OCTAVIANO OBREGÓN Y GÓMEZ: EL NOBLE Y ADINERADO LEONÉS QUE FUE PROMETIDO DE LEONA VICARIO

El 22 de marzo de 1782 nació en la ciudad de León, en la Nueva España, un niño que llevaría por nombre Octaviano Obregón y Gómez, que llegaría a ser militar, minero y abogado novohispano; que fue Oidor honorario de la Real Audiencia de México tras ser elegido en 1810 diputado en representación de la provincia de Guanajuato a las Cortes de Cádiz.

El 10 de abril de 1789 en la ciudad de México, capital de la Nueva España, nació una niña a la que llamarían María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador. Fue hija única del segundo matrimonio de su padre, don Gaspar Martín Vicario, español procedente de Castilla la Vieja que, afincado en la Nueva España, se dedicó al comercio, logrando al final de su vida un éxito poco común. Su madre, doña Camila Fernández de San Salvador, provenía de una familia de pocos recursos afincada en Toluca. Leona tuvo dos medias hermanas: Brígida, que profesó en un convento en España, y María Luisa, que se casó con don Antonio Guadalupe Vivanco, marqués del mismo nombre.

Octaviano y Leona fueron comprometidos en matrimonio, ambos creían en una Nueva España autónoma: él tomó el camino del liberalismo moderado; ella se sumó a la causa armada que culminaría con la independencia.

En una imagen que recupera el hecho, se aprecia a Leona Vicario y a Octaviano Obregón y Gómez.

Una Leona muy leona

Señala la historiadora Celia del Palacio Montiel, experta tanto en historia de la prensa como en el papel de las mujeres en la revolución de Independencia, que Leona recibió una educación esmerada, que excedió con mucho a los parámetros de la época. En su biblioteca había libros que mostraban adelantos científicos, obras filosóficas y literarias, además de los libros de oraciones.  Dominaba el francés y figuró entre sus maestros el pintor Tirado. Leona dibujaba y pintaba con “mano hábil”, pero sin desatender los cuidados y arreglos de su casa, como correspondía al modelo de mujer de su tiempo. En suma: cultivó las Bellas Artes, literatura, dibujo y pintura; canto, historia; lectora de autores mexicanos, españoles, alemanes, ingleses y franceses que le dieron una sólida cultura.

La investigadora Marina Arrón señala que de 1802 a 1803, de cada cien mujeres, 20 no sabían leer; el 1827, en la misma proporción 17 eran analfabetas y de 1853 a 1855, 13 carecían de enseñanza. Entonces, la educación sólo era para hombres.

Octaviano Obregón y Gómez era hijo de Rosalía Gómez Gaona y de Ignacio Obregón, procurador general de la Nueva España, a su vez hijo ilegítimo de Antonio Obregón y Alcocer, conde de La Valenciana. Por su origen, pertenecía a una importante y rica familia, un representante de la oligarquía propietaria de minas. 

Noviazgo y compromiso

El joven Octaviano realizó estudios de Latín, Retórica y tres años de Filosofía en el Seminario de Guadalajara, donde se graduó en 1799 como bachiller en Artes. Siguió sus estudios en la Real y Pontificia Universidad de México y se tituló como bachiller en Cánones, en 1803, y en Leyes en 1804. En 1807 ingresó en el Ilustre y Real Colegio de Abogados de México. Fue entonces que solicitó el permiso de sus padres para cortejar oficialmente a Leona, con el consentimiento de la muchacha, quien encontraba al sobrino del conde de la Valenciana y propietario de varias minas en el Real de Catorce, muy de su agrado. En compañía de Octaviano y su hermana Luz Obregón, Leona llevó su vida adolescente, pero quedó huérfana en 1807. Sin embargo, antes de morir su madre, se firmaron las capitulaciones matrimoniales.

El historiador Genaro García, describe que Leona, a la edad de 18 años, cuando quedó huérfana, “era de estatura regular, robusta y bien formada; movimientos graciosos; rostro lleno, afable, sonrosado; frente ancha, alta y vertical; cejas muy delgadas, ojos grandes, negros, de mirar sonriente”. La joven quedó al cuidado de su tío y padrino don Agustín Pomposo, un hombre de ideas conservadoras, y abogado de la Real Audiencia y del Virrey y también partidario del matrimonio con el leonés.

Todo pintaba para boda entre la culta, hermosa y adinerada mexicana y el no tan atractivo, pero interesante y acaudalado joven leonés, sólo que las circunstancias políticas de su momento los llevarían a otro destino.

Detalle del documento donde se da el nombramiento de Octaviano Obregón como Diputado. (Fotografía del acta tomada de Portal de Archivos Españoles —PARES—, https://pares.cultura.gob.es/inicio.html)

Por culpa de Pepe Botella

Octaviano y su padre don Ignacio eran cercanos al virrey José Joaquín Vicente de Iturrigaray y Aróstegui de Gaínza y Larrea. Era un círculo cerrado donde pasaban cosas.

La crónica escandalosa de la época señalaba a don Ignacio como amante de doña María Inés Jáuregui, esposa del Virrey. Era secreto a voces que don Ignacio había gastado muy fuertes sumas de dinero en obsequios a la virreina, que era algo muy común como una de las estrategias para conseguir favores políticos o económicos. En este caso se hablaba de otro tipo de favores.

