“LEÓN 450. DEJANDO HUELLA EN LA HISTORIA”: UN PUNTO DE ARRANQUE PARA REFLEXIONAR SOBRE ORIGEN Y DESARROLLO DE LA PERLA DEL BAJÍO

La historia de la ciudad de León se ha escrito desde la pasión y de su existencia a partir de la fundación dirigida por españoles, para crear un asentamiento de trabajo, pero con casi nula identidad proletaria, donde la religiosidad es su base y el concepto de progreso es su inspiración.

Comentar el libro León 450. Dejando huella en la historia implica un ejercicio previo que muestre lo que le antecede: desde la monografía Yo soy de León, escrita por María de la Cruz Labarthe (que tiene en León entre dos inundaciones otra gran aportación) y Adriana Ortega Zenteno (excelente historiadora que sobresale por su texto sobre los jesuitas en León, entre otros tantos más), un texto de consulta para la educación básica del municipio de León, editado en el año 2000 por el gobierno de Jorge Carlos Obregón.

Le siguió otra historia general: León. Trayectoria y destino, de Mariano González Leal, editado en 2003 por el gobierno municipal presidido por Ricardo Alaniz.

Cubierta y portada del libro. 

En 2010, en el marco de los festejos del bicentenario del inicio del movimiento de independencia y centenario del de la revolución, se publicó Llegar a ser. Monografía del municipio de León, editada por el gobierno de Guanajuato y realizada por su entonces cronista, Carlos Arturo Navarro Valtierra.

Estas monografías están complementadas por obras de más autores, que abordan temporalidades y lugares más delimitados. Además de las autoras y los autores antes citados: Rodolfo Herrera (el más prolífico hasta ahora), el nuevo cronista Luis Alegre, Gilberto Guerra Murgado, José Francisco Alvarado Durán, Ramón Ascencio y Miguel Ángel García Gómez, entre otros.

Por eso era de esperarse con ansia un texto que fuera más allá de la monografía y de las delimitaciones temáticas, espaciales y temporales para festejar con enjundia los cuatro siglos y medio del municipio.

El contenido

El libro aborda temas como el origen prehispánico de la ciudad, su crecimiento urbano, las tradiciones locales y los retos que han enfrentado las familias leonesas a lo largo del tiempo. También resalta valores como el trabajo, la resiliencia y el sentido de comunidad que caracterizan a la población.

En la elaboración del libro participaron historiadores, investigadores y escritores como Enrique Fernando Nava López, Mariano González Leal, Miguel Ángel García Gómez, Ámbar Gallardo Jones y María de la Cruz Labarthe Ríos, quienes desarrollaron capítulos enfocados en la identidad y los valores de la ciudad.

El libro incluye el apartado “Latidos de León”, integrado por más de 37 testimonios de habitantes que comparten experiencias y aportaciones desde distintos sectores de la sociedad.

La publicación también incorpora una línea del tiempo elaborada junto con el cronista de la ciudad, Luis Alegre, así como fotografías históricas y contemporáneas provenientes de archivos públicos y privados.

Los artículos

La obra empieza con “Vestigios de sus pobladores prehispánicos”, un texto a manera de introducción, de Enrique Fernando Nava López, lingüista por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, especialista en lengua y música p’urhepecha. Estudió la Maestría en Lingüística en la UNAM y en El Colegio de México y obtuvo, en 2004, el grado de Doctor en Antropología por la UNAM. También, realizó estudios de música en el Conservatorio Nacional de Música y en la Escuela Nacional de Música de la UNAM.

Su texto hace las precisiones necesarias que alimentan a una nueva historiografía sobre León: la región estuvo poblada por pueblos de la cultura chupícuaro y tras sufrir un despoblamiento, la región quedó bajo la presencia nómada de chichimecas.

El trabajo de Nava es esencialmente antropológico y en lo referente al Bajío prehispánico ilustra y enriquece el texto León al alba, de María Isabel Padilla, publicado en 2013. La lectura de ambos artículos contribuye a plantear algo que no ha sido visualizado en la historiografía leonesa y tradicional: el León chichimeca.

El capítulo I, “Generosidad”, de la reconocida María de la Cruz Labarthe, es un ensayo que lleva a la reflexión sobre el origen y desarrollo de la región, desde su fundación hasta nuestros tiempos. Comienza con el León novohispano, fundado entre la vocación del trabajo y la visión de los religiosos cristianos. El padre Alonso Espino es uno de los grandes constructores de lo que llegaría a ser una urbe abajeña.

El texto continúa con el reconocimiento a la ciudad decimonónica que supo salir adelante a pesar de las secuelas derivadas de los grandes cambios políticos tras la guerra de independencia y cómo enfrentó sus más dramáticos momentos: las inundaciones, en especial la de 1888. 

Obra prolífica en ilustraciones, como la reproducción de este grabado de José Guadalupe Posada. Igualmente, el libro incluye muchas fotografías ya conocidas, pero también otras tantas que habían sido inéditas.

Sigue con el León de los siglos XX (nuevamente con una inundación, 1926, como gran tema) y XXI, en los que resalta el empuje y desarrollo de la cultura.

