POEMAS QUE ARREBATAN EL ALMA
Del bardo español Carlos Pardo (Madrid, 1975), autor de los poemarios El invernadero, Desvelo sin paisaje, Echado a perder, Los allanadores y, recién salido de prensas, La comedia de la carne, éste último ya se encuentra en las mesas de novedades de las principales librerías del país.
Autor de largo aliento, su poesía se ha recogido en las antologías Hacer pie. Poemas reunidos, en Chile, y El animal ha llegado a una edad, en México. Con el mismo éxito ha publicado las novelas Vida de Pablo (2011), El viaje a pie de Johann Sebastian (2014) y Lejos de Kakania (2019).
En la obra se puede apreciar que las concepciones inconstantes de amor, el poco aprecio actual hacia el romanticismo, las entretelas del deseo, y la autoestima, son interrogantes que La comedia de la carne formula a partir de las profundas cuestiones afectivas del mundo contemporáneo.
El autor hace esas preguntas, ¿pero a quién? En primer lugar, a su pareja, al menos esa impresión tiene el lector ordenado, pero también es una voz que se pregunta a sí misma. Y por supuesto a todos los amantes de la poesía y de la vida. Es una voz que se escucha hasta alcanzar una conversación casi convencional.
La carne de estos poemas, perfectamente estructurados, se enamora y padece, desea y traiciona, miente y se deja engañar. Es una carne que convive con su desaparición, no sólo de su muerte en un sentido personal, sino de la destrucción de una biosfera, de un mundo habitable y del tiempo presente.
“Por decirlo de una manera un tanto retorcida, esta poesía, quizá la poesía en general, incluso en sus momentos desolados, parece condenada al optimismo”, dicen los editores, con razón, porque se trata de la obra más ambiciosa, triste y bromista de uno de los poetas más aclamados de la nueva poesía española.
El poemario resulta lírico y moralista, con poemas breves y sencillos o largas aventuras narrativas en verso. La comedia de la carne es una voz erudita y llena de vida, siempre atenta a lo que pasa desapercibido al lector. En equisgente ofrecemos algunos poemas del nuevo libro de Carlos Pardo, con rigurosa y amable anuencia de la casa editorial.

NOS ESPECIALIZAMOS
Nos especializamos
en perspectivas,
en el punto de fuga
de los tejados hacia el este,
y en el ahondarse imaginario de
los grises, los amarillos.
En la luz de la tarde,
ese milagro del verano
tardío.
Y en el nublado del amanecer.
Y nos pusimos al servicio del nervio de los pájaros,
entre el mundo de la acción y del descanso.
Nos inclinamos por las cosas
que se muestran a solas,
la calle curva, un mirlo,
las metáforas
privadas para un río,
los blancos discretos.
PRIMER AÑO
Una cosa
que prefiero
es su alegría
en la playa.
Salgo detrás,
una pequeña mancha al fondo
de la foto para la familia.
Soy el protagonista de la imagen
para quien quiera entender.
Y después
nuestro primer baño:
entre rocas, febrero, desnudos, dos mirones
sobre un tejado en obras.
Allá donde otros sangran
al entrar, encontramos
un camino intuitivo
entre lascas y ostiones.
Pisamos lo blando.
Está donde merece,
por fin se lo cree,
y está como ausente.
Y vi la espada
flamígera de su alegría
cortando la cabeza de su madre.
HÁBITO
Avanzada la noche cada uno
tonteaba por su lado.
No queríamos
competir entre nosotros
ni padecer los celos de las parejas.
Uno llamaba al otro
casi al amanecer:
me he hartado de fulano yo también
de lo mío y dormíamos
juntos sin atrevernos
a planear esta alegría.
YO PREFERÍA SU ALEGRÍA
Ella empezó a sentir
nuestro amor a distancia
como un sacrificio
y a poner pruebas.
Si yo no me quedaba una hora más,
si yo cruzaba la puerta sin mirarla,
si yo no le decía no te vayas.
Sus gestos eran una ceremonia
privada: tres cigarros,
dos más,
la voz en vilo.
Al llevarme a la estación
me habló de su dolor:
es hermoso este dolor
es una prueba de lo que te quiero.
Yo prefería su alegría.
En nuestra vieja casa
ensimismada amándose
en su dolor por mí.

