EL AÑO VIEJO
Yo no olvido al año viejo
porque me ha dejado cosas muy buenas
hay yo no olvido al año viejo
porque me ha dejado cosas muy buenas
¡mira! me dejó una chiva, una burra negra,
una yegua blanca, y una buena suegra…
“El año viejo”, éxito inmortal de Tony Camargo.
Antonio Camargo Carrasco, conocido en el mundo como Tony Camargo (Guadalajara, 1 de junio de 1926-Mérida, 5 de agosto de 2020), fue un ícono de la música popular de México. Su interpretación del tema “El año viejo” le granjeó su pasaporte a la eternidad, pues con esa canción millones de personas despiden de manera chispeante al año que termina.
Se trata de una tonada pegajosa, alegre y festiva, cuya voz principal, música, y los coros hechos por el trío de “Las Tres Conchitas” integrado por Refugio “Cuca” Hernández y las hermanas Gudelia y Laura Rodríguez rápidamente se convirtió en un éxito definitivo y rotundo, inmortal y tremendamente conocido, desde que se grabó y lanzó en el año 1953.
Durante la década de los años 50 del siglo pasado, hasta la de los años 20 del siglo XXI, “El año viejo” se escucha principalmente en los últimos días de cada año. Es, además, una canción extremadamente democrática, que no conoce distingos de ninguna clase, pues lo mismo se escucha en el hogar más humilde que en la residencia más ostentosa.

El autor es Crescencio Salcedo. Curiosamente, no era un hombre dedicado a la música, sino a las labores del campo y sin embargo, compuso temas que fueron grabados por cantantes de renombre. En 1952 Camargo realizó una gira artística y al llegar a Caracas, Venezuela, y de Salcedo, venezolano, le dieron un borrador de cumbia para esa canción.
Terminada la gira y con una maleta de agradables experiencias, Tony Camargo regresó a México, en cuanto pudo fue a los estudios discográficos de la empresa RCA para grabar su primer disco de larga duración, en el cual incluyó la canción que lo haría famosísimo. Curiosamente, Tony Camargo jamás conoció en persona al autor, Crescencio Salcedo.
Quien esto escribe entrevistó a Tony Camargo en Mérida, Yucatán, poco antes de su fallecimiento. Todavía estaba muy triste porque el año viejo 2016 se llevó a su amada esposa, su compañera de toda la vida. Con lágrimas en los ojos, reconoció que para él, ese año viejo nada tuvo de festivo, pues “se llevó a mi Lupita” (Guadalupe González).
Era enero de 2017. Ese día, Tony Camargo cantó como pocas veces. Impecablemente vestido al brincar al escenario, risueño al estar frente a su público que nunca dejó de quererlo y admirarlo, y sensible hasta las lágrimas al recordar que perdió a su adorada, el cantante habló con el corazón de lo que le había dejado el año viejo. Nada hermoso.
“Desgraciadamente me trajo infelicidad. Me siento un poquito solo sin ella”, dijo durante esa entrevista exclusiva, y con tono dramático y conmovedor, que rápidamente hizo por superar, el ícono de la música tropical añadió, sin embargo, que también le dejó un nuevo disco, producto de una tertulia en su casa, rodeado de entrañables amigos artistas.
“El autor de las letras y la música y arreglista de todos los temas es Miguel Ángel Lizama Pech. Su sobrino me acompañó en el piano y aunque está hecho con todo el rigor artístico y cultural, es una producción informal por la enorme carga de cariño que tiene”, añadió el hijo de Manuel Camargo y Guadalupe Carrasco, quienes también fueron cantantes.
Explicó que durante un reciente viaje a Colombia, una estación de radio lo nombró Hijo Predilecto de esa nación, y a su regreso, quiso agradecer tal deferencia pidiéndole a su amigo Lizama Pech que compusiera un tema al que titulara “Colombia”. Hizo ese tema y ocho más que juntos dieron forma y vida al disco “Hoy y siempre. Tony Camargo”.
Camargo llenó una de las páginas más hermosas del cancionero popular mexicano con la canción festiva “El Año viejo”, de la autoría del colombiano Crescencio Salcedo. “Fue parte de mi primer disco de larga duración, grabado en 1953 y desde entonces no deja de oírse en millones de hogares mexicanos cada fin de año”, dijo con un mohín de modestia.
En su voz, “El Año Viejo” pronto alcanzó una enorme popularidad en los albores de la segunda mitad del Siglo XX. Además de México, sonó profusamente en Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela, Estados Unidos, Brasil y otras naciones del continente, además de diversos países de Europa, como España, e incluso llegó hasta Japón en varios idiomas.
Recordó que en 2014, Glenn Garrido, director artístico de la Orquesta Filarmónica de Houston, Texas, lo invitó a esa ciudad. “Mi alegría fue enorme cuando me pidieron que cantara ‘El Año Viejo’ ante un público compuesto por venezolanos, peruanos, argentinos, mexicanos, norteamericanos y colombianos. Mirando al cielo, agradecí a Crescencio Salcedo”.
Tony Camargo, quien desde la década de los 90 estableció su residencia en Mérida, por ser instrumentista y cantante de la Orquesta del Ayuntamiento local desde 1990, tenía presentaciones periódicas. “La próxima semana cantaré en diversos puntos de la ciudad: El martes en Santiago, el jueves en Santa Lucía, y el domingo en el Palacio Municipal”.

Contemporáneo de otros astros de la música, como José Alfredo Jiménez, Agustín Lara, María Victoria, los tríos Los Diamantes, Los Ases, y Los Hermanos Martínez Gil, con quienes realizó importantes giras dentro y fuera del territorio nacional, Tony Camargo subrayó entonces: “El arte es la fórmula para que México alcance la tan anhelada paz”.
En sus escasos ratos libres repasaba con todo detalle sus anécdotas y recuerdos, así como las memorables actuaciones que tuvo al lado de orquestas brillantes como las de Dámaso Pérez Prado, Carlos Meyer, quien introdujo la cumbia colombiana en México, y “El Millonario” Pablo Beltrán Ruiz autor de la popular “¿Quién será la que me quiera a mí?”.
Además de considerar al quehacer cultural como medio para restablecer el tejido social en México, Tony Camargo pensaba que toca a cada uno de los mexicanos trabajar, ser buen ciudadano y hacer algo por engrandecer a la nación. “A los niños les pido estudiar y que se preparen, porque eso, más adelantes los hará hombres y mujeres de bien”. Rubricó.

