EL PÍPILA: ALHÓNDIGAS POR INCENDIAR Y PELÍCULAS POR GRABAR

El monumento y mirador que es parte de escenas icónicas del cine nacional

Cuando Juan José de los Reyes Martínez acudió a la tienda de Galarza a comprar pólvora y brea y luego pedir le colocaran una losa en su espalda y cargándola con el mecapal se acercó a la puerta de la Alhóndiga de Granaditas, no esperaba que se convirtiera en personaje polémico de la historia, le hicieran un monumento y fuera extra de muchas películas.

Con su axila derecha a las que no se rasura, sino que se le quitan chicles pegados por turistas, El Pípila levanta la antorcha de la libertad, en una representación de la verdad platónica, aunque dicen sus críticos que fue un acto de vandalismo que llevó a una masacre de inocentes en el mentado castillo. En su descargo, la historiografía formal dice que no existió.

1. La cabeza del Pípila (fotografía: AGEG). 2. Isauro Rionda Liceaga posa junto a la cabeza del monumento (fotografía, cortesía familia Rionda). 3. Antigua tarjeta postal con foto desde lo que hoy es un hotel.

El Pípila es personaje de los imaginarios sociales, es un símbolo de lucha e identidad minera, que se dice tuvo una hija que le representó a Maximiliano en el pueblo de Santa Rosa de Lima (el de la sierra de Guanajuato, no el de Villagrán) la toma de la ciudad de Guanajuato con el epílogo de la toma del granero donde el intendente Antonio de Riaño se refugió, sin saber que una piromanía sellaría su destino.

El Pípila podrá no haber existido, pero tiene su monumento en un parador construido en el Cerro de San Miguel. Fue creado por el escultor Juan Fernando Olaguíbel (que también hizo a La Diana Cazadora), con base de cantera rosa extraída de la Bufa Vieja. El tallador Joaquín Gutiérrez Ocampo encabezó un equipo de más de 100 hombres. La obra fue iniciada el 15 de enero de 1939, fue terminada en septiembre de ese año, pero entre detalles y burocracia se le inauguró el 5 de febrero de 1940.

Esa suerte de Cristo laico (en El Cubilete está el otro), habría de servir para ser la base de la resurrección de la ciudad de Guanajuato, cuando emergió de sus minas en ruinas y se convirtió en flamante ciudad turística, burócrata, universitaria, cultural y etílica.

Otra postal desde El Pípila (fotografía: AGEG). Y escena de la película “Él”, de Luis Buñuel.

Se dice que el monumento fue idea del gobernador Luis Ignacio Rodríguez (23 de abril de 1937-20 de enero de 1938), pero comenzó su construcción en la gestión de Ernesto Arnoux y concluyó con la de Enrique Fernández Martínez, a quien le tocó inaugurarla. 

La obra costó 40 mil pesos de la época, pesa más 800 toneladas, su cuerpo tiene por dentro una escalera por la que es posible subir, previo pago de boleto, para asomarse y ver la ciudad; el exterior sirve también para pegar chicles que ya no tienen sabor.

Es por eso que el señor Pípila y su mirador han sido locaciones para películas, comerciales, videoclips y telenovelas. Se estrenó con Bugambilia (1945), una historia de amor entre un pobre y una rica. La narrativa fílmica del “Indio” Fernández, la grandeza actoral de Dolores del Río y Pedro Armendáriz y la majestuosa fotografía de Gabriel Figueroa son el marco para mostrar a una ciudad magnificada. El inicio de la cinta es en sí mismo todo un documento visual histórico, donde una bien modulada voz varonil comienza a narrar que “Guanajuato, señorial y apacible al mismo tiempo”, mientras la cámara hace un paneo desde el monumento. La trama está situada en el México del siglo XIX, cuando aún no había monumento ni mirador, pero ya ven ustedes como son esos señores guionistas y productores.

“Aún hay otras Alhóndigas por incendiar” (fotografía de autor no identificado). El Pípila: actor de cine (fotografía: Verafotomex). 

Nuevamente el mirador fue escenario fílmico en Él, dirigida por Luis Buñuel en 1952 y estrenada en 1953. Aquí no hubo olvidados, pero sí sorna a la doble moral provinciana de Guanajuato.

La imagen se repite en El analfabeto, con Mario Moreno “Cantinflas”, en 1961; otra vez puede verse en Las momias de Guanajuato (1971), con Mil Máscaras, Blue Demon y el metiche de El Santo, así como Capulina contra las momias de Guanajuato (1972). En El miedo no anda en burro (1976), comedia de terror con la India María como protagonista, también se aprecia la ciudad desde el mirador.

Gracias a Jorge Ibargüengoitia, la ciudad de Guanajuato es presentada como Cuévano, Cue., en Estas ruinas que ves (1979), la versión fílmica de la novela del guanajuatense, dirigida por Julián Pastor. 

El mirador (fotografía de autor no identificado). El Pípila a ojo de dron (fotografía: Alan Vega).

Y de ahí pa’l real, El Pípila y su mirador se convierten en pretexto para salir en pantalla. El joven no se peina, pero retrata bien.

La base del monumento tiene la leyenda: 

“…Aún hay otras

Alhóndigas

por incendiar”

Guanajuato

 septiembre – 1939

El autor de esta frase fue Don Ernesto Arnoux Siqueiros, entonces gobernador provisional del Estado.

Hay que agregarle:

“y más películas por filmar”.