EL HÉROE OLVIDADO QUE DERROTÓ VARIAS VECES A LOS FRANCESES
Porfirio Díaz pasó de ser libertador de la patria a repudiado por convertirse en dictador
El 5 de mayo de 1862 hubo un general del ejército mexicano que sobresalió por su arrojo e inteligencia para contribuir a la derrota del ejército invasor francés en la legendaria batalla de Puebla; años después, el 3 y el 18 de octubre de 1866 y el 2 de abril de 1867, los volvió a derrotar. El héroe de batallas en defensa de la patria habría de pasar a la historia como uno de los más detestados villanos (al que no le faltan admiradores): Porfirio Díaz.
José de la Cruz Porfirio Díaz Mori nació en Oaxaca de Juárez el 15 de septiembre de 1830. Hijo de padre criollo y madre mixteca. Fue un militar destacado que brilló por su participación en la Segunda Intervención francesa en México, hecho que lo convirtió en héroe popular y lo legitimó como caudillo liberal que rompió con la hegemonía de otro liberal que se aferraba al poder y se le acusaba de ir rumbo a una dictadura: Benito Juárez.

El vencedor en campo el 5 de mayo
Díaz se formó como liberal y, como tal, se sumó como soldado a la causa encabezada por su paisano Benito Juárez, quien llegó a la presidencia del país en 1858 tras la renuncia de Ignacio Comonfort. Fue hasta 1861 cuando los liberales derrotaron a los conservadores para consolidarse en el poder.
México apenas se recuperaba de la Guerra de Reforma y el presidente Juárez había suspendido el pago de la deuda externa. Inglaterra, España y Francia —principales acreedores— formaron una alianza para exigir el pago, pero solo los franceses decidieron continuar con su intervención, guiada por los intereses expansionistas del emperador Napoleón III.
Cuando Francia decidió invadir a México porque el gobierno juarista declaró suspensión del pago de deuda, el talentoso militar oaxaqueño estuvo presente bajo el mando de Ignacio Zaragoza.
En la Batalla de Puebla —del 5 de mayo de 1862— fue un protagonista esencial para el triunfo mexicano. Mientras Ignacio Zaragoza organizaba la defensa de Puebla con su Ejército de Oriente, Porfirio Díaz, con el grado de general de brigada, se preparaba para una intervención estratégica desde el flanco oriental.
El ejército francés, considerado el más moderno y experimentado del mundo en ese momento, avanzaba hacia el centro del país con el apoyo de los conservadores mexicanos que veían en los europeos una oportunidad para reinstaurar una monarquía.
Ese día, desde las nueve de la mañana, comenzó el enfrentamiento. Mientras Zaragoza resistía el embate principal en los fuertes de Loreto y Guadalupe, Porfirio Díaz lideró dos cuerpos de su brigada desde la zona conocida como ladrillera de Azcárate, ubicada en el camino a Amozoc.
Desde esa posición, Díaz logró contener a los refuerzos enemigos y evitó que los conservadores se unieran a las tropas francesas. Su maniobra fue clave para dividir las fuerzas invasoras. Además de sostener el frente, Díaz ordenó una contraofensiva que obligó a los franceses a retroceder, causándoles más de mil bajas. Luego, junto con el general Jesús González Ortega, emprendió una persecución hasta Orizaba, pese a que los franceses todavía superaban a los mexicanos en número y armamento.
Esa retirada forzada retrasó la llegada de Maximiliano de Habsburgo y, en consecuencia, pospuso la instauración del Segundo Imperio Mexicano por más de un año, lo que dio tiempo a los liberales para reorganizarse y preparar una resistencia más prolongada.
Ese día, las armas nacionales se cubrieron de gloria y el reconocimiento político fue para Ignacio Zaragoza, quien se volvió símbolo de la defensa nacional. Díaz fue uno de los operadores de campo, aunque Zaragoza, antes de morir de fiebre tifoidea meses después de la batalla, elogió la valentía de Díaz y reconoció públicamente su contribución.
La creciente figura de Porfirio Díaz
La participación de Díaz en la batalla del 5 de mayo generó un liderazgo militar y un reconocimiento social y político para el oaxaqueño, quien habría de participar luego en la batalla de Miahuatlán —3 de octubre de 1866—. El 15 de octubre de 1863, el presidente Benito Juárez lo nombró General de División y Díaz no lo defraudó: volvió a tener otro triunfo el 18 de octubre en la batalla ocurrida en San Francisco Telixtlahuaca, distrito de Etla, Oaxaca, en el lugar ahora llamado La Carbonera. Por tal razón, el 28 del mismo mes se le dio el mando militar de 4 estados: Veracruz, Puebla, Oaxaca y Tlaxcala. En el estado de Oaxaca, en donde organizó guerrillas contra los franceses, su siguiente gloria sería el 2 de abril de 1867.

