65 GATITOS CONSENTIDOS
De acuerdo con la literatura más objetiva y mejor documentada, la historia de los gatos, como animales de compañía del ser humano, se pierde en las sombras del tiempo. A pesar de ello, existen registros de su domesticación en el antiguo Egipto, donde eran venerados como seres sagrados relacionados con la diosa Bastet, protectora del hogar y la fertilidad.
Los gatos han sido protagonistas dentro de las expresiones culturales y religiosas de no pocos pueblos alrededor del mundo. En el México prehispánico, los gatos gozaban de un trato especial, incluso eran venerados porque se les asociaba con todas las divinidades del inframundo y de los cielos, de lo oculto y lo desconocido, así como a la adivinación.
Mientras los gatos egipcios, bien conocidos y famosos en todo el planeta por su exquisita belleza y extraordinarias habilidades para cazar roedores, eran considerados miembros de la familia y recibían cuidados especiales, al grado de también ser momificados al morir, en México, el gato se mantiene como uno de los animales de compañía más preferidos.

Según el INEGI, el 68.9 por ciento de los hogares mexicanos tiene al menos una mascota. Esto representa aproximadamente 80 millones de animales de compañía, de los cuales 16.2 millones son gatos. El interés de la población por esos animales se presenta en todo el país, y a la fecha son la segunda mascota más común en México, sólo tras los perros.
La idiosincrasia y la cultura mexicana ha cobijado a los gatos desde diversos frentes. Por ejemplo, el refrán “echarle un ojo al gato y otro al garabato” es muy mexicano. Nació en las cocinas durante el período virreinal, en las cuales se usaba un garabato, es decir, un gancho que servía para colgar bolsas de comida, como quesos, hierbas, y carnes secas.
En esos mismos hogares, concretamente en sus cocinas, existían gatos que eran cuidados por las mujeres encargadas de los fogones. Como hasta la fecha, siempre han sido más las mujeres que los hombres quienes se encariñan más y mejor con los gatos. Así, para que el gato no se comiera la comida colgada, había que echarle un ojo al gato y otro al garabato.
Actualmente, en la Ciudad de México, habitan tres personajes singulares cuya misión de vida es cuidar sin remuneración alguna a 65 gatitos. Santiago Arrieta Hernández, Diana Arredondo y Laura Ibarra los adoptan o recogen de la calle, los bañan y desinfectan, desparasitan y vacunan hasta completar su cuadro respectivo, y los alimentan sanamente.
Santiago comentó a equisgente que en el interior y las inmediaciones del Panteón de San Fernando hay 36 mininos que él y sus dos compañeras atienden desde hace siete años. “Son gatos que la gente ha abandonado a su suerte. ¿Qué me mueve a realizar esta labor? El amor que tengo por todos los animales, y más para los que sufren o están indefensos”.

No los alimentan con desperdicios. Nada de eso. Cada gato es agasajado cada día con una dotación generosa de croquetas de una marca famosa, pollo hervido, sobres de comida húmeda y agua potable. “El gasto corre por nuestra cuenta, lo hacemos con gusto, porque ellos son seres vivos y como tales, sienten hambre, sed, frío y miedo, como nosotros”.
Si la bondad, la empatía, el amor, la piedad, la misericordia y la caridad pudieran tomar forma humana, tendrían la apariencia de Santiago Arrieta Hernández. Hombre maduro, de complexión rolliza, y rostro apacible, abonó a sus comentarios que todos y cada uno de los gatos, bajo el cuidado de los tres, tiene un nombre, cada cual por una razón específica.
“Scapino”, “Canelo”, “Albóndiga”, “Lucecita”, y “Migato” (nombre curioso porque él lo recogió flaco, flaco, flaco, y ahora que ha tomado cuerpo no se le despega por nada del mundo), son algunos de los nombres de los gatos que Santiago Arrieta Hernández, Diana Arredondo, y Laura Ibarra, llaman en conjunto “Catacumberitos”; viven en un panteón.
Pero no todos comparten espacio entre las tumbas de Benito Juárez y su esposa Margarita Maza de Juárez, Miguel Miramón, Martín Carrera y otros personajes famosos y pudientes del siglo XIX. 36 gatos están registrados en San Fernando, 10 en un jardín cercano, y 19 en la Escuela Primaria “Ignacio Manuel Altamirano”, a unos cuantos pasos de allí mismo.
El entrevistado también tiene gatos en su casa y a lo largo de su vida ha sido un ir y venir de esos animales. Tan sólo de San Fernando han dado 50 en adopción. “Los entregamos en óptimas condiciones, y nos cercioramos de que el hogar al que lleguen sea un lugar digno, y que de verdad sean amados y cuidados, pues merecen ser felices”, aseguró.

Sin embargo, y como ni en las casas más ricas alcanza el dinero, cuando es necesaria una cirugía, porque eventualmente llegan gatitos heridos o maltratados, los tres bienhechores acuden a la comunidad digital para solicitar algún apoyo. Lo mismo sucede cuando la quincena no alcanza: Para completar el alimento gatuno acuden a los “Croquetones”.
Los gatos ya conocen a sus benefactores y hasta platican con ellos. “Nos comunicamos con ellos. Muchas veces son incomprendidos. La gente cree que son independientes y que nos hablan cuando quieren, que son volubles y groseros, pero no es así. Son como las personas, con estados de ánimo variables”, señaló Laura Ibarra con 30 años con los gatos.
Las tres colonias de gatos se renuevan constantemente. Así como llegan algunos nuevos, otros se van en adopción o porque son víctimas de enfermedades, y epidemias como las de Influenza y Covid 19, que los afectaron indirectamente al no poder ser atendidos debido a las cuarentenas. “Hemos cuidado a muchas generaciones de gatitos”, acotó.

