EL JUSTO Y VISIONARIO FRANCISCO PRIMO DE VERDAD
En el cruce de la avenida José María Pino Suárez y la calle República de El Salvador, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, hay un jardín pintoresco. Para gran parte de la población, es una plaza chiquita, soleada, agradable, dedicada a un señor que dejó una honda huella en su tránsito de vida entre los siglos XVIII y XIX: Don Primo de Verdad.
El terreno que ocupa el jardín, o la plaza, como se le quiera denominar, era parte de la misma propiedad que fue donada en el siglo XVI a Juan Gutiérrez Altamirano, la Casa de los Condes de Santiago de Calimaya. Su hijo la ocupó para ordeña, criadero y rastro, pero poco a poco fue rentando partes para colocar puestos fijos que dieron lugar a un mercado.
Ya en el siglo XVIII se le conocía como Plazuela de la Paja o de Jesús, porque enfrente se hallaba el hospital del mismo nombre, y fue hasta que el conde de Revillagigedo, uno de los mejores virreyes que tuvo la Nueva España, comenzó a regular los mercados cuando fue reordenada. Eso benefició enormemente al pueblo, dedicado al comercio callejero.

Luego de incendiarse, a mediados del siglo XIX, varios de sus puesteros se mudaron a otras plazas, hasta que se prohibió establecerse en ese sitio. Actualmente se le conoce como Antigua Plazuela de la Paja o de Jesús, y más aún, como Plaza Licenciado Primo de Verdad, porque al centro fue colocada una estatua que inmortaliza a tan noble caballero.
Don Francisco Primo de Verdad y Ramos fue un destacado político y pensador mexicano reconocido como precursor de la Independencia de México y por su férrea defensa de la soberanía popular. También se le respeta porque fue uno de los pioneros que abogaron por la creación de Juntas Novohispanas mientras se esperaba el destino de Fernando VII.
Como miembro de la élite intelectual de su época, abogó por la igualdad de derechos entre los criollos y los peninsulares, así como por la participación popular en los asuntos políticos y administrativos de la Nueva España. Sus escritos calaron la conciencia política de la sociedad mexicana y contribuyeron al surgimiento del movimiento independentista.
Francisco Primo de Verdad nació en Ciénega del Rincón, Aguascalientes, el 9 de junio de 1760. De joven se trasladó a la Ciudad de México, donde obtuvo el título de Abogado en el Real Colegio de Abogados. Mientras, a finales del siglo XVIII en la Nueva España se cocinó una serie de circunstancias que forjaron su futuro desarrollo y pensamiento.
Los ideales de la Ilustración, tales como libertad, igualdad, progreso y el establecimiento de un gobierno constitucional, fueron adoptados por una pequeña élite criolla que soñaba un cambio estructural, ya que la mayoría de ellos se veían excluidos para ocupar cargos públicos. Este período estaba marcado por un clima de injusticia social y discriminación.
Eso contribuyó a avivar el deseo de cambio y reforma entre la población. La difusión de estas ideas creó inestabilidad política y social en la Nueva España a partir de 1808, mientras en España se desarrollaban eventos como la invasión de las tropas de Napoleón Bonaparte y la dimisión del rey Felipe VII en favor de José Bonaparte, hermano de Napoleón.
Un valioso documento de la Comisión Nacional de Derechos Humanos apunta que, en ese contexto de incertidumbre y ausencia de autoridad real, Francisco Primo de Verdad le propuso a José de Iturrigaray, virrey de la Nueva España, convocar a los ayuntamientos de diferentes territorios con el único objetivo de establecer un gobierno provisional.
El 9 de agosto de 1808 se llevó a cabo la junta provisional, a la que asistieron fiscales, canónigos, funcionarios, prelados y destacados vecinos. Allí quedó en evidencia una división entre partidarios del movimiento autonomista (criollos) y aquellos que preferían obedecer a la autoridad de la Junta de Sevilla (principalmente todos los peninsulares).
Primo de Verdad dijo que, sin monarca, la soberanía emanaba del pueblo, y, por lo tanto, podía ejercer su derecho a elegir a sus representantes; es decir, presentaba las bases para crear un movimiento de Independencia. Las siguientes semanas se elevó una conmoción social, y surgieron más grupos que deseaban la emancipación política de México.
Los españoles rechazaron las ideas de Primo de Verdad, y el 15 de septiembre de ese año, un grupo llamado Batallón de Voluntarios de Fernando VII, liderado por Gabriel de Yermo, capturó al virrey Iturrigaray y puso en su lugar a Pedro Garibay, personaje afín a los intereses peninsulares. Garibay mandó arrestar a cuantos habían tomado partido en las reuniones.
Primo de Verdad fue arrestado y encarcelado en el edificio del Arzobispado de México, donde falleció en circunstancias sospechosas el 4 de octubre de 1808. Se especuló que fue torturado y asesinado por las autoridades coloniales, las cuales siempre reprimieron sus ideas independentistas. Sin embargo, sus ideas trascendieron de manera favorable.

Pasaría poco tiempo para que sus ideas volvieran a manifestarse en la Nueva España y su figura rescatada por los independentistas; pues en 1812 Carlos María de Bustamante publicó “El Juguetillo” exponiendo los argumentos que Primo de Verdad había sostenido para dar paso a la creación de la primera Junta de Gobierno en la Nueva España.
La tortura y asesinato de Primo de Verdad fue atribuido a los comerciantes españoles y al alto clero, pero su legado e ideales resonaron entre los insurgentes, ya que el padre Miguel Hidalgo y Costilla cultivó una relación amistosa con el francés Dalmivar, quien había conocido a Francisco Primo de Verdad; Dalmivar e Hidalgo siguieron sus pasos.
Su compromiso con la justicia fue reconocido décadas después de su muerte: En 2008, el Congreso del Estado de Jalisco lo honró declarándolo héroe, y en el mencionado jardín/plaza ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de México se erigió una estatua en su memoria, como tributo a su valentía y por su contribución a la historia nacional.

