LOS NIÑOS HÉROES Y CHAPULTEPEC

Un episodio histórico lleno de simbolismo da inicio a la festiva época de fin de año

Cuando los niños pequeños dan sus primeros pasos dentro de la educación básica, una de las primeras lecciones cívicas y pro nacionalistas que reciben proviene del episodio suscitado el 13 de septiembre de 1847 en el llamado Castillo de Chapultepec de la Ciudad de México, cuando las tropas estadounidenses tomaron el inmueble y dieron fin así a la guerra después de la cual México terminaría perdiendo más de 2 millones de kilómetros cuadrados.

Y es que, ¿a quién no conmueve la historia de los infantes que ofrendaron su vida en defensa de la Patria? Saber que un grupo de adolescentes decidieron luchar contra un ejército notablemente superior, en una guerra prácticamente perdida, mueve, queramos o no, algún sentimiento. El gobierno emanado de la Revolución Mexicana, preocupado por fomentar el nacionalismo, le puso tanto empeño al asunto que se permitió algunas licencias no solo narrativas, sino históricas. El fin justificaba los medios.

Imagen y poema referentes a Juan Escutia, en el libro de texto de Historia para el cuarto grado generación 1962.

Posteriormente, ha habido revisiones a ese suceso, cuestionando ciertos episodios. Particularmente, el relato de que un cadete llamado Juan Escutia se arrojó desde la atalaya del Castillo, envuelto en la Bandera nacional, para evitar que cayera en manos enemigas, ha sido pasado, una y otra vez, por el cedazo de la prueba… y no lo ha pasado, mas se mantiene como símbolo de resistencia y defensa del territorio.

Panorama del Castillo de Chapultepec en 1890.

Sin embargo, la imagen es poderosa. Los antiguos libros “de la Patria” exaltaban no solo el acontecimiento, sino las esculturas conmemorativas y el mismo Bosque de Chapultepec. El llamado “Altar a la Patria”, situado en el acceso al inmenso parque conocido como Puerta de los Leones, obra de Ernesto Tamariz y Enrique Aragón Echegaray levantada entre 1847 y 1952, está dedicado a todos los combatientes que murieron en la Intervención estadounidense, pero como muestra seis columnas de mármol, es mejor conocido como “Monumento a los Niños Héroes”. Ciertamente, resguarda los restos de la media docena de personas que el Ejército Mexicano identificó como los de los cadetes sacrificados, sin verdadero rigor histórico, pero también se encuentran allí los del general Felipe Santiago Tetlalmatzin Saldaña.

El Altar a la Patria en el libro de texto de Historia para el tercer grado, 1962-1972.

Toda ciudad que se precie tiene una escultura dedicada a los heroicos adolescentes. En Guanajuato capital no existe como tal una escultura, pero sí una especie de escenario conocido como Estrado de los Niños Héroes, en las inmediaciones de la Presa de la Olla, que suele usarse para presentaciones musicales y donde cada 13 de septiembre se coloca una corona de flores en honor a los caídos.

Por su lado, la representación de Chapultepec, con el lago en primera instancia y el Castillo en segundo plano, sobre el “Cerro del Chapulín”, es una de las imágenes más presentes en la memoria histórica nacional. Las antiguas lecciones remachaban además que allí mismo se encontraba el Museo Nacional de Antropología (MNA), con su magnífica colección de cerámica, escultura y arte prehispánicos, así que una de las excursiones académicas más socorridas en la tradición escolar mexicana es una visita a ese espacio, sin que importe la lejanía.

Panorámica del Bosque de Chapultepec. En contraste, el Estrado de los Niños Héroes en la Ciudad de Guanajuato.

Los guanajuatenses, además, se encuentran con el plus de admirar la columna del enorme paraguas que adorna el patio del gran edificio que alberga el MNA, obra de dos paisanos: los hermanos José y Tomás Chávez Morado, distinguidos silaoenses que hicieron de arte su modus vivendi. Los otros museos, las fuentes, las estatuas, las extensas áreas verdes y el famoso zoológico hacen de Chapultepec, para muchos, un sitio digno de conocer, recorrer y admirar.

El paraguas del Museo Nacional de Antropología, obra de José y Tomás Chávez Morado, y abajo, el Dios Murciélago de la Sala Oaxaca. En seguida, imagen clásica del lago y el Castillo de Chapultepec en el libro de Historia de tercer grado, generación 1962.

Por otra parte, con las ceremonias conmemorativas del 13 de septiembre, Día de los Niños Héroes, comienzan las conmemoraciones patrias que cubren gran parte del mes de septiembre, y además inicia la larga época de festejos que ocupa el último cuarto del año e incluye el Día de Muertos, las celebraciones decembrinas, la Navidad y el Año Nuevo, extendiéndose más allá, gracias al siempre esperado “puente Guadalupe-Reyes”. Como quien dice, el pistoletazo de salida a esa orgiástica temporada está a punto de ser disparado.