EL CRÁNEO DESCARNADO DE MARIANO JIMÉNEZ CONTEMPLÓ AL GUANAJUATO INSURGENTE 

Si Juan José de los Reyes Martínez, El Pípila, existió, fue llevado ante Miguel Hidalgo por un ingeniero en minas, oriundo de San Luis Potosí, que se había integrado a la vida de la ciudad de Guanajuato y que pagó su afán libertario con su fusilamiento y la exhibición de su cabeza en una de las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas.

Estuvo junto a tres guanajuatenses: Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y Juan Aldama. Jiménez era potosino y, al igual que el intendente Antonio de Riaño y Bárcena, amó a una ciudad que lo acogió. Uno y otro murieron por ella, pero por causas diferentes. 

José Mariano Jiménez Maldonado nació el 18 de agosto de 1781 en San Luis Potosí. Desde su nacimiento y hasta los 15 años, vivió en la casa ubicada en la calle de 5 de mayo # 610, hoy convertido en la Casa Museo dedicada a su recuerdo.

Encuentro de Hidalgo y Jiménez: gráfica creada con Inteligencia Artificial.

Se trasladó a la Ciudad de México donde estudió para ingeniero en minas en el Colegio de Minería de México. En 1803 hizo sus prácticas académicas en la ciudad de Guanajuato. Se graduó el 19 de abril de 1804 y se fue a vivir a la que era una de las ciudades más prósperas e importantes de la Nueva España.

A mediados de ese año se estableció en la ciudad de Guanajuato para trabajar en las minas de la localidad. En 1805 se casó ahí con Mariana Ayala y Barreda, formó una familia y llegó a convertirse en el director de la importante mina de La Valenciana.

La ciudad de Guanajuato vivía una prosperidad extraordinaria bajo la administración y gobierno de un personaje clave en el proceso de independencia: el intendente don Juan Antonio de Riaño y Bárcena.

Se trataba de la urbe que, según el historiador John Tutino, era una de las pioneras del modelo capitalista en el mundo. Riaño, quien asumió su papel de intendente en 1792, transformó a Guanajuato en una ciudad ilustrada y ordenada. En 1798 inició la construcción de un gran almacén de granos para combatir el hambre y abastecer a la región: la Alhóndiga de Granaditas.

Riaño era un hombre ilustrado y entre sus amigos tuvo a un también ilustrado Miguel Hidalgo y Costilla. Ambos habían convivido en una tertulia realizada en la casa de los Alamán el febrero de 1810 y el destino los habría de enfrentar el 28 de septiembre.

El mito del grito 

El 16 de septiembre Miguel Hidalgo, tras una arenga política que la historiografía oficial convertiría en “grito”, inició su marcha desde el pueblo de Dolores al frente de miles de novohispanos de la región. Su postura no era la de fundar una república independiente de inmediato, sino la de defender la soberanía de la Nueva España frente al dominio francés, proteger la fe católica y derrocar al mal gobierno colonial.

España estaba invadida por las tropas de Napoleón Bonaparte y Fernando VII se encontraba cautivo. Al adoptar el estandarte de la Virgen de Guadalupe en Atotonilco pocas horas después del levantamiento, consolidó la postura de que su rebelión era una “guerra santa” para proteger la fe católica y el orden tradicional. 

A su levantamiento le habían antecedido dos intentos previos: la rebelión autonomista de los regidores del Ayuntamiento de la ciudad de México -liderados por Francisco Primo de Verdad y Ramos y Juan Francisco Azcárate y Lezama-, y la conjura de Valladolid, sostenida por militares de bajo rango, abogados y miembros del clero, entre los que destacaron José Mariano Michelena (teniente del regimiento de infantería de la Corona), José María García Obeso (capitán de las milicias locales y en cuya casa se realizaban las reuniones), Mariano Quevedo (alférez) y Fray Vicente de Santa María (fraile franciscano que aportaba sustento ideológico), quienes plantearon la formación de una Junta Soberana, atraer a las comunidades indígenas prometiéndoles la abolición del tributo obligatorio y la condonación de deudas fiscales pendientes, además de pretender usar los regimientos locales para arrestar a los funcionarios peninsulares y tomar el control del gobierno de la provincia.

