“UN VIAJE ASTRAL A RAS DE TIERRA”

En 1929, el químico suizo Albert Hofmann (Baden, enero 11, 1906-Basilea, abril 29, 2008), en una investigación que abarcó sólo tres meses, logró su doctorado (con distinción) en la Universidad de Zúrich. Su indagación, que fue merecedora de mención honorífica, se centró en “la degradación y estructura química de la quitina”, el carbohidrato que se encuentra en las paredes celulares de los hongos, en el exoesqueleto de los artrópodos (como crustáceos e insectos), así como en los tejidos de algunos animales.

En ese mismo año, el profesional pasó a formar parte de la nómina del departamento químico-farmacéutico de los laboratorios Sandoz de Basilea (Novartis en la actualidad), en el equipo del bioquímico Arthur Stoll (Schinznach-Dorf, enero 8, 1887– Dornach, enero 13, 1971), el cual en 1917 creó el Departamento de Productos Farmacéuticos, desde donde desarrolló una metodología aplicada para la producción de drogas.

Fue así como Stoll logró el primer aislamiento de alcaloides del ergot y glucósidos cardiacos, que se utilizan como medicamentos para enfermedades del corazón y migrañas. De acuerdo con Wikipedia, “el cornezuelo o ergot es un hongo parasítico del género Claviceps que consta de más de cincuenta especies. Todas ellas pueden afectar a una gran variedad de cereales y hierbas, aunque su hospedante más común es el centeno”.

Albert Hoffmann ingresó a los laboratorios Sandoz a trabajar con productos naturales, ya que los otros dos laboratorios en Basilea trataban con productos sintéticos. Para finales de los años 30 del siglo pasado, Hoffmann buscaba derivados del cornezuelo semisintético que actuaran como estimulantes respiratorios y circulatorios.

The Beatles psychedelic photo-arts by Richard Avedon, taken in August 1967. / Instagram. Detalle 1.

En específico, el joven químico trabajaba con ácido lisérgico, “el armazón químico básico de los alcaloides del cornezuelo de centeno”. Fue así como creó lo que él consideraba un producto similar a la nikethamida o dietilamida de ácido nicotínico, que entonces se comercializaba como Coramina. Pero no, no era nikethamida, sino LSD-25, un derivado del cornezuelo de centeno que Hofmann sintetizó en su laboratorio.

Sin tener una idea clara de lo que había sintetizado, la muestra de LSD-25 fue enviada al departamento de farmacología, donde se sometió a ensayos biológicos con animales. No hubo resultados concluyentes y Hoffmann concentró sus habilidades en otras tareas.

La espinita la tenía clavada y el 16 de abril de 1943 Hofmann tuvo lo que denominó un “presentimiento peculiar”. Retomó el proyecto del compuesto LSD-25 con el que había fracasado cinco años antes.

Tras sintetizar nuevamente la fórmula “para examinarla”, Hofmann absorbió de forma accidental un pedazo que se había cristalizado. El efecto que le causó lo sintetizó en el informe que entregó a su jefe, el bioquímico Arthur Stoll: “Me vi forzado a interrumpir mi trabajo en el laboratorio a media tarde y dirigirme a casa, encontrándome afectado por una notable inquietud, combinada con cierto mareo. En casa me tumbé y me hundí en una condición de intoxicación no desagradable, caracterizada por una imaginación extremadamente estimulada. En un estado parecido al del sueño, con los ojos cerrados (encontraba la luz del día desagradablemente deslumbrante), percibí un flujo ininterrumpido de dibujos fantásticos, formas extraordinarias con intensos despliegues caleidoscópicos. Esta condición se desvaneció dos horas después”.*

El 19 de abril de 1943, Hofmann estaba nuevamente en su laboratorio con su asistente Susi Ramstein, de 21 años. A las 16:20 horas ingirió lo que él consideraba una “dosis ligera, es decir, 0.25 miligramos, de LSD-25. Dicha ingestión Hofmann la describiría como “una de las dos o tres cosas más importantes que he hecho en la vida”. Sólo que 0.25 miligramos para nada era una dosis ligera. Cuarenta minutos después, la mente de Hoffmann era un Pantone con colores vivos y serpenteantes, una experiencia que quizás hubiera sido del todo agradable, de no ser por “un mareo incipiente, ansiedad, distorsiones visuales, síntomas de parálisis y deseo de reír”, como el propio Hoffman lo describe en su libro LSD: mi hijo monstruo (1979).

