EL PATRIOTISMO INVADE AL CENTRO HISTÓRICO DE LA CAPITAL

Proveniente de su natal Temoaya, uno de los 125 municipios del Estado de México, Luis Rojas llegó a la capital del país. Desde el pasado lunes y hasta el 16 de septiembre no le queda más que añorar su terruño, declarado “Pueblo con encanto” por el gobierno estatal en 2023, porque vino decidido a vender sus productos propios del llamado “Mes Patrio”.

En ese lapso, Luis instalará diariamente su carrito de palma en la esquina de Isabel la Católica y 16 de Septiembre, a unas cuadras del zócalo. Se le nota contento y optimista, aunque cansado por el trabajo realizado para que su negocio de productos artesanales en el Centro Histórico resulte exitoso a pesar de los pocos días de venta y los aguaceros.

“Desde marzo comenzamos a elaborar nuestros productos, como banderas de diferentes tamaños, matracas de madera, moños para adornar la ropa y el cabello, aretes, collares, pulseras, sombreros”, explicó a equisgente. Está orgulloso porque en su familia, con una tradición de aproximadamente 50 años, se mantiene de esta noble actividad.

Luis Rojas llegó a la capital con su cargamento que alegra el fervor nacionalista. (Fotografías, Graciela Nájera Sánchez)

“Mi abuelito Luis Rojas y mi abuelita Crescencia Fabián comenzaron este negocio en 1985. Pertenezco a la cuarta generación dentro de la familia dedicada a fabricar todos estos productos, aunque ya existe la quinta, pero sus miembros todavía son muy chicos, algunos todavía bebés; Pero entre hijos y nietos, somos alrededor de 50 trabajadores”.

Tras informar lo anterior, abonó a sus declaraciones que su empresa familiar diseña y elabora aproximadamente 70 productos diferentes, mismos que hacen lucir a su carrito de palma como una estampa nacionalista de la primera mitad del siglo XX. Pero observando con atención, uno nota la modernidad y la innovación que permea a esta vieja labor.

Aunque los colores verde, blanco y rojo de las telas y otros materiales dominan la escena donde reinan las banderas, las cornetas de plástico, y los tambores de madera que si bien son de un tamaño pequeño son capaces de producir un ruido ensordecedor, este año hay productos novedosos, como el balón mundialista, con sombrero, bigotes y zarape.

El puesto ambulante del entrevistado es uno de los 70 a los que el gobierno local permitió adquirir el permiso para vender en la vía pública. Ocupan la Avenida Juárez a lo largo de la Alameda Central y el corredor peatonal de Madero, y calles aledañas como 5 de Mayo, 16 de Septiembre y 5 de Febrero, entre otras vialidades, muy cerca unos de los otros.

Luis se dedica a cortar las telas con las que sus tíos cosen banderas, muñecos y muñecas, y otros artículos como los “chiles mexicanos” también dotados de accesorios propios de la cultura y la vestimenta tradicional mexicana. “Ojalá las ventas nos permitan recuperar costos y obtener una ganancia, aunque sea modesta”, dijo a la vez que suspiraba hondo.

Su reflexión obedeció a que en años anteriores los permisos para vender tenían vigencia desde los últimos días de agosto. “Nos redujeron casi una semana de venta, lo que bien se puede transformar en un notorio descenso en los ingresos”, lamentó el artesano, quien a lo largo del año también se dedica al comercio de fruta, al lado de su familia mexiquense.

La ventaja que considera es que en el Centro Histórico transita gente con aceptable poder adquisitivo, como ejecutivos de bancos y empresas textiles, funcionarios y empleados de gobierno, y trabajadores de los comercios de la zona. “La desventaja es que en estos días hay mucha lluvia y viento, lo que mancha, rompe y echa a perder la mercancía”, añadió.

Lo que más y mejor vende son banderas. Las tiene de todos tamaños y para todos los usos: para colocar en la azotea con vista a la calle, en las ventanas, en la fachada de los inmuebles, en los automóviles y hasta en la cabeza. La más grande (3 X 1.80 metros) la vende en 380 pesos, mientras que la más pequeña (25 X 18 centímetros) en 20 pesos.

Los carritos hechos con palma adornan el corredor peatonal de la Avenida Madero de la CDMX. (Fotografías, Graciela Nájera Sánchez)

Los principales compradores, explicó, son las personas mayores y los adultos de mediana edad si es que son padres de familia. También los dueños de negocios, para adornar sus escaparates. Los 70 puestos con permiso ofrecen productos ciento por ciento hechos en México, aunque en algunas tiendas se comercian banderas de México hechas en China.

A diferencia de las mexicanas, las chinas están confeccionadas con tela más delgada y de menor calidad, se despintan de manera rápida y con cualquier cosa se manchan. Eso para Luis Rojas ese no es problema, porque, dice, “la gente sabe distinguir entre unas y otras, y en lugar de ahorrarse unos pesos, prefiere las nacionales que son bastante mejores.

Consecuentemente, exhortó a los mexicanos a comprar lo hecho en México, “para apoyar la economía local y celebrar con dignidad y verdadero patriotismo la Independencia de este país, que durante tres siglos estuvo bajo el dominio español, hasta que el cura Miguel Hidalgo y un grupo de valientes nos dieron libertad y soberanía”, ilustró el entrevistado.