En ese contexto se enfilaron a la toma de una de las ciudades más importantes de América, no sólo de la Nueva España.

La toma de la ciudad y la adhesión de Jiménez

Los insurgentes tomaron San Miguel de Allende y Celaya y se condujeron hacia la ciudad de Guanajuato para ocuparla. El grueso de ellas se apostó en la hacienda de Burras, al sur, y el 28 de septiembre atacaron la ciudad.

La versión explicada por el historiador Eduardo Vidaurri, cronista de Guanajuato capital, es que una parte se fue hacia Silao para atacar a la ciudad desde el flanco de Marfil; otros bajaron por los cerros que rodean la ciudad e Hidalgo entró por la cuesta del Tecolote (ver https://equisgente.com/2022/10/03/anoranzas-e-imagineria-en-la-cuesta-del-tecolotefoto-portada/).

Jiménez laboraba en la mina de la Valenciana y ese día se unió a la gesta insurgente. Las versiones diversas señalan que juntó a tres mil hombres. Su encuentro con Miguel Hidalgo ocurrió ese día.

Vidaurri señala que Riaño contaba con un gran reconocimiento popular y tenía amplia simpatía de los pobladores. Sin embargo, cuando tomó la decisión de refugiarse junto con los notables de la ciudad en la Alhóndiga de Granaditas y expresar abiertamente que la población  tendría que vérselas sola ante el ataque rebelde, el respaldo popular se fue abajo.

Los agravios pasados –entre ellos la expulsión de los jesuitas en 1767-, la identidad americana y la propuesta de gobierno sin peninsulares, se sumaron a ese desprecio para que pobladores de la zona que se unieran a los insurgentes.

El cronista de la ciudad explica desde documentos y relatos de cuatro autores las versiones de la caída de la capital de la intendencia y los pormenores de la toma de la Alhóndiga, en un choque entre dos amigos de tertulia y de ideas y gustos coincidentes ver (https://equisgente.com/2025/09/29/el-insurgente-miguel-hidalgo-y-el-realista-antonio-de-riano-amigos-hasta-que-la-muerte-los-separo/).

La toma de la fortaleza ha sido objeto de relatos diversos y entre ellos el más polémico que versa sobre la existencia o no de El Pípila. Ese día, Jiménez fue fundamental para la causa al servir también de mensajero entre Hidalgo y Riaño.

La esquina donde colocaron la cabeza de Jiménez. Segunda imagen: estampa que representa la exhibición de la cabeza de Hidalgo, creada con Inteligencia Artificial.

Rumbo a la tragedia

 Gracias a su disciplina, lealtad y conocimientos en artillería e ingeniería, Hidalgo le otorgó a Jiménez rápidamente el grado de teniente coronel. El ingeniero destacó en la Batalla de las Cruces por su excelente colocación estratégica de los cañones. 

Tras luchar juntos durante la primera etapa de la guerra, ambos fueron capturados por traición de Ignacio Elizondo enAcatita de Baján el 21 de marzo de 1811 y posteriormente fusilados en Chihuahua. Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez fueron ajusticiados el 26 de junio; Miguel Hidalgo, el 30 de julio.

De regreso a la Alhóndiga

Los cuerpos de los líderes insurgentes fueron decapitados y las cabezas se enviaron a la ciudad Guanajuato para ser exhibidos en la Alhóndiga de Granaditas para escarmiento de simpatizantes de la causa rebelde.