Con los pensamientos proyectados hacia el infinito y más allá, Hoffman ingirió una cantidad mayor, 250 microgramos, para después aventarse la puntada de montar su bicicleta —un modelo convencional de la época— para dirigirse a casa. Con un lenguaje apenas congruente y entendible, pidió a su asistente que lo acompañara en su aventura.

Susi Ramstein, la asistente, se unió a Hofmann en su viaje astral en bicicleta, pues a causa de las restricciones de la Segunda Guerra Mundial no había coches disponibles. La señorita Ramstein no se quedó con la duda ni con las ganas y más adelante pasaría a la historia como la primera mujer en probar el LSD, además de que aparece mencionada en las notas de laboratorio de Hofmann.

El viaje en bicicleta más famoso de la contracultura y del mundo fue en realidad un trayecto más que complicado para Albert Hoffman y Susi Ramstein, la solidaria asistente: su campo de visión era ondulado y distorsionado, “como si se tratara de un espejo curvado”. Tenía la sensación de no moverse, aunque en realidad, de acuerdo con el testimonio de la asistente del químico, llegaron muy pronto a casa. Hofmann no podía sostenerse en pie, por lo que se recostó en el sofá al tiempo que solicitaba un vaso de leche.

Hoffmann explicó de la manera siguiente parte de su experiencia: “Lo más preocupante que el remolino de alrededor era el vórtice que amenazaba con absorberme en mi interior”. Todo intento por detener “la desintegración del mundo exterior y la disolución de mi ego”, era en vano. “¿Estaba muriendo, era eso la transición?”, se preguntó.

El LSD fue indudablemente la droga que inspiró a una gran cantidad de artistas de todas las disciplinas en los años 60, impulsando una revolución contracultural y de las conciencias. Por supuesto no tardó mucho tiempo para que los aparatos represores lo prohibieran.

El viaje mágico de Albert Hoffman dio pie a la celebración del Día Mundial de la Bicicleta, una fecha única que conmemora un viaje astral a ras de tierra.

The Beatles psychedelic photo-arts by Richard Avedon, taken in August 1967. / Instagram. Detalle 2.

Lucy en el cielo con diamantes

“Lucy in the Sky with Diamonds” (Lucy en el cielo con diamantes) es un tema pop de la banda inglesa The Beatles que forma parte del álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, lanzado en mayo de 1967. Desde un principio, se creó una leyenda negra en torno a esta pieza, pues las siglas de los tres sustantivos del título formaban la nomenclatura LSD, es decir, dietilamida del ácido lisérgico.

La canción fue escrita por John Lennon, aunque, al unirse Paul McCartney a los arreglos, la melodía finalmente fue atribuida al dueto Lennon-McCartney.

Un tanto divertido por las interpretaciones que los especialistas hacían de “Lucy in the Sky with Diamonds”, Lennon dejó correr libremente los rumores hasta que, finalmente, puso fin a la volátil imaginación de público y medios, aclarando que todo comenzó cuando su hijo Julian, de tres años, llegó de la guardería con un dibujo al que había titulado Lucy in the Sky with Diamonds, y que representaba a su compañerita de clase Lucy Vodden.

Lennon quedó prendado de la creatividad de su hijo y del título del dibujo, por lo que de inmediato puso manos a la obra y escribió la canción que conocen millones de personas en el mundo.

Quizás la parte más alucinante de la pieza sean los textos que John Lennon añadió a la idea, al basarse en la novela Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carrol, un texto que tiene lo suyo en cuestión de viajes mentales.

¿Qué fue de Lucy Vodden? La musa vivió siempre en Surbiton, barrio del municipio londinense de Kingston. El 28 de septiembre de 2009, la compañera escolar de Julian Lennon, murió debido a complicaciones derivadas del lupus. Tenía 46 años. Al enterarse del padecimiento de Lucy, Julian Lennon reanudó la amistad que había surgido en el kínder y estuvo, hasta donde pudo, al lado de su amiga.

*Fernando S. Carrascosa. “Así fue el histórico viaje en bicicleta de Albert Hofmann tras descubrir por accidente los efectos del LSD”. National Geographic. Historia. Abril 18, 2025.

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