El capítulo II está dedicado al trabajo y presenta el artículo “El ave Fénix: la identidad y el espíritu leoneses”. De Mariano González Leal, autor al que se le suele observar su visión conservadora de la historia, pero al que se le reconoce la erudición de su trabajo.

A diferencia de quienes le anteceden, para González Leal no hay una cultura que ocupaba el territorio de lo que llegaría a ser León: “este valle vivía tragedias cotidianas. Los estancieros que habían solicitado mercedes en él eran víctimas continuas de asaltos, ataques, incendios y muerte por parte de los nómadas que asolaban la región…”. Es la visión del español civilizador.

Su texto es el de la historia con personajes clave como eje, resaltados tanto en la era novohispana como en el México independiente y poniendo énfasis en una de las pasiones del autor: la recepción y aceptación del emperador Maximiliano. Es la historia desde los bronces, de personajes que con su inteligencia motivaron y encabezaron a un pueblo que tiene en el trabajo su virtud para alcanzar su bienestar.

El capítulo III, se denomina “Comunidad” y lo integra el texto “Espacio y tiempo de León: de la Villa a Metrópoli”, de Miguel Ángel García Gómez. Se trata de una propuesta donde en el espacio se representa a la ciudad: la arquitectura y el desarrollo urbano muestran el modelo de León que se ha perseguido y lo que se ha logrado construir en sus diversas etapas, desde su fundación hasta nuestros días.

Las referencias visuales mostradas en gráficos y fotos de edificio y, sobre todo, en los planos de la ciudad y sus fotos aéreas muestran cómo ese territorio de estancias y encomiendas se convirtió en 450 años en una de las 10 metrópolis más importantes de México. 

El capítulo IV es “Pasión”, expresada en el artículo “Una forma de quedarse: León y sus pasiones”, de Ámbar Gallardo Jones. Es un ensayo que explica a la ciudad desde sus identidades religiosas, deportivas y artísticas, de una ciudad de fiestas y representaciones lo mismo místicas que paganas, donde los espacios -desde los edificios hasta las calles- y las personas son los elementos para la construcción de la cosmovisión leonesa. Un ejemplo de sus reflexiones:

“La calle no sólo es tránsito. Es memoria. En ella se cruzan los oficios, las historias familiares, las formas de hablar y de habitar el tiempo. Pensar a León sin su cultura de la calle sería traducirla a una simple fachada. Los barrios han dado soporte -muchas veces sin reconocimiento- a una ética de supervivencia y comunidad (…)”.

El libro cierra con una línea de tiempo y remata con el capítulo V, “Latidos de León”, donde Ulises Torres Díaz, Karla Gasca y Omar Rivera Montero dan voz a personajes diversos de la vida leonesa, de catedráticos a gente de la cotidianidad masiva, que muestran al León diverso.

León 450 cumple con su papel de libro institucional, de celebración y júbilo. Al ser ésa su finalidad, prácticamente carece de elementos críticos, pero se compensa con lo que aportan sus autores y autoras.

Debe haber otros espacios para hablar del León disruptivo, de sus raíces chichimecas, de la identidad otomí importada y traía a sus pueblos indios, del León de la independencia, del León insurgente, de los poco mencionados leoneses liberales que enfrentaron a los más citados leoneses conservadores; del León prerrevolucionario (Toribio Esquivel merece tema aparte), del León anarquista de Práxedis Guerrero y Francisco Manrique, del León que se fue a la bola y del León  que vio pasar a Cándido Navarro y los carrancistas; del que albergó a Francisco Villa -que la hizo capital de Guanajuato- y le cubrió la retirada con Julián Falcón, Cruz Gómez y Helidoro Jasso; del León que tuvo sede de la  Casa del Obrero Mundial, del León agrarista y no sólo el león Cristero; del León socialista que generó personajes de la talla de Ignacio García Téllez.

Lugares, momentos y personajes, el gran complemento gráfico para los ensayos de destacados autores. Mariano González Leal resalta a los personajes notables de la historia tradicional de León.

Faltan el León que se fue a la guerra a Europa y Asia y recibió a los polacos, del que se fue de bracero, del León alteño y michoacano que hizo su aportación demográfica y le diversificó su cultura y su identidad. Faltan el León rojillo, marginal, pero emotivo, el de comunistas relegados que tenían que autoexiliarse, de izquierdistas que fueron famosos en otros lares (de los Cortés Gaviño a Jacobo Hernández). Falta el León de músicos y escritores, de los que escandalizaron a las buenas conciencias desde el teatro y en las calles.

Es el otro León, impropio de un libro institucional. Como sea, se agradecen los textos, gozables por encima de divergencias ideológicas y se agradecen las gráficas; se agradece el excelente trabajo de impresión y la pasión puesta en el libro.

León 450: Dejando Huella en la Historia está disponible de manera gratuita en plataformas digitales y también podrá descargarse mediante código QR, permitiendo que más personas conozcan y compartan el legado leonés desde cualquier lugar.

Yo tengo el mío en papel, envídienme.

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