Pero no sólo se trataba de eso: el afán era exhibirlos en el camino. Desde el norte, las cabezas emprendieron un recorrido por distintas poblaciones del occidente novohispano. La ruta reconstruida por fuentes históricas comprende Zacatecas, Aguascalientes, la Villa de la Encarnación, Lagos, León, Silao y, finalmente, Guanajuato. El traslado no fue únicamente un desplazamiento entre ciudades: formó parte de una estrategia realista para convertir los restos de los dirigentes insurgentes en una advertencia pública.

En una carta fechada en Aguascalientes el 7 de septiembre de 1811, el militar realista Diego García Conde informó que había recibido las cuatro cabezas para conducirlas ante el brigadier Félix María Calleja. El recorrido continuó hacia Lagos.  Desde esa villa, García Conde escribió a Calleja el 11 de octubre de 1811 para comunicarle que salía una escolta integrada por un oficial subalterno y 25 hombres de caballería, encargada de conducir las cabezas. En su oficio precisó que debían llegar a León ese mismo día.  El dato es especialmente relevante para la historia local, pues sitúa a la ciudad dentro de la ruta documentada del traslado.

La documentación consultada confirma que la escolta debía llegar a la villa el 11 de octubre, pero todavía no permite establecer con certeza dónde se detuvo, cuánto tiempo permaneció allí ni en qué sitio se habrían exhibido las cabezas. Aunque algunas publicaciones posteriores afirman que fueron mostradas en la plaza pública desde las casas reales el 12 de octubre de 1811, es necesario localizar un testimonio documental que permita corroborar ese detalle.

En el Archivo Histórico Municipal de León también se conservan comunicaciones anteriores sobre la captura de Hidalgo y los demás dirigentes insurgentes, remitidas desde Silao y Guanajuato al subdelegado Manuel Gutiérrez de la Concha. Estos documentos permiten acercamientos a la circulación de noticias y a la respuesta de las autoridades locales durante los primeros años de la guerra.

Reconstruir este trayecto permite comprender que León no fue ajeno a los acontecimientos de la Independencia: formó parte de una red de caminos, poblaciones y autoridades por la que circularon tanto las noticias de la guerra como los mecanismos de represión realista. Al mismo tiempo, distinguir entre lo que las fuentes prueban y lo que aún falta documentar es indispensable para seguir investigando la historia del municipio.

Así imagina la Inteligencia artificial a Jiménez y el Pípila. Por último: el cráneo de Jiménez según la Inteligencia Artificial.

Desde León, el camino prosiguió hacia Silao y Guanajuato, siguiendo el corredor que comunicaba estas poblaciones. La correspondencia citada por la historiografía confirma la llegada de las cuatro cabezas a Guanajuato el 14 de octubre de 1811. Por disposición de Calleja, fueron exhibidas en la Alhóndiga de Granaditas, donde permanecieron durante años como parte de la política de escarmiento del gobierno virreinal.

Las colocaron dentro de jaulas de hierro en las esquinas del edificio como una cruel advertencia del gobierno virreinal para sembrar miedo en la población. Permanecieron ahí colgadas durante 10 años, hasta que la Nueva España consumó su independencia en 1821 para convertirse en Imperio Mexicano.

Las cuatro cabezas mostraron a tres nativos guanajuatenses y uno que hizo suya a la ciudad: Mariano Jiménez. En la esquina norte del lado de la actual explanada de la edificación está su apellido, el de un guanajuatense por adopción.

Referencias

Elías Amador, “El clero mexicano en la revolución de la Independencia”, Anales del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnología, t. I, 1909, p. 201.

Antonio Barajas Becerra, Generalísimo don Ignacio de Allende y Unzaga, Senado de la República, 2009, pp. 273-274.

José Eduardo Vidaurri Aréchiga, “Las cabezas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez”, Portal Guanajuato, 9 de abril de 2021.

Archivo Histórico Municipal de León, Fondo Colonial, Sección Independencia, Comunicaciones, expedientes C.4-38-1811 y C.4-40-1811.

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