JUAN VILLORO ENTRE NÁUFRAGOS Y MIGRANTES EN LA LITERATURA

El escritor Juan Villoro (Ciudad de México, 24 de septiembre de 1956) habló con pasión y conocimiento de causa al dictar la conferencia “El aprendizaje de la soledad: De Daniel Defoe a Michel Tournier”, primera de la trilogía de charlas del ciclo El desafío del otro. Náufragos, exiliados y migrantes en la literatura en la sede El Colegio Nacional (ECN).

Para el escritor de cuentos y novelas, miembro de esa institución, “los libros en sí mismos son actos de migración, porque la literatura aporta testimonio de cómo todas las naciones se han construido gracias a la llegada de extranjeros”. Y con esa idea, preparó este ciclo de conferencias que tienen lugar los martes 5, 12 y 19 de este mes. La entrada es gratuita.

Toda literatura tiene “una condición inevitablemente extraterritorial, donde confluyen personas de distintas latitudes y culturas diferentes. La literatura pertenece a una patria común, una patria que puede ser interpretada, leída y decodificada en distintas latitudes”, dijo Villoro en su primera charla del ciclo que pretende continuar durante el próximo año.

El objetivo de sus conferencias consiste en revisar cómo la literatura ha estado presente en algunas de las principales preocupaciones de nuestro tiempo que tienen que ver con conocer a los desconocidos, a los extraños. (Fotografías, cortesía El Colegio Nacional)

La meta “es revisar cómo la literatura ha estado presente en algunas de las principales preocupaciones de nuestro tiempo que tienen que ver con conocer a los desconocidos, a los extraños. Es una oportunidad de revisar autores fundamentales, aunque por supuesto que la nómina de escritores que han tratado el tema del otro, de la otra, es muy amplio”.

Entrado en materia, destacó que, si existe una isla fundamental para el naufragio, esa es la de Daniel Defoe, donde habitó su personaje “Robinson Crusoe” 28 años, la misma que recreó en el siglo XX el escritor francés Michel Tournier en su novela Viernes o los limbos del Pacífico. El público que colmó el auditorio de ECN escuchaba emocionado.

Luego de detallar la vida de fracasos de Defoe, expuso que como su personaje Robinson Crusoe, él mismo era un hombre lleno de ambición. “Daniel Defoe era pretencioso, se ponía peluca como si perteneciera a la aristocracia, y usaba espada por pura elegancia”, dijo Villoro, quien entre sus amores más encarnados tiene al futbol como tema de estudio.

Siempre luchando para sobrevivir, Defoe escribió Robinson Crusoe, novela que para el conferencista “es la historia de un gran arrepentimiento, porque él mismo se hizo a la mar desobedeciendo a sus padres y cayó en un naufragio”. Llegó a la isla, tuvo que dar gracias, y bautizó a la isla como “Esperanza”, como una de las tres virtudes teologales.

Por otro lado, inspirado en el naufragio del marinero Alexander Selkirk, en la obra de Defoe aparece otro personaje, un aborigen al que bautiza con el nombre de “Viernes”. “A pesar de ser la historia de un amo y un sirviente, con el tiempo el náufrago Robinson Crusoe empieza a sentir curiosidad, aprecio y hasta respeto por el aborigen”, añadió.

Con los años, Robinson Crusoe se convirtió en un personaje que es ya equivalente a un mito, así como hay muchos autores que han tocado el tema de “Fausto” o el tema de “Don Juan”, hay muchos que han tocado el tema de “Robinson Crusoe” hasta llegar al siglo XX, por ejemplo, La isla de cemento, de Ballard, autor de ciencia ficción inglés.

La lista llega hasta Michel Tournier y su Viernes o los limbos del Pacífico, donde hace “una antropología del otro, cambia la ecuación del náufrago blanco y el aborigen, y crea una novela profundamente diferente, muy difícil, porque tiene el precedente de una de las mayores obras de la literatura que ha sido publicada exitosamente desde el siglo XVIII”.

Juan Villoro ofreció la primera de tres conferencias de un nuevo ciclo. Al final, firmó libros y repartió autógrafos. (Fotografías, cortesía El Colegio Nacional)

Vista a la distancia y con la mentalidad de la antropología del otro, Viernes o los limbos del Pacífico es también una educación para entender a la sociedad actual. “Defoe escribió una novela en la que un náufrago busca conservar sus valores en una soledad extrema, es una novela conservadora, para salvarse a sí mismo y no deshumanizarse”.

Con esas dos versiones literarias del naufragio, dijo Villoro, “vemos el descubrimiento de un ser diferente, al que podemos temerle, pero que también es alguien que tiene mucho que enseñarnos, cuando en una isla desierta aparece una huella que no es la nuestra eso puede sobresaltarnos, puede asustarnos, pero también es una oportunidad de aprendizaje porque lo otro, lo distinto, es necesariamente lo que alimenta lo propio”.

Por último, Villoro se refirió a la isla desierta en la literatura como espacio de aventura, pero también de condena: “En México han existido presidios en islas, y José Revueltas escribió Los muros de agua’ novela sobre la cárcel en la que él estuvo, en las Islas Marías; la isla es un espacio de deseo, un paraíso posible, de salvación para un náufrago, pero también ha sido un espacio de condena”.