UNA ENJUTA PATA DE MONO
Jeanne-Marie Leprince de Beaumont (Ruán, Francia, abril 26 de 1711- Avallon, Francia, diciembre 6 de 1776) fue una periodista, escritora, coleccionista de cuentos fantásticos, editora y novelista. Aunque, posiblemente a muchos lectores el nombre y apellido de esta mujer sorprendente no les resulta familiar, basta decir que es la autora de la versión más difundida del cuento Bella y la bestia, que publicó por vez primera en 1757, en su colección de cuentos El almacén de los niños, que, entre otros, incluye el relato Los tres deseos.
La historia de Los tres deseos narra la historia de un matrimonio modesto que una noche de invierno ve aparecer por la puerta de la cocina a una dama muy hermosa, la cual resulta ser un hada dispuesta a conceder tres deseos a la pareja.
El matrimonio, confundido por los deseos que van a pedir, terminan gastando en simplezas su capital mágico, conformándose al final con la vida que llevaban antes de aparecer la entidad mágica.
El cuento Los tres deseos ha fungido como base de otras historias, una de ellas escrita por William Wymark Jacobs (Wapping, Londres, septiembre 8, 1863- Islington, Londres, septiembre 1, 1943), un cuentista británico que destacó por ser un fino humorista literario, cuya temática giraba alrededor de “hombres que navegan por el mar en barcos de mediano tonelaje”. El primer libro de cuentos de Wymark Jacobs, Exceso de carga, publicado en 1896, proporcionó un gran éxito a su autor.
Sin embargo, por una vez decidió prescindir de las obras de teatro y los relatos de humor que tanta fama le dieron en Inglaterra y descendió a la oscuridad del horror con el relato La pata de mono.
La Antología del horror y el misterio de Editorial Grijalbo (1990) señala en la síntesis de esta narración: “Los lectores que esperaban algo divertido de W.W. Jacobs se llevaron la sorpresa de su vida. Vieron que, sin recurrir a efectos tremendistas ni a escenarios macabros, ni tampoco a seres monstruosos, el autor supo dar al relato un toque espeluznante”.
La historia de la pata de mono momificada hallada en la India es ahora uno de los clásicos de terror más leídos. De hecho, forma parte de la Antología de la literatura fantástica compilada por Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares.
La pata de mono a la que se refiere la historia es un relato que en su brevedad crea una atmósfera inquietante que se alimenta de la mente del lector, pues sin la imaginación de éste, la historia simplemente sería la de tres deseos que se cumplen de forma contraproducente.

La historia comienza en el interior de un hogar apacible en Laburnum Village, donde vive la familia White: el padre, la madre y Hebert, un hijo ya adulto, obrero, que hace tiempo debió dejar la casa donde transcurrió su infancia.
Esa noche, los White reciben la visita del señor Morris, quien pasó un tiempo en la India, de donde trajo un amuleto particular: la pata disecada de un mono. Morris explica que la enjuta extremidad fue hechizada por un faquir, por lo que tiene el poder de conceder tres deseos a quien la posee. El visitante indica que la pata está maldita, que detrás de los deseos hay, en realidad, una maldición.
En un arranque de ira y desesperación, Morris intenta arrojar la pata de mono a la chimenea, pero el señor White lo impide. Morris entrega la extremidad mutilada, advirtiendo que pida los deseos de forma razonable, pues todos los deseos son acompañados de consecuencias nefastas.
No bien se marcha el señor Morris, el matrimonio decide pedir doscientas libras para abonar a una hipoteca. Al sentir que la pata se mueve en sus manos, el señor White la arroja al suelo. Todos sonríen, sobre todo al comprobar que no ha sucedido nada extraordinario.
Sin embargo, el día siguiente será diferente para siempre. El hijo, Hebert, se va a su trabajo y el matrimonio transcurre en una tarde como cualquiera, hasta que llega un trabajador con pésimas noticias: Hebert ha muerto en su trabajo, triturado por las máquinas. A modo de indemnización, la empresa les envía doscientas libras.
Días después, claramente afectada en su equilibrio mental, la mujer pide a su esposo que utilice la pata de mono para traer de regreso a Hebert. El señor White se niega, pues dice que el estado del cuerpo de su hijo, por el tiempo transcurrido ha de estar en malas condiciones. Además, nunca vieron en qué situación quedó su hijo tras ser triturado por los engranes.
La insistencia de la mujer termina por convencer al señor White, quien alza la pata de mono y pide el deseo de que Hebert regrese de donde se encuentre. Al igual que en la primera ocasión, la magia parece no haber surtido efecto.
Horas después, al atardecer, alguien, algo, golpea la puerta. El matrimonio escucha unos lamentos sordos. Los despojos fracturados de Hebert esperan al otro lado de la puerta. El señor White, completamente aterrado, eleva la pata de mono y pide su último deseo. Cuando la señora White logra abrir la puerta, ve que no hay nadie, sólo una tarde que poco a poco es devorada por la noche.

