética, en el Centro Cívico y Cultural de San Pedro de las Colonias, Coahuila; México y los Recursos del Mar (1980), acrílico sobre resina de poliéster, ubicado en el acuario de Mazatlán, en Sinaloa.

Igualmente, Los Recursos Económicos del Estado de Sinaloa (1980), acrílico sobre resina de poliéster en el mismo acuario de Mazatlán; Historia de la Medicina en México (1993), acrílico sobre resina de poliéster, en el Hospital de Jesús, de la Ciudad de México, y La República Peregrina (2016), acrílico sobre tela, sobre aluminio, en la antigua presidencia municipal de Hidalgo del Parral, Chihuahua.