LEÓN EN LA II GUERRA MUNDIAL

Soldados caídos en batalla, centro de operación de un espía nazi y refugio para gente polaca perseguida.

El 1 de septiembre de 1939 la Alemania nazi invadió Polonia. La noticia llegó a miles de kilómetros, a un municipio con casi 140 mil habitantes con unos 100 mil en su cabecera municipal. Ese acontecimiento tendría con el paso del tiempo un cambio en la apacible provincia abajeña: proporcionó braceros y soldados, fue espacio de refugio para personas polacas perseguidas y los cambios económicos del conflicto, llevarían a convertir a la Perla del Bajío en el principal centro zapatero del país reconocido en el mundo.

La ciudad tuvo sus héroes y fue parte de una intriga política con un espía que sentaría bases para el sinarquismo y la convertiría en parte de una de las zonas ideológicamente más conservadoras. 

En 1939 no existía en el estado ningún diario que en ese momento consignara el inicio de las hostilidades. Sin embargo, la llamada “prensa nacional” —la impresa en la ciudad de México— llegaba a los kioskos de periódicos de la entidad.  

El cuerpo del leonés Tony Pompa descansa con el nombre de Tony Lopez en el cementerio Nacional de Rock Island, en los Estados Unidos. A su vez, Filogonio Antonio Frausto Alcaraz, aunque nació en los Estados Unidos, su madre que era leonesa lo trajo a que le enterraran con honores binacionales en el Panteón de San Nicolás de León. (Fotografías, AHML)

El conflicto bélico de la entonces llamada “Guerra en Europa” fue difundida por periódicos leoneses no diarios que publicaban las noticias internacionales y locales: La opinión del centro y Gaceta de Literatura. En 1940 aparecieron El Estado de Guanajuato, impreso en la ciudad de Guanajuato, y Guanajuato diario del Bajío, impreso en Irapuato, pero con corresponsales en León y la capital del estado.

Entre las noticias locales de ese tiempo destacaron el reclutamiento de braceros y la contratación de más personas para trabajar en las emergentes fábricas de bota militar y de calzado civil debido a que dejó de importarse de Estados Unidos especialmente el zapato “de vestir”.

Espionaje

El gobierno de Adolfo Hitler envió a una hermosa mujer a hacer el papel de espía en las altas esferas del gobierno mexicano. Juan Alberto Cedillo señala en su libro Los Nazis en México, que al país llegó Hilda Kruger, una bella alemana que, de acuerdo con el gobierno de los Estados Unidos, se involucró con personajes de la talla de Miguel Alemán (secretario de Gobernación), el canciller Ezequiel Padilla y el general Juan A. Almazán, que sería el último militar en levantarse en armas en el siglo XX.

En Guanajuato el espionaje no fue romántico: en la década de 1920, al país llegó un letrado de nombre Oskar Hellmuth Schreiter. De Veracruz pasó a Morelia y de ahí a León, para conectarse con la intelectualidad y grupos de la ultraderecha de la región.

Según afirma Cedillo, cuando Hitler llegó al poder en 1933, Hellmuth se unió al nazismo desde México y realizó su papel de espía desde su condición de profesor de alemán en el Colegio del Estado de Guanajuato. Desde esa posición logró que el 13 de junio de 1936 surgiera el Centro Anticomunista en la ciudad de Guanajuato, donde tuvo a dos de sus alumnos como fieles seguidores: los hermanos Alfonso y José Trueba. 

Hellmuth, quien había sido parte de los servicios de inteligencia alemanes durante la primera guerra mundial, difundió propaganda nazi y envió a su país información valiosa generada en México, según consigna Cedillo en su obra. El alemán aparece como personaje en la novela histórica El código nazi, de Francisco Haghenbeck.

Los anticomunistas no tuvieron gran eco en la capital del estado, pero sí en León, donde el 13 de mayo de 1937 fundaron la Unión Nacional Sinarquista (UNS). Surgió en una casa de la calle Libertad. El acta constitutiva es suscrita por Hellmuth Oskar Schreiter, Federico Heim, Herculano Hernández Delgado, Isaac Guzmán Valdivia, Manuel Torres Bueno, los hermanos Alfonso y José Trueba Olivares —quien presidió inicialmente la organización—, y por Manuel Zermeño Pérez, que fue como vicepresidente.