En ese contexto vivían los Obregón cuando llegó a la Nueva España la noticia de la invasión de España por las tropas francesas y de la prisión del rey Fernando VII en 1808; secundaron el plan de fray Melchor de Talamantes, Francisco Primo de Verdad y Juan Francisco de Azcárate a fin de que la soberanía regresara al pueblo y el virrey Iturrigaray encabezara un gobierno autónomo. Cuando el virrey fue encarcelado tras el golpe de Gabriel del Yermo, el suegro de Leona se vio herido y luego muerto en su casa de Guanajuato, mientras que Octaviano Obregón, a pesar del compromiso matrimonial firmado con la madre de Leona, tuvo que irse a España —junto con su hermano Ventura—, pues como simpatizante del movimiento libertario, iba a ser detenido. Aunque luego regresó, la boda se canceló. 

A fines de 1808 Leona, de 19 años, era una rica heredera (la fortuna de su padre ascendía a más de cien mil pesos), acababa de mudarse a una casa espaciosa en la calle de don Juan Manuel, donde vivía con su tío y apoderado don Agustín Pomposo Fernández de San Salvador y su numerosa familia, en alas separadas, pero conservaba a la vez su independencia. 

Pese a la ruptura entre Leona y Octaviano, ella recordaba la buena armonía de las relaciones y hay crónicas que señalan que la chica guardaba un retrato de su prometido, otro del coronel Obregón y otro de la hija de éste, doña María de la Luz Obregón, los dos primeros hechos en cera y encerrados en relicarios de oro, y el último pintado por la misma Leona y puesto también en relicario de oro. De ese amor quedaron numerosas cartas y papeles de los Obregón, que Leona conservaba y de los que se sabe por versiones posteriores.

Don Agustín era abogado y gozaba de una excelente reputación en el gobierno virreinal. Había sido dos veces rector de la Universidad y publicó varios opúsculos a favor de Fernando VII y contra el movimiento insurgente.

En contraparte, explica Celia del Palacio Montiel, Leona era partidaria de la autonomía de la Nueva España. Influenciada por los Obregón, comenzó a frecuentar a los Guadalupes, un grupo de personas de todas clases sociales que favorecía la autonomía y que estaba en contacto con otros conspiradores en Valladolid, San Miguel el Grande y Querétaro.

Octaviano Obregón, diputado

Un texto publicado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), señala que Octaviano Obregón estaba en la península cuando fue nombrado, el 8 de marzo de 1810, Oidor honorario de esa misma Audiencia, ascendiendo, ocho días más tarde, a Oidor supernumerario. En agosto fue electo diputado suplente en representación de la Nueva España, representando a la provincia de Guanajuato en las Extraordinarias Cortes Generales de Cádiz. Con tal carácter asistió a la instalación de las Cortes, verificada en la Real Isla de León (España), el 24 del siguiente mes.

Participó en varias comisiones y fue un combativo legislador que denunció corruptelas. Su nombre vuelve a aparecer entre los signatarios de la Constitución Política de la Monarquía, promulgada el 19 de marzo de 1812. Hasta mayo de 1813 la jurisdicción de las Cortes de Cádiz se limitó a la propia ciudad. Su dominio se extendió conforme retrocedieron los franceses. El 11 de diciembre de 1813, Fernando VII fue restablecido en el trono por Napoleón. Regresó a España en marzo de 1814. Las Cortes se iban a reunir por primera vez en Madrid, pero el rey se opuso y con apoyo de militares, la oligarquía económica peninsular y la connivencia de casi un centenar de diputados absolutistas que reclamaron en un texto conocido como el Manifiesto de los Persas la supresión de las Cortes y el retorno al Antiguo Régimen. El 4 de mayo de 1814 Fernando VII suspendió la Constitución, disolvió las Cortes, derogó su obra legislativa y persiguió a los liberales, que fueron encarcelados o hubieron de partir hacia el exilio.

Los desenlaces

Luego de la ruptura, al despacho de Don Agustín Pomposo llegó Andrés Quintana Roo. Leona se olvidó del leonés que prefirió la política a su compromiso matrimonial y se enamoró perdidamente del nuevo pretendiente para junto con él empezar su etapa de integrante del movimiento que daría lugar a la Independencia de la Nueva España: se casó con Andrés el 6 de noviembre de 1813 (mientras que Octaviano enfrentaba el inminente fin de las Cortes de Cádiz), financió la lucha armada, fue encarcelada y una vez que se instaurara la primera república en 1824, se le liberó y regresaron sus bienes. Se convirtió en una figura emblemática de la lucha por la independencia, el liberalismo y las causas feministas y es considerada la primera mujer en ejercer periodismo en el México independiente.

Leona Vicario falleció el 21 de agosto de 1842. Su cuerpo fue velado en la iglesia de Santo Domingo. Tuvo funerales de Estado decretados por el presidente Antonio López de Santa Anna y fue declarada “Madre Benemérita de la Patria”.

Cortes de Cádiz. Pintura de Salvador Viniegra (1862–1915). Dominio Público. (Imagen tomada de: https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Cortes_de_cadiz.jpg)

La historiografía sigue la pista de Octaviano Obregón y Gómez hasta la disolución de las Cortes de Cádiz. Todo indica que regresó a León en 1814 y se presume falleció un año después. Los Obregón siguieron siendo una familia notable en el México Independiente, pero el liberalismo de Octaviano y su padre quedó atrás y se les ha reconocido como una de las familias de abolengo, pero muy conservadora, hasta la emergencia del León industrial de mediados del siglo XX. La sarcástica frase popular de “¿Y qué van a decir los Obregón?” los describe de cuerpo entero.