LOS APORTES DE JOSÉ JUSTO GÓMEZ DE LA CORTINA

El transeúnte curioso que en horas de la noche osa dirigir sus pasos a través de las viejas calles del Centro Histórico de la Ciudad de México, sabe que mágicamente va a toparse con un panorama urbano absolutamente distinto al que se observa a plena luz del Sol. Los comercios y el bullicio de día contrasta con la imponencia de los palacios virreinales que se mantienen de pie en esa zona, iluminados por la Luna y el discreto alumbrado público.

Uno de esos palacios es el que ocupó el Conde José Justo Gómez de la Cortina, personaje destacado en la historia del país. Nacido el 9 de agosto de 1799, en la Ciudad de México, fue un aristócrata, diplomático, escritor, político y académico. Vivió en la actual calle de República de Uruguay número 94, en una casa, construida en 1781, hermoso ejemplo de la arquitectura civil para la clase pudiente del siglo XVIII.

Ese fue su hogar y, desde entonces y hasta la fecha, el inmueble es bien conocido como la Casa de los Condes de la Torre Cosío y la Cortina. Allí vivió tras casarse con doña María Josefa de Treviño y Gutiérrez de Lara, y tuvieron varios hijos, siendo José María Gómez de la Cortina y Treviño quien heredó el título de Conde de la Cortina. Esa fue una de las familias más distinguidas de la época en México.

Palacios y palacetes de la Ciudad de México, imponentes y señoriales. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

El Conde José Justo Gómez de la Cortina estudió en Madrid y Alcalá de Henares diversas disciplinas científicas. Desempeñó una amplia labor diplomática en capitales europeas y fue nombrado introductor de embajadores por el Rey Fernando VII. Regresó a México en 1832 y fue Gobernador de la Ciudad de México (1835), ministro de Hacienda (1838) y de nuevo gobernó la capital del país (1846).

Sin embargo, más que por la política siempre se sintió subyugado por las artes, sobre todo por las letras. Es probable que la política haya sido el medio que le proporcionó los recursos para dar rienda suelta a su inquietud intelectual. Fue académico honorario de la Real Academia Española y presidió el Instituto de Geografía y Estadística, así como el Conservatorio de Artes, y la Academia de la Lengua.

Estudioso, inteligente, apasionado lector y comprador compulsivo de libros, al cabo dejó para la posteridad una serie de aportes muy interesantes: Fundó el periódico El Zurriago literario y escribió el famoso Diccionario de sinónimos castellanos y el Diccionario manual de voces técnicas castellanas de Bellas Artes. Además, tradujo la Historia de la literatura española de Buterbeck.

La calidad literaria de José Justo Gómez de la Cortina es considerada notable para su época. Como escritor, se destacó por su estilo claro y conciso, y su dominio del lenguaje. Los diccionarios señalados líneas arriba demuestran su gran erudición y su interés por la lengua y la cultura, y su traducción de Buterbeck muestra su alta capacidad para abordar temas complejos y presentarlos de manera accesible.

Tristemente, la crítica literaria de su época no lo considera autor de gran originalidad o innovación, sino más bien un erudito y un divulgador de conocimientos. Pero la calidad literaria es clara y concisa (su estilo es fácil de seguir y entender), erudita (demuestra un amplio conocimiento de la lengua y la cultura) y divulgativa (sus obras son útiles para entender la época y la cultura en la que le tocó vivir).

José Justo Gómez de la Cortina vivió en un momento de cambio y transformación en el país. La Independencia de México en 1821, tras más de una década de luchas y revueltas, marcó el comienzo de una nueva era para la nación entera, y él se involucró activamente en la política y la cultura de entonces. Testigo de la historia, su vida y obra ofrecen una visión única de la historia de México en el siglo XIX.

José Justo Gómez de la Cortina murió el 6 de enero de 1860 en un modesto departamento de la calle de Palma, también en el Centro Histórico de la Ciudad de México, después de haber perdido su fortuna y vivir en la pobreza. Su muerte fue un reflejo de la decadencia de la aristocracia mexicana después de la Independencia de México, aunque también se debió a una infausta combinación de factores.

Gastos excesivos debido a su pasión por las artes y la filantropía que lo llevaron a gastar grandes cantidades de dinero; la inestabilidad política por la lucha de Independencia le afectó negativamente sus negocios y propiedades; las deudas que contrajo para mantener su estilo de vida y financiar sus proyectos, que no pudo pagar; y la caída de la aristocracia mexicana después de la Independencia lo dejó sin influencia y sin recursos.

Estos factores, sumados a la mala administración de sus bienes, lo llevaron a la ruina económica. A José Justo Gómez de la Cortinas se le recuerda como mecenas y divulgador de la ciencia y las artes, aunque no hay mucha información disponible sobre su apariencia física. Sin embargo, se sabe que era un hombre de gran presencia y elegancia, típico de la aristocracia de la época, bien alimentado y pulcro en su vestir.

De estatura media-alta para la época, rostro fino y distinguido, buen charlador y siempre con datos interesantes para aportar, José Justo Gómez de la Cortina era amigo de varios personajes destacados de la época.

De noche el panorama es otro, envuelto en magia, historias, y anécdotas ancestrales. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

Entre ellos, los políticos y escritores mexicanos Lucas Alamán, Manuel Eduardo de Gorostiza y Lorenzo de Zavala. También mantenía relaciones cordiales con otros intelectuales de la época, como Andrés Bello y Juan García Icazbalceta. A Gómez de la Cortina le gustaba mucho la literatura y era un apasionado de las letras. Como escritor y traductor, dedicó gran parte de su vida y dinero a ese gusto.

A este personaje se debe la fundación de la Academia de la Lengua, precursora de la actual Academia Mexicana de la Lengua y en la larga lista de su labor altruista destaca la cátedra gratuita de geografía que estableció en su propia casa, y los mil ejemplares de su Cartilla social sobre los derechos y obligaciones del hombre en la sociedad civil que donó para su distribución gratuita.

José Justo Gómez de la Cortina se volvió famoso en México por su papel en la política, su contribución a la literatura, su labor en la educación, y su pasión por la cultura. Murió en un departamento, pequeño y sencillo, debido a una enfermedad intestinal. En la calle de República de Uruguay 94 actualmente hay una placa que dice: “En esta casa vivió el acaudalado conde José Justo Gómez de la Cortina, escritor y divulgador de la literatura mexicana, quien murió en la miseria en 1860”.

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