La puntilla al imperio francés
La batalla del 2 de abril de 1867 aceleró la caída del Segundo Imperio. Así lo escribió el general Porfirio Díaz en su carácter de Jefe del Ejército de Oriente:
“A las tres menos quince minutos de la mañana del 2 de abril, rompí el fuego en brecha sobre las trincheras del Carmen”.
Ante la escasez de municiones, Díaz ordenó cargas sucesivas de infantería que, pese a las fuertes pérdidas, lograron irrumpir en Puebla en una acción fulminante. La noticia fue transmitida de inmediato por telégrafo a las autoridades republicanas. “Son las seis de la mañana —informó—, hora en que he tomado esta plaza por asalto”.
En la derrota y posterior persecución de los conservadores al mando de Leonardo Márquez, Díaz tomó unos 500 prisioneros, entre ellos soldados austriacos y franceses que ya estaban en retirada del país.
Maximiliano de Habsburgo, el emperador “invitado” por los conservadores y respaldado por Francia, había perdido apoyo europeo y se atrincheró en Querétaro. La ciudad fue asediada por los liberales desde el 6 marzo de 1867; los conservadores, sin soldados europeos, pues se habían retirado a su continente, entregaron la plaza el 15 de mayo.
Tras tomar Puebla, el 15 de junio de ese año Porfirio Díaz recuperó para las tropas republicanas la Ciudad de México, ante un mermado y descabezado ejército conservador. El 19 de junio fue fusilado el emperador.
Día que dejó de ser de fiesta
Al terminar la campaña en Puebla, antes de salir en persecución de Leonardo Márquez, Díaz redactó una proclama a sus compañeros de armas: “Habéis escrito otra fecha memorable en la ciudad donde Zaragoza eternizó su nombre el 5 de mayo”. Y sentenció: “El 2 de abril de 1867 se registrará desde hoy en el calendario de las glorias nacionales”.
Díaz rompió con el juarismo y tomó armas contra el gobierno federal en dos ocasiones: la primera con el Plan de La Noria, el 8 de noviembre de 1871, con la bandera contra la reelección de Juárez; la segunda contra Sebastián Lerdo de Tejada, elaborando el Plan de Tuxtepec en 1876.
Venció a Lerdo y asumió la presidencia del país en forma interina entre el 28 de noviembre de 1876 y el 6 de diciembre de 1876, y por segunda vez del 17 de febrero de 1877 al 5 de mayo de 1877. Ejerció el cargo en forma constitucional del 5 de mayo de 1877 al 30 de noviembre de 1880. Posteriormente, ejerció la presidencia del país de manera ininterrumpida entre el 1 de diciembre de 1884 y el 25 de mayo de 1911.

Durante ese tiempo, el 2 de abril fue día de fiesta nacional. La prensa de la época publicaba textos en recuerdo de la gesta del caudillo que se convirtió en dictador, hasta que llegó la revolución y la fecha fue eliminada del calendario cívico.
Exiliado en París, Porfirio Díaz murió el 2 de julio de 1915. Desde entonces, sus restos permanecen en el cementerio de Montparnasse, en la capital francesa. En México, únicamente el gobierno soberano de Oaxaca —enfrentado entonces al carrancismo— emitió el Decreto número 12, fechado el primero de septiembre de ese mismo año, mediante el cual la legislatura local declaró nueve días de duelo en honor al ilustre oaxaqueño y destacado militar de la República. Para la historia oficial pesaron más las desigualdades sociales y económicas y los abusos del poder del porfiriato. El retornar sus restos a su país natal sigue siendo un tabú hasta la fecha.
Díaz, el patriota que venció a franceses y conservadores, sigue como villano del relato histórico oficial y popular, pero reivindicado por los simpatizantes del desarrollismo económico (la justa distribución de riqueza no es su prioridad) y la mano dura en el poder.