Hellmuth Oskar Schreiter, presunto agente nazi infiltrado en el Colegio del Estado de Guanajuato. Al lado de su fotografía, reporte del Servicio de Inteligencia de los Estados Unidos que acusaba el apoyo de agentes nazis a los sinarquistas. (Fotografías, AHML)

La UNS tuvo una doble organización: la formal cuyo dirigente principal fue Salvador Abascal, y la corporación secreta llamada la Base, fundada a fines de 1934 para organizar a los católicos para luchar por el poder político y para enfrentar la persecución religiosa. La Base tratará de orientar la política nacional hacia una posición de centro y se integrará con jóvenes de las élites socioeconómicas, entre ellos: José Antonio Urquiza, Antonio Santacruz, Julio Vértiz SJ, Eduardo Iglesias SJ y José María Heredia SJ.

La visión de historiadores sobre este suceso se divide entre la versión aquí señalada y los que indican que la UNS fue un movimiento católico antiyanqui más que fascista. También se pone en duda que el profesor fue agente nazi, aunque sí se le reconoce su postura anticomunista, compartida con los sinarquistas.

Me voy de soldado raso

Es posible que haya habido miles de braceros guanajuatenses que se enlistaran en el ejército estadounidense, pero la historia sólo documenta a Tony Pompa, nacido en León, y Filogonio Antonio Frausto Alcaraz, cuyo cuerpo yace en el panteón leonés de San Nicolás porque su madre era oriunda de la ciudad zapatera. Tony Pompa nació en León, el 17 de enero de 1924. Su familia fue a vivir a Romita y en 1927 emigraron a Silvis, Estados Unidos, donde se enlistaría. Todo esto consta en el libro Ecos de lejanas voces, del cronista romitense Josué Bedia Estrada.

En Silvis vivieron inicialmente en un vagón de tren. Tony perdió su trabajo en el Arsenal de Rock Island por no ser ciudadano estadounidense y para obtenerla se alistó el 18 de julio de 1941 en el Cuerpo Aéreo del Ejército yanqui bajo el nombre de Tony Lopez. Fue artillero de cola en un B-24 y voló misiones sobre Europa. El 31 de enero de 1944, durante un vuelo sobre Aviano, en el norte de Italia, su avión fue alcanzado por fuego antiaéreo alemán. Una versión señala que, con su paracaídas dañado, Pompa decidió quedarse para ayudar a otro miembro de la tripulación a escapar, en lugar de salvarse a sí mismo; otra indica que se arrojó en paracaídas, pero éste se enredó en el avión. Quizá una no excluye a la otra. Fue declarado desaparecido en marzo de 1944 y más tarde se comprobó su fallecimiento. Sus restos fueron devueltos en 1949 y sepultados en el Cementerio Nacional de Rock Island.

Alfonso Trueba Olivares, discípulo de Hellmuth Oskar Schreiter, primer dirigente de la UNS (fotografía, AHML). En seguida, la placa en la casa donde nacieron los hermanos Trueba Olivares, en Silao de la Victoria, en la esquina de 5 de Mayo y Honda (fotografía de Google Earth).

Leonés que nació donde le dio la gana

En el panteón municipal de San Nicolás, en León, se encuentra una tumba con el nombre de “Philip A Frausto Colorado”, grabado en mármol. Se trata de un soldado estadounidense que peleó en la Segunda Guerra Mundial y murió durante la liberación de la Isla de Leyte, en la campaña de Filipinas. Sus restos yacen a perpetuidad.

Se llamó Filogonio Antonio Frausto Alcaraz, pero fue hijo de padres migrantes guanajuatenses asentados en el estado de Colorado. Tras el ataque japonés a la base naval de Pearl Harbor, en diciembre de 1941, Estados Unidos declaró la guerra y Filogonio fue reclutado al cumplir la mayoría de edad.

El dato poco conocido y obtenido por un joven reportero leonés, es que una rama de los Frausto se quedó en el estado de Guanajuato, la raíz del soldado homenajeado. Alejandro Frausto, sobrino de Filogonio, así contó la historia:

“De acuerdo al relato de mis tías, y de mis tíos de mi familiar el soldado, mis abuelos vivían allá en Colorado y ellos se conocieron allá, tuvieron a la mitad de sus hijos, mi tío Philip en cuanto cumplió los 18 años, lo reclutaron y mi abuelo no quería y se lo quitaron, en pocas palabras. En cuanto pasó eso mi abuelo dijo ni uno más me quitan y fue cuando se viene a vivir a Purísima”. 

