PILAR CALVO, ALUMNA DESTACADA DE GEDOVIUS, A LA VISTA

A Germán Gedovius (Ciudad de México, 1867-San Luis Potosí, 1937), todo mundo le decía “Maestro”, y con toda razón. Fue un destacado artista plástico inmerso en la vanguardia mexicana de finales del XIX, con estudios en la Academia de Bellas Artes de Múnich y en la Academia de San Carlos, siempre brillando por sus obras e innovaciones.

De padre alemán y madre mexicana, Gedovius nació con sordera congénita, por lo que comenzó a dibujar para poder comunicarse. Al ver sus aptitudes para el arte, su familia lo inscribió en 1882 en la Academia de San Carlos, donde permaneció cinco meses. Luego viajó a Alemania para recibir tratamiento para su enfermedad; logró escuchar un poco.

Allá aprendió la lengua germánica y a pintar dentro de la estética alemana al estudiar en la Academia de Pintura de Múnich. Esa estancia le permitió recibir una formación más tradicional y académica, estudió a los maestros barrocos, y su admiración por la pintura flamenca y holandesa le hizo tener gran predilección por trabajar a la manera antigua.

Fotografía de la artista mexicana. (Fotografía, Cortesía Museo Nacional de San Carlos)

Volvió a México en 1893 y dio a conocer su obra en la XXIII Exposición de la Academia de San Carlos, donde recibió una buena crítica. Colaboró ilustrando la Revista Moderna, y en 1903 inició su etapa más relevante al ser nombrado maestro de pintura de claroscuro en la Escuela Nacional de Bellas Artes bajo la dirección de don Antonio Rivas Mercado.

Entre sus alumnos estaban Ángel Zárraga, Diego Rivera y Francisco Goitia. Continuó dando clases en la Academia, y a la par abrió un estudio de pintura en la colonia Roma, donde se dedicó a la formación artística de “señoritas de buenas familias”. Entre sus alumnas sobresalió Pilar Calvo, pintora de la cual se acaba de inaugurar una exposición.

El pasado viernes 11 de julio abrió al público, en el Museo Nacional de San Carlos, una muestra que intenta contribuir al estudio histórico del quehacer artístico de las mujeres en nuestro país. Se trata de Pilar Calvo. Travesías de trazo y color que reúne alrededor de 40 piezas, entre óleos, dibujos, porcelanas, fotografías e impresos, así como información.

Pilar Calvo fue una de las más talentosas pintoras mexicanas, quien desarrolló un lenguaje realista muy expresivo, con obras figurativas alejadas de las vanguardias artísticas de los años que le tocó vivir, con virtuosismo en el manejo del dibujo y el color. La exposición, es una primera revisión e investigación seria y profunda en torno al trabajo de esta artista.

Ella incursionó lo mismo en el retrato que en el paisaje, en los bodegones y en la pintura histórica y religiosa, y en los autorretratos. La exhibición rescata, de un sistema de arte preferentemente masculino, a una talentosa artista que inició su educación con clases de dibujo y pintura con tutores privados, para luego especializarse bajo la guía de Gedovius.

“Autorretrato con vestido azul”. (Fotografía, Cortesía Museo Nacional de San Carlos)

Pilar Calvo nació en 1913 y a lo largo de su corta pero prolífica carrera fue reconocida por la crítica, recibió numerosos encargos privados, especialmente de retratos, y expuso su obra en Nueva York y en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México en 1944. En el catálogo de dicha exposición, el poeta Carlos Pellicer escribió sin atisbo de duda:

“El dominio del dibujo y una paleta organizada con maestría han permitido a la señorita Calvo llegar a una expresión plástica de incuestionable fuerza que, si por una parte oculta la feminidad de su autora, en su lugar exhibe su fuerte temperamento y personalidad artística, que la coloca entre nuestros definidos valores artísticos, sin distinción de sexos”.

Cultivó el género del retrato en sus diversas modalidades: el retrato de parientes, amigos y colegas; el retrato por encargo, de mujeres y niños; el retrato de personajes populares, y muy especialmente. Pilar Calvo siempre capturó no solamente la apariencia física de sus modelos, también su verdadera personalidad, su posición social y su identidad cultural.

La muestra deja ver que, dentro del género artístico del retrato, una subcategoría muy significativa, para las artistas mujeres, es la del autorretrato. Al representarse a sí mismas, pueden abandonar el lugar de objeto que suelen tener en la tradición occidental para pasar a ser sujetos vivos, reales, reconociendo así su papel como figuras activas y creadoras.

A través de los numerosos autorretratos que realizó no sólo dio cuenta de su profunda introspección en relación con su aspecto físico y temperamento individual, sino que se plasmó como artista. En Autorretrato al exterior se representó en su estudio, vestida con su bata blanca, el trapo manchado de pintura, paleta y sus pinceles en mano.

“Anciano español”, obra de Pilar Calvo. (Fotografía, Cortesía Museo Nacional de San Carlos)

En ese cuadro, la artista posa de pie, magnificando así su figura a través de la perspectiva en contrapicada, mirando desafiante a los espectadores y dando cuenta de su conciencia y orgullo en relación con sus logros profesionales, a pesar de los obstáculos que implicaban los prejuicios de género de su época, primer tercio del convulso y machista siglo XX.

Con valentía incursionó en la pintura mural, un campo que durante mucho tiempo estuvo prácticamente cerrado a las mujeres. El mural que realizó en el Hotel Posada del Sol, en la Ciudad de México, es testimonio de su voluntad por ampliar sus horizontes artísticos y de su decisión de ocupar un espacio tradicionalmente reservado para los artistas hombres.

En sus paisajes Pilar Calvo revela su mirada atenta y su dominio de la composición y del color, mostrando no sólo un lugar, sino transmitiendo una emoción, un recuerdo, una forma de estar en el mundo, mientras que en sus bodegones sobresalen su vibrante paleta y su virtuosismo técnico. Pilar Calvo. Travesías de trazo y color, ejemplo del papel que la mujer jugó en la historia del arte mexicano, está en el Museo Nacional de San Carlos.