ALEGRES ARDILLAS DE CHAPULTEPEC

Suben y bajan por los troncos de los árboles, caminan sobre los cables y las ramas, saltan, brincan y corren sin cesar. Por su naturaleza, su hábitat natural son las zonas boscosas y las arboledas, sin embargo, debido al crecimiento de la mancha urbana han emigrado y ya se les ve pasear en calles, avenidas y pequeñas áreas verdes de la Ciudad de México.

Son las ardillas, simpáticas y siempre de aspecto alegre. A saber, en la capital ya se han aposentado dos especies: la ardilla gris (Sciurus aureogaster), de hábitos arborícolas y de costumbres aéreas, y la ardilla terrestre o de roca (Otospermophilus variegatus), que vive más cerca del suelo, aunque es menos visible en las zonas habitacionales de los humanos.

Se han adaptado a la convivencia con las personas debido a que éstas les dan de comer. De forma natural, las ardillas se alimentan de semillas, brotes, frutos, e incluso insectos y huevos de aves. Ellas tienen una función ecológica, porque acostumbran enterrar parte de lo que recolectan… y se les olvida, lo que permite el crecimiento de nuevas plantas.

Las ardillas de Chapultepec, un floreciente atractivo dentro del viejo bosque. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

El milenario Bosque de Chapultepec cuenta con 866.37 hectáreas y recibe a más de 24 millones de visitantes cada año. Entre sus atractivos, además del castillo que está sobre el cerro que da nombre al bosque, están sus lagos con lanchas para remar o pedalear, y el nuevo Parque Aztlán, que sustituyó a la vieja feria y sus numerosos museos y galerías.

Sin embargo, lo que parece divertir más a las familias son las ardillas. Y a las ardillas les agrada la visita de los humanos, porque ellos les dan cacahuates, papas, pan, frutas y hasta sándwiches caseros. Sin duda, esa relación modifica cada día el comportamiento de las ardillas, quienes adquieren nuevos hábitos y, en general, nuevas formas de vida.

Las ardillas de Chapultepec se han vuelto más confiadas y menos asustadizas ante la presencia humana. Comen de la mano de los niños y cualquier romántico diría que sonríen con agradecimiento a quien les ofrece algún alimento, que charlan animadamente y que en cada encuentro nace una nueva amistad, efímera, pero amistad, al fin y al cabo.

A lo largo de cualquier día es común verlas acercarse a las personas, y aunque no son peligrosas, no están domesticadas. No se deben capturar para tenerlas como mascotas. Hay personas que intentan cazarlas para venderlas, pero son animales silvestres, pueden morder por instinto, estresarse fácilmente y no están adaptadas para vivir en cautiverio.

Para algunos especialistas, las ardillas ya representan una plaga. Consecuentemente, no se les protege como a otros animales, por eso en Chapultepec se permite a los visitantes alimentarlas, tocarlas y juguetear con ellas. Tal es el caso de la familia Jaramillo Torres, que esta semana acudió de paseo al Bosque de Chapultepec para conocer a las ardillas.

De entre sus pertenencias, papá y mamá sacaron una bolsa con cacahuates que sin más pérdida de tiempo entregaron a su pequeña hija, quien de inmediato corrió al encuentro con las ardillas. Los progenitores daban “instrucciones precisas” sobre cómo acercarse, cómo llamarlas y darles de comer. También ellos se unieron al agasajo para las ardillitas.

El Bosque de Chapultepec representa el 52 por ciento de las áreas verdes de la ciudad y ofrece importantes servicios ambientales como la recarga hídrica y la regulación de la temperatura, además de ser refugio para las aves migratorias y la fauna nativa. Es tal su importancia que fue declarado Área de Valor Ambiental el 2 de diciembre de 2003.

De esa forma, el Bosque de Chapultepec juega un papel de capital importancia para hacer frente a los inminentes desafíos del cambio climático. Hacia el futuro no muy lejano, bajo el aumento de precipitación pluvial y aumento de temperaturas, ese espacio jugará un rol esencial para salvaguardar y potenciar los servicios ambientales de la Ciudad de México.

El Bosque de Chapultepec está dividido en cuatro secciones: la Primera Sección es la considerada como el “Bosque Viejo”, escenario de sucesos clave en la historia del país. Dentro de sus 273.83 hectáreas están algunos de los recintos culturales más destacados de Latinoamérica, y el Centro de Conservación de la Fauna Silvestre más importante del país.

La Segunda Sección fue inaugurada en 1964 con un enfoque recreativo y deportivo. Tiene una superficie de 168.03 hectáreas y sus pastizales y cuerpos de agua constituyen un lugar de paseo cotidiano para contemplar la naturaleza, mientras que sus circuitos de atletismo fomentan la vida saludable. También tiene restaurantes de lujo no tan caros.

Las ardillas de Chapultepec se han vuelto más confiadas y menos asustadizas. Comen de la mano de los niños y cualquier romántico diría que sonríen con agradecimiento a quien les ofrece algún alimento. (Fotografías: Graciela Nájera Sánchez)

La Tercera Sección, incorporada en 1974 y ubicada a una altura superior a los 2,200 metros sobre el nivel del mar, cumple una vocación ambiental. Tiene una superficie de 243.90 hectáreas, de las cuales 137.71 ha son de barrancas, las cuales brindan servicios ambientales como captación de agua y refugio de flora y fauna. Casi siempre hace frío.

Finalmente, la Cuarta Sección, abierta en 2023, tiene 180.61 hectáreas, donde están el cauce del río y barranca de Tacubaya, y el manantial de Santa Fe. En conjunto, el bosque representa 52 por ciento de las áreas verdes urbanas de la capital, y brinda servicios como la captación de dióxido de carbono, la recarga hídrica y la regulación de temperatura.

Es el espacio recreativo por excelencia de la ciudad, con un promedio de 24 millones de visitantes al año. Tiene cuatro circuitos para corredores, dos skateparks y un circuito para bicicleta de montaña. Cuenta con 18 recintos culturales a lo largo de sus cuatro secciones y es sede de la Feria del Libro Infantil y Juvenil y la Feria de las Culturas Amigas. Pero lo mejor, para muchos, son sus ardillas.