Philip tenía 23 años cuando estalló una granada en el fragor de la batalla, un 8 de diciembre de 1944 en Filipinas. Y ahí entró el detalle panzaverde: si bien Philip nació en 1920 en Pueblo, Colorado, su padre —Felipe— era originario de San Francisco del Rincón y Margarita —su madre— de la ciudad de León. Por eso decidieron traer a la ciudad zapatera los restos del hijo amado.

Narraron los parientes que el cuerpo del soldado llegó en tren a León, en un féretro protegido por dos cajas. Le acompañaba una guardia de honor, las bandas de guerra del ejército de Estados Unidos y la del Municipio de León. El cortejo enfiló por la calle Independencia hasta el Palacio Municipal, donde lo velaron y después en casa de su padre —en la calle Justo Sierra— le entregaron la medalla de Corazón Púrpura y la bandera de Estados Unidos. El féretro estaba cubierto por las banderas de ambos países. 

La tumba de Filogonio en el Panteón San Nicolás es el referente de un leonés que nació a la Chavela Vargas: donde le dio la gana.

Panorámica de la Pequeña Polonia en la exhacienda de Santa Rosa, en León, donde entre otras actividades también realizaban el cultivo de hortalizas. Niñas y niños polacos en la Pequeña Polonia. (Fotografías, AHML)

La Pequeña Polonia 

Tras la invasión iniciada el 1 de septiembre de 1939, el territorio de Polonia fue repartido entre la Alemania nazi y la Unión Soviética —en ese momento ambos eran aliados—. Las persecuciones se centraron en pobladores de origen judío, pero el resto tampoco corrió una suerte de respeto: su población fue objeto de represión, maltrato y hambrunas.

Polonia sufrió asesinatos masivos, encarcelamientos de disidentes y desplazamientos forzados. Fueron expulsadas unos 1.2 millones de personas y muchos otros fueron enviados a frías e inhóspitas regiones soviéticas como Siberia. Algunos son obligados a ingresar en el ejército y cientos de miles en campos de trabajos forzados bajo condiciones infrahumanas.

En esa vorágine de destierros y maltratos, la India y seis países de África Oriental, pertenecientes al Commonwealth Británico, ofrecieron refugio a 20 mil refugiados mientras durara la guerra. Sorprendentemente, el presidente Manuel Ávila Camacho accedió a negociar el permiso de 20 mil visas para el ingreso de refugiados a México. 

El gobierno de Estados Unidos ofreció 3 millones de dólares para la transportación y la estancia del primer año y en 1943 a León llegaron mil 453 refugiados.

La mayoría refugiada estaba formada por mujeres y niños. Poco a poco algunos se fueron a radicar a la ciudad de México, otros se fueron a Canadá y 22 jóvenes mujeres se alistaron voluntariamente al ejército polaco; otras más salieron por haberse casado con mexicanos. Hubo 6 muertos y nacieron 64 niños. De esta población alrededor de 900 estaban integrados en familia con uno o los dos padres, 193 venían solos, 30 en compañía de algún pariente y 236 huérfanos.

En “La Pequeña Polonia” hubo zapateros, fontaneros, electricistas, algunos plantaron su propia hortaliza, las mujeres se ocupaban de la cocina, así como hacer el vestuario de los alumnos para las representaciones teatrales de los niños o en los desfiles de las fiestas nacionales mexicanas. Mantuvieron sus tradiciones polacas, pero también disfrutaron e incorporaron algunas mexicanas.

León en 1939 en lo que hoy es la calle 20 de Enero (primera fotografía) y la avenida Miguel Alemán. (Fotografías, AHML)

Tenían una clínica que también daba servicio a los habitantes de las inmediaciones y disfrutaron de mejor conectividad al pavimentar el camino que iba a la exhacienda. También se estableció una escuela en el ejido Plan de Ayala situado a un costado de la hacienda.

El campo de Santa Rosa fue liquidado oficialmente el 31 de diciembre de 1946 y su proceso terminó el 16 de mayo de 1947. Todavía quedaban 106 niños en edad escolar y 99 adolescentes, pero fueron enviados a Tlalpan.

Pocas personas polacas se quedaron en León y otras pocas regresaron a la Polonia ya comunista; la mayoría se dispersó por México, Estados Unidos y Canadá, pero todas recordaron con cariño y gratitud a una ciudad zapatera que los cobijó y a un país que les legó a la Virgen de Guadalupe como su segunda advocación venerada, pues su patrona es Nuestra Señora de Częstochowa.

Soldados, espías y refugiados son parte de la historia leonesa.