ENTRE MIRADAS ASESINAS, ENAMORADAS Y CONMOVEDORAS, LA MISIÓN DE PRESERVAR LA VISIÓN: EL DOCTOR JESÚS COLMENARES
Los ojos, la mirada, han sido desde siempre uno de los motivos más poderosos para inspirar a los poetas. Como sucede con el célebre poema de Gutierre de Cetina, dedicado a la condesa Laura Gonzaga, que todos en alguna ocasión hemos escuchado, leído o encontrado en las páginas de un libro: Ojos claros, serenos, ya que así me miráis, miradme al menos.
Los ojos inspiran, enamoran, conmueven; a veces comunican sin necesidad de palabras, y hay quien asegura que en ellos habita la esencia del alma.
Tener la capacidad y la salud para disfrutar las maravillas del mundo y de la vida sin complicaciones es una gran bendición. Con ellos captamos la luz y reconocemos lo que nos rodea, más allá de su color, de su belleza o de su expresividad.
Pero, ¿y si el sentido de la vista comienza a fallar? ¿Y si sucede que empiezan a apagarse, a nublarse y nos quedamos a merced de la oscuridad?

En Guanajuato vive un médico joven cuya misión es impedir que eso suceda. Su nombre es Jesús Colmenares, oftalmólogo, que ha salvado de la ceguera a decenas de pacientes víctimas de padecimientos como el glaucoma —su especialidad—, cataratas, retinopatías diabéticas y carnosidades.
Sabemos que la medicina, a pesar de la vocación, la entrega y el sacrificio que requiere, es una carrera con gran demanda, a la que pocos aspirantes pueden acceder. Los lugares en las universidades son escasos, y de ellos, solo un porcentaje logrará graduarse, especializarse y ejercer. Para el doctor Colmenares, nada de esto ha sido un obstáculo.
Su historia comienza mucho antes de los títulos y los reconocimientos. Cuando tenía apenas nueve años, percibió la falta de empatía de algunos médicos y la carencia de conocimientos para otorgar un servicio de calidad a los pacientes. En ese momento, siendo un niño, decidió su destino.
“Siempre he sido una persona comprometida con el estudio, la búsqueda y aplicación del conocimiento, no solo en medicina, sino en todos los ámbitos. Creo que es muy importante crecer manteniendo firmes los valores sin importar las circunstancias, y con un sentido de ética que prevalezca en todo momento. Todo ello, elementos indispensables en el actuar de un médico. Siempre le ha dado un sentido a mi existencia el sembrar algo positivo en las personas”.
Ese fue el primer paso de un largo camino de formación en la Escuela Superior de Medicina del IPN. Un camino que se convirtió en su realidad cotidiana: los médicos jamás dejan de estudiar, porque velar por la salud de un ser humano es un reto en sí mismo. Aunque el cuerpo humano es una maquinaria perfecta, cada paciente es distinto, y lo que funciona en uno puede no ser adecuado en otro. La ciencia avanza, la tecnología también, y el compromiso del médico es aprender toda la vida. Fue así, entre libros, prácticas e investigaciones, que Jesús Colmenares encontró su pasión: la salud ocular.
“Decidí estudiar Oftalmología porque es una rama de la medicina que combina conocimiento clínico, quirúrgico y tecnológico. Me pareció una especialidad muy equilibrada. Por otro lado, considero que la visión es el sentido más importante; preservarla es trascendental, ya que constituye una de nuestras principales ventanas al mundo exterior. Cursé la especialidad en Oftalmología en la UNAM, decantándome por la alta especialidad en Glaucoma en el Instituto de Oftalmología Conde de Valenciana2.
Desde entonces, y hasta la fecha, ha ejercido su profesión en la Ciudad de México, León, Salamanca y ahora también en Guanajuato capital.
“Ayudar por medio de mi carrera es parte importante de lo que le da sentido a mi existencia; por eso, mi compromiso como oftalmólogo es mayor, ya que, al ejercer de forma noble mi profesión, busco al mismo tiempo dejar una huella y crecer como ser humano. Así que, trabajar en el área de la Oftalmología significa mucho para mí”.
Gracias a los oftalmólogos, las personas con afecciones consideradas de riesgo para su vista pueden continuar realizando sus actividades cotidianas, mejorar su interacción con el entorno y mantener su independencia.
“Si bien no es una especialidad que en general salve vidas, sí salva calidad de vida, lo que desde mi perspectiva es igual de importante. La visión es un pilar fundamental, sobre todo en aquellas personas cuya baja visión o ceguera es adquirida a lo largo de su existencia. En muchas ocasiones damos por hecho que nuestros sentidos están bien y que nada nos va a pasar, y ese error puede llevarnos a consecuencias desastrosas a largo plazo. Prevenir, rehabilitar y, en caso de no lograrlo, reeducar al resto de los sentidos debe ser la labor de un oftalmólogo”.
En este camino, el doctor Colmenares no solo ha recibido reconocimientos como la Medalla CENEVAL o el Premio al Desempeño de Excelencia – EGEL 2012, sino que también ha coleccionado experiencias personales que lo han nutrido con aprendizajes y satisfacciones.
“Las experiencias emotivas son parte de la vida diaria, tanto buenas como malas. Trabajar en el área de la salud, independientemente de la especialidad, implica vivir de cerca los momentos más vulnerables de un ser humano, y estar ahí como responsable de aliviar esos momentos lleva implícita una carga emotiva fuerte. Siempre que veo a un paciente recuperado es muy significativo para mí”.
Parte de los grandes retos que enfrenta no provienen tanto de los pacientes, sino de quienes ejercen sin vocación, ética o preparación suficiente.
“El reto más importante es la desinformación, la charlatanería, la falta de empatía y la falta de ética de muchas personas. Este conjunto solo ha logrado que enfermedades prevenibles o que pueden recibir tratamiento oportuno avancen a estadios muy severos y, en muchas ocasiones, irreversibles. En México, la retinopatía diabética y el glaucoma son dos de las enfermedades más devastadoras a pesar de ser potencialmente controlables únicamente con buena educación, tratamiento y seguimiento oportunos”.
La medicina ha sido, desde los inicios de la humanidad, la más noble de las profesiones: la que requiere más esfuerzo, sacrificio y voluntad. En cada crisis y en cada emergencia, doctores y enfermeras se convierten en héroes silenciosos que entregan su tiempo y su vida por los demás.

“Me siento agradecido. El ser humano debe buscar un sentido para su vida, y el mío es ayudar a mantener la calidad de vida de otras personas a través del cuidado de su visión. He aprendido a no dar nada por hecho y a disfrutar y agradecer porque mi salud me permite aún compartir valiosos momentos con mis seres queridos”.
Cuando se le pregunta por algún paciente que recuerde de manera especial, su respuesta es inmediata y reveladora: “Mi madre es un libro de Oftalmología andante. Atenderla es un reto a todos los niveles”.
El doctor Jesús Colmenares también está certificado por el Consejo Mexicano de Oftalmología y es miembro de la Sociedad Mexicana de Oftalmología. Actualmente tiene su consultorio en el Centro Médico La Presa, es posible consultar su trayectoria y especialidades a través de su página web: oftalmoguanajuato-colmenares.com.
Porque al final, más allá de los títulos, las certificaciones o los reconocimientos, lo que lo distingue es la convicción con la que mira a sus pacientes: cada ojo atendido es un poema recuperado, cada vida iluminada es una forma de devolver la luz al mundo.

