EL RELIEVE QUE CONVIRTIÓ LA CONQUISTA EN LECCIÓN PÚBLICA

La pieza El sueño de Moctezuma, vinculada con una leyenda sobre los presagios de la caída de México-Tenochtitlan y con el lugar donde la gente novohispana conmemoró durante siglos la victoria española del 13 de agosto de 1521, se encuentra en el cruce de las avenidas Hidalgo y Zarco (CDMX), justo en el atrio de la Iglesia de San Hipólito.

Es una escultura de gran formato, elaborada en piedra, donde se representa a un indígena atrapado por las garras de un águila, rodeado de armas e insignias militares. El relieve no es sólo un elemento ornamental de un edificio religioso. Su ubicación, su iconografía y la inscripción histórica que lo acompaña lo relacionan con la construcción de una memoria.

Mas no cualquier memoria, hablamos de la memoria pública de la Conquista. Su fecha de elaboración y su autoría requieren cautela: aunque algunas referencias atribuyen esa obra al arquitecto José Damián Ortiz de Castro, no existe evidencia real oficial para pensar en esa autoría como un dato definitivo; se trata de una escultura con varias interpretaciones.

El relieve ha soportado el paso de los siglos como ejemplo de la fuerza que la sociedad tiene para aprender de su propia historia. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

La composición muestra un águila de grandes dimensiones que levanta a un indígena. Ese hombre viste una prenda y un tocado de plumas. Su rostro expresa sufrimiento. Cerca de una de sus piernas aparece un leño encendido, y en la parte inferior se distribuyen armas y objetos militares, entre ellos arcos, flechas, hondas, macanas, tambores y banderines.

La obra fue examinada en el siglo XIX por el historiador y arqueólogo Jesús Sánchez, quien publicó el estudio El sueño de Motecuhzoma en los Anales del Museo Nacional de México. Su investigación resulta muy importante porque documenta la existencia del relieve y recoge las discusiones que ya entonces suscitaba su tan intrincado significado.

¿Quién y cuándo fue esculpida? En la bibliografía sobre San Hipólito hay distintas fechas e interpretaciones. No se debe confundir la reconstrucción del templo con la elaboración del relieve. El templo tuvo varias etapas constructivas. El INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia) registra al templo desde el siglo XVI, con obras posteriores a lo largo de la Colonia.

Por su parte, el estudio de Jesús Sánchez recogió una interpretación que relacionaba la escultura con la reedificación del templo, concluida alrededor de 1730. En cuanto a la autoría, algunas publicaciones atribuyen el relieve al arquitecto José Damián Ortiz de Castro. Mientras tanto, no se ha hallado documento de encargo, contrato, pago o firma.

La ubicación de la escultura tiene una explicación histórica: el sitio está asociado con los enfrentamientos ocurridos durante la retirada de las tropas de Hernán Cortés de México-Tenochtitlan, la noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520, el episodio tradicionalmente conocido como “La Noche Triste”. Tras la conquista de la ciudad, el 13 de agosto de 1521, el lugar quedó vinculado con las ceremonias que recordaban la victoria española.

La festividad de San Hipólito, celebrada cada año ese mismo día, contribuyó a consolidar esa asociación. Durante la Época Colonial, el “Paseo del Pendón” recorría las calles de la capital y concluía en San Hipólito. La ceremonia conmemoraba la caída de Tenochtitlan y expresaba la lealtad de las autoridades y de la sociedad colonial a la monarquía española.

En ese contexto, el relieve y su inscripción formaban parte de un espacio de memoria histórica. La representación del indígena sometido por el águila podía leerse dentro de una interpretación religiosa y política de la derrota mexica, aunque su significado preciso continúa sujeto a discusión. El impacto social y cultural de la obra es otra cosa curiosa.

El relieve ha soportado el paso de los siglos como ejemplo de la fuerza que la sociedad tiene para aprender de su propia historia. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

El interés del relieve no depende de que haya sido realizado por un artista célebre. Su importancia radica en que permite estudiar cómo se representó la Conquista en un espacio público de la capital novohispana. Durante siglos, San Hipólito fue escenario de ceremonias que transmitían una interpretación oficial de la caída de México-Tenochtitlan.

La escultura, al estar en el exterior del atrio, ha sido visible para quienes acuden al templo y participan en las celebraciones. Artísticamente, la obra une la figura humana y el águila con los objetos militares para construir una narrativa en piedra sin limitarse a representar personajes: organiza símbolos que remiten a un hecho histórico y a la explicación que de él hizo la sociedad colonial.

Su relevancia cultural también reside en la supervivencia de la leyenda del labrador que explica cómo un indígena habría sido conducido por un águila para advertir a Moctezuma de las consecuencias de su conducta. Esa narración pertenece a la tradición histórica, y no es un testimonio comprobado de un sueño real que alguna vez tuvo el gobernante mexica.

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