NOVELA Y DERECHO DESDE LA ÓPTICA DE ROBERTO GONZÁLEZ ECHEVARRÍA
La presentación del libro Novela y derecho: entre la literatura y la ley (Editorial El regreso del bisonte, 2025), obra que reúne una decena de ensayos del eximio catedrático e investigador Roberto González Echevarría, fue ocasión propicia para rendir homenaje a ese gran formador y forjador de varias generaciones de abogados dentro y fuera del país.
Amigos y alumnos suyos, hoy figuras de la jurisprudencia, fueron al homenaje. Unos de manera presencial, otros a través de zoom (como el caso del mismo González Echevarría): El investigador Nicolás Medina; la especialista Charlotte Rogers, de la Universidad de Virginia; Rolena Adorno, de la Universidad de Yale, y el abogado José Ramón Cossío.
Roberto González Echevarría (Cuba, 28 de noviembre de 1943) posee doble nacionalidad (cubano-estadounidense). Es investigador de la cultura y literatura latinoamericana y uno de los más respetados catedráticos de la Universidad de Yale, miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, y autor de libros sobre el tema desde 1977.

En el libro, el homenajeado reunió diez ensayos suyos donde examina la relación entre la literatura y el Derecho a partir de la obra de cinco escritores latinoamericanos: Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Roberto Bolaño, Cirilo Villaverde, y Rómulo Gallegos. “Debo mi cercanía a la literatura a la suerte y, sobre todo al Derecho”, dijo el ensayista.
La suerte, agregó, “de haber tenido un padre abogado, doctor en Derecho, y a una mamá, mi mentora, Zenaida Echevarría, doctora en Filosofía y Letras. También tuve la suerte de, durante mi carrera, toparme con críticos literarios como Harold Bloom y John Ferchero”, dijo a través de la pantalla que trajo su imagen gracias a la tecnología propia de este siglo.
Dijo ser un “dantista aficionado”, porque lee a Dante con pasión. Se ha documentado con información provista por Ferchero, el gran dantista, y por Giuseppe Mazotta, quien fue su colega por muchos años en Yale. “Esto me provocó, yo imagino, darme cuenta de que El lazarillo de Tormes, fue la primera novela que ya era un texto legal”, consideró.
En su oportunidad, Nicolás Medina Mora, quien editó y prologó once ensayos que dan forma al libro, señaló que la cátedra de González Echevarría le abrió la puerta a un modo de entender la literatura como una actividad creativa y crítica, una forma del pensamiento tanto como una forma de arte, pero también como un producto y una causa de lo social.
González Echevarría, dijo, “nació en Sagua la Grande, Cuba, y su mayor aportación ha sido que supo ver que la literatura latinoamericana, desde su origen y hasta la fecha, es el producto de un archivo figurativo, pero también un archivo literal que contiene todo lo que se escribe en discursos, que no son estrictamente literarios, sino un archivo jurídico”.
En sus Cartas de Relación, Hernán Cortés narra la Conquista. “Esos son documentos jurídicos, alegatos en los que él trata de justificar por qué desobedeció órdenes y se fue a meter a las casas viejas de Moctezuma; pero no parecen argumentos jurídicos, parecen reescrituras de los romances de caballería que estaban en boga en esas épocas”, anotó.
Añadió: Lo mismo pasa con la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo, escrita como argumento para justificar por qué él debía tener derecho de esclavizar a las personas de los pueblos de América. “Decía que parecían las cosas de encantamiento que se leen en el libro de Amadís, refiriéndose a Amadís de Gaula, uno de los libros de caballerías que hacen que Don Quijote se vuelva loco”.
Luego, Rogers dijo que en los ensayos de Novela y Derecho, escritos, seleccionados y mandados a imprimir y publicar por González Echevarría, hace patente el legado de la ley romana que subyace en la vida de Macondo, el seno del realismo mágico, una frase que García Márquez siempre rechazó, pero que sigue atada a su nombre e inmensa fama.
Medina Mora, refirió más adelante la investigadora de Virginia, preguntó al homenajeado cómo interpretaba la ausencia de la ley en obras recientes, como la de Fernanda Melchor en Temporada de huracanes. “A primera vista, tanto la ley como el realismo mágico están ausentes en esta obra”, abundó Charlotte Rogers durante la presentación del libro.

“Eso se debe al mercado que ha convertido a García Márquez en una marca más que en un escritor. Hoy en día, “Gabo” aparece pintado en paredes de Cartagena, en Instagram y en los anuncios de las librerías como una figura paternal, rodeado de mariposas. Estas imágenes respaldan a los críticos que desde los 90 califican al realismo mágico como demasiado comercial y, francamente, cursi”, subrayó Rogers.
La investigadora Adorno se refirió a El arpa y la sombra, de Alejo Carpentier. “Los eventos históricos que inspiraron esta novela ocurrieron en 1877 cuando la Sagrada Congregación de Ritos del Vaticano, después que una investigación a iniciativa de los pontífices Pío IX y Leo XIII, votó en contra de promover la causa de Cristóbal Colón”.
Para Adorno, uno de los cargos imputados al navegante es que fue responsable de la inauguración de la esclavitud de los naturales del Nuevo Mundo. “El otro sería su relación con Beatriz Enríquez, la madre de su hijo natural, el bibliógrafo y humanista Hernando Colón”, sostuvo públicamente la especialista de la Universidad de Yale.

